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Miko

¡Esto es un desastre!

¿Como he pasado por bajo este lanzamiento?

En respuesta a mis acciones pasadas en enfocarme en asuntos pasados, ahora me encuentro de pelos con el equipo de marketing contactando a los negocios que pueda por flores, cintas y demas decoraciones.

— Miko necesitamos conseguir las peonias y las dhalias—insiste displicente uno de los integrantes.

— Decoflora ya no tiene cupos disponibles para la fecha—anota otro con la cien tensa.

Pero quien mas estresada que yo, no como las uñas porque son acrilicas. Soy la jefa, cuyo si o no es el mas valido y absoluto, es por eso que todo el peso de las decisiones recae en mi. Si sale mal seria mi culpa, si sale bien seria mi merito.

¿Es infame pensar en lo propio en lugar de lo que otros dicten?

Ellos aportan sus sugerencias en base a lo que todos quieren ver y vende, asi funciona la industria donde sobreviven los mas aptos y cada quien debe cuidar lo suyo.

— Miko necesitamos confirmacion con el Royal Font para el salon.

Las sugerencias, los reclamos, reniegos y clamos por falta de tiempo zumban en mi consciencia alterandola.

Miko necesitamos...

Miko no hay...

Miko no tenemos...

Miko no podemos...

Miko...

Miko...

Miko...

Suficiente.

— ¡Silencio! —elevo la voz con un grito seco y contundente.

La fuerza de mi voz y la serenidad de expresion en otros hace que reaccione y me de cuenta de que me sali de mis casillas por un momento semi-explotando. Estoy agobiada por la dureza de estos momentos, no estoy en mi mejor etapa lo que me lleva a perder los estribos por segundos.

No me gusta ser la jefa mala que les ordena a todos y que los utiliza como simples fichas de poker con un valor pre determinado. Cuando tu sientes el estres coagularse en tu garganta y lo dificil que es pensar con claridad bajo circunstancias sofocantes no puedes sentirte a ti misma.

— Silencio...por favor—inhalo profundamente y apoyo los codos en la mesa dejando caer el peso en mis brazos.

Este perdura puesto que nadie hace bullicio alguno, la sala se encuentra callada, el silencio anondino no parece amigable por el facto de que todas las miradas estan sobre mi.

— Diez minutos—solicito buscando comprension entre los demas—. Vuelvo en diez minutos.

Debo ventilar mi cabeza por gracia de Dios. Denia camina a unos cuantos pasos de mi, no podria explicar si mi vida es mas facil ahora con mas comodidades pero con responsabilidades mas grsandes o antes cuando tenia muchas carencias y me partia el lomo trabajando por unos centavos.

Veo hacia atras y solo puedo cerrar los ojos y pedir un ultimo momento asi de calido y feliz trabajando con razones mas alla del dolor.

¿Tan dificil es de pedir?

— ¿Necesitas algo, Miko?—me pregunta mi asistente—, puedo conseguirte el matchalatte que te gusta o un cafe conn crema de vainilla—dirige la conversacion.

— Me gustaria un cafe, te lo agradeceria mucho si me lo trajeras—respondo sin tapudos habituales en mi.

Veo enfocado mi refelejo en uno de los ventanales, tengo cara de acelga y las ojeras poco mas marcadas,considero que reflexionar por cada mini aspecto de mi viejo yo y mi nuevo yo es castigo por siempre comparar el hecho de que se me dificulta ser feliz.

Pasaron años desde la primera vez que me enamore y no me fue correspondido a cuando lo hice y termine rota, perdiendo, el trabajo es lo que me distraia de mi dolor y lo convertia en fuerza para mantenerme a flote.

Dejo ceder mi cansancio permitiendo que poco a poco mi cabeza encuentre algo de consuelo en la fria superficie de la mesa rodeada de papeles, premios, fotos que actuan de memorias y una de mi mayor anhelo, la familia feliz que quiero tener de vuelta.

Ah, y una diana de dardos con la mitad de una foto que tenia con mi ex, aveces la uso para desestresarme. les recomiendo hacer lo mismo, entre mas guapo mejor.

— Maldita vida—musito lanzando el primer dardo que atraviesa la foto por un costado del fondo.

Agarro el segundo dardo y enfoco mi vision.

— ¡Ladron de paz!—reclamo lanzandolo con mayor fuerza, el dardo atraviesa la frente del imberbe.

Tercer dardo para calmarme por completo, lo sujeto con fuerza apretando la mano hasta sentir como esta pica.

— ¡Todo es tu culpa!—le grito a la foto que esta destrozada y llena de agujeros, doy un paso atras tomando aire y elevando el dardo a una posicion correcta para que el impacto de en la mejor parte.

En el corazon.

Mi respiracion coordina con los latidos de mi corazon, han pasado años y todavia le cuesta a mi cuerpo procesar grandes esfuerzos, la taza de vida que tenian para mi era maximo de treinta años, he pasado esa edad y todavia estoy de pie.




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