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Miko

Me lleva, la noche anterior fue una auténtica locura donde me arrestaron por culpa de esa cucaracha, mi hermana tenía razón cuando me advirtió lo de que el seguramente se traía algo entre manos, y vaya que si.

Lo único que lamento fueron los llantos de mi hijo y lo que debe sentir ante la maldad de su padre, quisiera ver a Mikey, decirle que ya estoy bien pero está claro que no puedo acercarme. Y ese mal nacido acaba de mancharme el expediente con algo que me resta ventaja.

Infeliz, te tienes merecido cualquier cosa que se te devuelva por más cruel que sea.

Verlo tan vulnerable, roto, aguantando lágrimas mientras que yo no lo hice, por fin. Durante tanto tiempo fui yo la que se deshacía, la que suplicaba, la que se tragaba las palabras para no ser igual, la que se despertaba preguntándose que había hecho mal.

Ahora solo mirenme, de pie, entera, no está en mi naturaleza humillar a otros o despreciarlos, siempre me mantuve a raya cuidando lo que decía y lo que mostraba, pero ahora eso cambio.

Esto ya no es solo venganza, es equilibrio.

No lo humille, lo mío fue devolverle un espejo, le dije una de tantas verdades que el me negó mientras me hacía sentir invisible y miserable.

Cuando ví su rostro—ese gesto de no entender como se le escapó el control— sentí algo que no es odioso, alivio. Me siento bien, no feliz, no eufórica, bien. Cómo cuando respiras hondo y el aire ya no te duele después de una ventisca helada.

Solo necesitaba saber que podía verlo a los ojos y no temblar para poder sentirme así, que podía decírle: “ya no te necesito” de una manera distinta a la que el uso conmigo, una más sería y serena, perfecta para hablar como si no me interesara lo que el sienta por mi o no.

Se merece eso y más.

Mi hermana llego justo a tiempo como siempre, ella le dijo lo que yo no tenía ganas de repetir, cuando lo ví desde la distancia parado con los ojos humedecidos, no senti culpa, no senti pena, sentí espacio, paz, silencio.

No soy cruel, solo estoy cansada.

Cansada de lo injusta que es la vida con algunos, cansada de que me tomen como una fácil, cansada de tener que mantener la percepción que otros tienen de mi. Incluso la persona más gentil y tranquila, tiene un límite y cruzarlo significa ser real.

No me duele el pecho ni la memoria, recuerdo su cara, la forma en la que se deshizo, la forma en la que súplica sin saber que ya no tiene a quien suplicarle.

No me siento cruel, me siento limpia.

Limpia y en paz, como si por fin hubiera devuelto uno de esos tantos fragmentos que me estaba carcomiendo desde dentro junto a mis recuerdos. Le dije una sola verdad, una de tantas, y aún así se quebró como si le hubiera arrojado una piedra al alma.

¿Asi se sintió el cuando me despreciaba? ¿Cuando me hacía sentir miserable? No lo sé, no me importa saberlo.

Cuando estaba en la cocina con Mai no hablamos muchos de la noche anterior, no necesitabamos hacerlo para entendernos. Ella estaba ahí con su lealtad feroz y me hizo la única pregunta de si estaba bien.

Por primera vez en años...no menti.

Por primera vez en mucho tiempo pude ser honesta, sentír que lo estaba, ese “bien” al fin pudo salir de verdad. Con mi familia—Mai, Jen, y los demas—, la mañana fue más liviana.

No sé si el volverá a buscarme, que ni lo piense, pero ya lo vio, no va a encontrar a esa mujer que se quebraba fácil y era mas propensa a su opinión. Esa mujer, que lo espero y justifico, esa que creyó que había hecho algo mal. No existe.

No soy ella, y ella no soy yo.

No había ni terminado de estacionar mi auto cuando escucho flashes, murmullos que se inflan y un mal presentimiento abarca la mitad de mi voluntad. El aire estaba distinto, más espeso de lo normal. Salgo de mi vehículo colocandome los lentes de sol solo para encontrarme una muralla de cámaras.

Hay no.

Periodistas con camaras y micrófonos acercándose a mi como si mi edificio se hubiera convertido en una escena de crimen. Ellos al notarme se acercaron con rapidez buscando la primicia, gritaban mi nombre no con respeto, con hambre de saber.

Respire hondo, escucho voces superpuestas, preguntas como piedras pesadas y todos ellos buscando obtener eso de mi.

— ¿Señora Dawson, es cierto de que usted fue arrastada anoche?—Pregunto uno irrumpiendo en mi espacio personal.

— ¿Que tiene que decir sobre la supuesta denuncia hacia su persona por sustraccion de menores?—otra se dirige a mi acercando el micrófono.

— ¿Es verdad que usted tiene una familia en malos términos?—Mi pecho sube y baja sin poder soportar lo asfixiante que está siendo esto.

Ese maldito diablo me las va pagar estás también, ¿no sé cansa de molestar? Es un hipócrita de piez a cabeza, si supieran quien es el en realidad sería mejor primicia que las mías.

— Prefiero guardarmelo.—Es lo único que me limito a decir mientras mis guardias van abriéndome paso para entrar.

— ¿Se encuentra bien, jefa?—Me preguntan los que están en recepción.




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