Miko
<< Estás idiota, di que me amas todo lo que quieras pero ni te atrevas a pensar que conmigo tienes oportunidad >>
No hay manera, no me vas a torcer de nuevo, no sé si fue el tono o las pausas antes de decirlo, pero cuando soltó el “o no los vuelves a ver”, algo dentro de mi se quebró feo.
No como antes, no cuando me ignoraba o se iba, no como cuando me hacía sentir que el aire que respiraba era un favor que el me concedia. Esto es distinto, fue un asco, puro, total, como si me hubiera tragado un puñado de clavos oxidados.
La calumnia de antes se encoge a medida que sigue hablando con charlatanerías que no me intimidan, parece no haber entendido mi mensaje, NO TIENE CHANCE. ¿Es tan difícil de entender? Para el es un si.
Conozco mi posición, mi deber y obligación, entre ellos no está el volver a ser su sirvienta, ni ser una muñeca más en la repisa que tiene de corazones rotos, cuando dejas que los ojos abran al corazón te das cuenta de los errores que no vuelves a cometer más nunca.
— ¿Tu te atreves?—pregunto con los ovarios bien puestos, no tambaleo, ni suplico.
Me dan ganas de reír, no de una risa alegre, no. Una risa hueca, rota, de esas que nacen cuando ya no queda más que desprecio,
El parpadea borrando esa cara de arrepentido, esa máscara que se ha puesto desde que se dió cuenta de lo real, de que he aprendido a vivir mejor sin el y que soy la versión mejorada de lo que el dejo ir fácilmente.
— No me pongas en esa posición, por favor—dice, con esa voz de mártir que usa para querer doblegar.
— ¿En qué posición? ¿La de volver con alguien que me rompió en pedazos y ahora me chantajea con mis propios hijos?
Maximo se queda callado, lo veo tragar saliva, lo veo buscar en mi cara a la chica joven que solía ceder por el, la que se tragaba las lágrimas por miedo a que los niños escucharán o la vieran llorar. La enterré el día que me ví al espejo y no me reconocí.
No reconocí a esa figura que siempre tuvo fé y confianza ciega en alguien más.
Que siempre puso su palabra antes de la suya propia creyendo que era preocupación por amor lo que el otro sentía cuando solo fue fingido.
Recuerdo esa noche, el baño cerrado, la puerta sin seguro pero yo sentada detrás de esta con las piernas recogidas y la frente apoyada en las rodillas, afuera oi su voz, su preocupación.
— ¿Está todo bien? Sal de ahí, por favor, sabes que no tengo nada de problemas si lo estás...
Yo no estaba feliz, pero si angustiada por lo que significaba la noticia, ¿esto está bien o está mal? ¿para mí condicion pasaría algo malo?
— Lo estoy —corte tomando valor para salir de aquel lugar—, está ves es peor, siento que el estómago me va a explotar.
— Tengo que llevarte al hospital, no podemos.
¿Así de facil era manipularme con unas simples palabras? Mostrando algo que no era verdad, que tal vez alguna vez lo fue pero se perdió y jamás se recuperó.
— Solo quiero que me escuches—dice en voz baja—, pero te niegas.
Claro, ¿cómo no hacerlo cuándo no se tomó ni el tiempo de darme el beneficio de la duda? Escuchar conlleva confiar, no me escucho a mi, y nada le asegura que yo lo haga con el.
Por desconfiado y cretino.
Mal hombre.
— ¿Cómo no? Estás mal de la cabeza y lo peor esque nisiquiera te das cuenta de lo repugnante que me suena, ni lo mucho que me gustaría gritarte tus cosas a la cara pero está no es mi casa y yo respeto el hogar ajeno así que me aguanto.
Me dan ganas de darle una bofetada que es lo que mejor se me da, tengo mano pesada para eso, me emociono de solo pensar en darle una fuerte del enfado.
— Además usar a mis hijos como moneda para tu juego de “redención” es caer en la infantilidad—añado en ímpetu.
El se resuelve frente a mi, mira hacia la ventana, hace ese gesto con la mandíbula, ese tic que me descolocaba porque solía aparecer cuando el de verdad estaba triste o sufríendo.
Yo cambié, estoy haciendo lo que debí haber hecho hace mucho.
Yo lo hice por mi, por ellos, porque merecen ver a su madre de pie y no arrastrándose por migajas de felicidad provinentes de un don nadie.
— Miko por favor —¿no sé cansa de arrastrar esas monótonas palabras?
— Yo ya elegí mi camino, y tú no estás en el.
No quiero que crezcan sin su padre, solo que van a crecer sin ver a su madre humillada y eso no es lo mismo, que Máximo lo haya visto es una cosa, pero que ellos lo deban ver es otra la cual no es opción.
Estúpida Emely, me duele el pie en el que me clavo un pedazo de cristal que se sacó de la nada, o tal vez si de alguna parte que no vi, da igual, en caso de que llegue a necesitar evidencias si es que esa señora no miente primero, las tengo.
Ahora soy más cuidadosa con lo que hago pero también tengo mis trucos bajo la manga y respaldos.
De haber sabido que se pondría así de idiota no habría accedido a venir con el, no, esque más idiota fui yo al aceptar, por el shock tal vez. Aún hay partes que me cuesta creer o que no entiendo a qué se refieren.