Maximo
Un hombre que camina con el alma hecha trizas con los ojos enrojecidos por el llanto y la lucha interna, mi respiración es como cada palabra que ella dice, siento como me arranca el aire de la manera más cruda que jamás imaginé de parte de ella.
No puedo sostenerle la mirada, pero tampoco puedo apartarla por la culpa que me carcome y la necesidad de que me escuche, estoy atrapado en un bucle sin fin de recuerdos que me destrozan.
Mi mente es un caos, las palabras no salen bien como yo quisiera, solo balbuceo y me contradigo enredado en el remordimiento. Cada intento de acercarme a ella es torpe y desesperado como si buscará aferrarme a algo que ya no está.
Mi corazón va más rápido que mi razón.
Escuchar esas palabras dolieron, me rompieron, escucharla decir que ahora es su turno de reírse me dejan quieto como si fueran un disparo silencioso hacia mi, me destrozan por qué me quieren hacer entender que con ella...
No hay vuelta atrás, que ella ha sanado lo suficiente como para que no necesite nada de mí, y eso me destroza más que cualquier grito.
El poder que alguna vez tuve sobre ella— si es que lo hice— ya no me pertenece a mi, estoy dolido por el rechazo y el eco de mi propio fracaso, no hay castigo más cruel que verla tan segura de una vida sin mi. Ya no me quiere, Miko ya no lo hace.
Decir que era mi esposa fue lo más fácil que pude hacer para sacarla de ese horrendo lugar al que no pertenece, yo no hice esa denuncia, ni sabía que había pasado cuando un oficial de policía llego a mi casa y dejo a mi hijo el cual estaba apagado.
Siento que Mike me odia, el no quiere creer que yo no hice eso, se lo he jurado pero el no me cree, nadie lo hace, ni Miko o el quieren hacerlo. Solo quiero que me escuchen, que me dejen explicar y me crean cuando les digo eso.
¿Así fue como se sintio ella?
Esto es terrible, mis pasos son cortos casi que arrastrandos, no me atrevo a acercarme ni un poco pero tampoco puedo quedarme lejos, hace rato aclare todo lo sucedido y quise hablar con ella pero Miko se negó y prefirió ignorarme.
Ella sonaba tan segura de si misma, tan convencida de lo que decía que por un momento se sintió real, sentía como me estaba ahogando en un mar de penurias y un torbellino de emociónes negativas.
Parezco un niño que ha roto algo y no sabe si lo vayan a perdónar, pero lo que rompí no fue cualquier cosa, fue a una persona, la más valiosa en mi vida y de la cula me han hecho sufrir injustamente.
Me llevo la mano al pecho, luego al cuello, luego las entrelazo por detrás de la espalda, aveces me las paso por el cabello como si pudiera deshacerme de ese pensamiento que no suelto.
No soy capaz de sostenerle los ojos a Miko por más de unos segundos, me duele verlos tan ajenos a mi que no se me es posible ser claro, si no es al suelo es a la pared pero esquivo su mirada como si estuviera esquivando un juicio del cual saldría culpable.
Inhaló por la nariz y exhaló por la boca tratando de calmarme, continúo fuera de la comisaría esperando a que ella salga, no puedo despegar mis pensamientos de ella y la angustia que tengo por si algo vuelve a pasar.
— No fui yo, no fui yo.—Me obligó a repetir apretando en volante con fuerza.
Las palabras se me escapan a medias, no puedo controlarlas, no puedo controlar nada en mi. Aveces me quedo callado esperando que ella diga algo, cualquier cosa, pero cuando lo hace es para sentir cientos de cuchillas clavarse en mi pecho.
Siento esas heridas sangrar más no lo hacen, pero internamente siento todo en mi colapsar.
Volteo la vista hacia la entrada de la estación donde mi mujer está esperando a ser recogida por vaya a saber yo quien, ¿que hice mal, maldita sea? ¿que fue lo que hice para merecer este tormento?
Tenerla tan cerca pero lejos es una tortura que no planea parar, todo en mi grita que la obligue a escucharme, que sea hipócrita por una vez en la vida y la haga oírme a las malas, ¿pero que sentido tendría si de todas maneras no me creerá?
Que la persona a quien más amas desconfíe de ti es indescriptible, me siento traicionado, denigrado y consternado por la crudeza de sus palabras y acciones.
Sin poder soportar más, salgo del auto y me dirigo a ella, Miko prevista mi llegada lo que ocasiona que quiera entrar a la comisaría, actuó sujetándola de la muñeca y obligándola a verme a los ojos.
— ¿ Porque no quieres...?
— No tengo ganas de perder el tiempo.—Dice sin mirarme.
— ¿Eso soy ahora? ¿Tiempo perdido? —Me acerco un paso inseguro con la voz temblando.
— No, eres un error, y los errores con el tiempo se superan.— Musita en mi rostro sin emoción alguna.
— ¿Así de facil? ¿Después de todo?—Rio seco, incredulo de lo que oigo.
Esto me desarma.
Me hiere.
Me mata en vida.
— Después de todo lo que hiciste si, así de facil.—Afirma ella huyendome.
— No me mires como si fuera un mueble viejo que te estorba—alzo la voz un poco empezando a quebrarse.