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Maximo

— Hijo, si viniste a verme—se alegra mi progenitora al verme desde el otro lado del cristal.

Que repulsión tengo por qué me llame así; “hijo”, ¿alguna vez me considero como tal? Porque recuerdo que le valía si dormía fuera en un cartón o si terminaba en el hospital por exceso de trabajo.

El único que siempre le importo era su pequeño e ingenuo Gregory, que aún ella se encuentre desdichada y solitaria no ha venido a verla, ni siquiera se si el le habla.

— Es irónico, ¿no lo crees, madre?—verbalizo pegando el teléfono en mi oreja y tratando de ser lo más discreto posible por qué un escándalo es peor que ser llamado hijo por este monstruo.

— ¿A qué te refieres, Max?—me pregunta con desgaste en la voz.

Paso de vestir lujos a terminar con un uniforme blanco, el cabello enredado, los ojos apagados y la voz desgastada por tanto gritar y ordenar que la saquen de este lugar, que no está loca para estar en un hospital psiquiatrico.

— Tu hijo favorito por el que diste la vida, al que defendías con sangre y crueldad en las buenas y en las malas; no viene a verte en las malas y puedo asegurar que tampoco te ha hablado en las buenas.

Emely parece disgustada por mis observaciones, no tolera que le hablen mal de su “estrella”. Eso nunca ha cambiado pese a que ni el mismo Gregory le muestra simpatía.

— Y el que si lo está haciendo es al que odiaste, maltrataste y humillaste por años—continuo mi punto de vista intentando no quebrarme por todo lo que me ha hecho—. ¿Por qué me odias tanto, mamá? ¿Por qué cambiaste cuando...dejaste a papá?

Esas son dos preguntas que siempre quise que ella respondiera, su odio hacia mi comenzó de un día a otro y me gustaría saber el por que esa constante necesidad de que me fuera mal y hacer mi felicidad una mierda.

Necesito saber quiénes son los que la ayudaron para hacerlos pagar también, con uno que caiga todos empezaran a salir uno por uno, no me importa que clase de nombre lleven, los haré pagar.

— Eres igual de patético que el—responde en su cinismo—. Yo jamás te desee, ¿cómo puedes amar algo que nunca pediste?

Sabía que diría eso, aún así, ¿por qué duele? ¿Por qué a ese pequeño Max—que la quería, que la necesitaba— le duele saber eso si era evidente? Yo fui un accidente, de ahí el que me odie tanto; por mi sus padres la obligaron a casarse con mi padre y tenerme.

Aunque siempre he tratado de olvidar eso nunca pude deshacerme por completo de esos recuerdos.

De esos sueños—que en realidad son memorias—donde ella me prestaba atención estando en peligro y no hacía nada; cuando casi me ahogue en un lago; cuando regrese golpeado a casa después de haberme encontrado con unos pandilleros camino de la escuela.

Ella siempre me veía y se hacía la de la vista gorda, solo quería deshacerse de mi.

— A Gregory si lo amabas por qué fue deseado—musito atónito.

Nunca sonrió por mi, jamás me canto una canción de cuna ni me ayudaba con mis deberes, pero a él...siempre le dió todo lo que a mí me negó, y aún yo dejé de estar bajo su cuidado—al cumplir la mayoría de edad— ella siguió buscando la forma de no dejarme libre usando a mi hermano y los sentimientos de mi padre en contra.

— Creo que te he confundido—rie de forma sardona—, Gregory tampoco fue deseado por mi, pero el era lo que tú no.

La sonrisa diabólica que me dedica ella me hiela la sangre por completo, sus comisuras de oreja a oreja y su mirada demuestra maldad.

— El no es ni tu padre ni tu—finaliza la revelación con crueldad.

— Odiabas a papá y por parecerme a el me odiaste a mi; por mero capricho tuyo sufrimos los dos, debes estar feliz por eso...

— Estoy agradecida de haber vivido para verte roto y enfurecido por algo que ni siquiera era verdad, lo que disfrute de toda la parte en que te metí cosas en la cabeza, pague una génerosa suma de dinero por las fotos y fui volviendo tu vida miserable de apoco, es como buscas arreglar algo qué no se puede recuperar, aceptalo, Máximo, tu mojigata jamás volverá a verte de la misma forma, nunca volverás a tener la vida que tenías con ella y deseo que te pudras en una muerte en vida solo y sin su amor.

— Señor Grand, ya debe irse—me indica el guardia que prevee la escena que puede armar mi madre.

— Ojalá ella se vaya mucho antes que tú, sin estar rodeada de nadie, en una muerte solitaria, lenta, tortuosa y sufra el dolor de mil agujas en su corazón.

No la oigas

No la oigas

¡NO LA OIGAS!

— Pudrete en el manicomio, mamá—es lo único que digo para no cometer un asesinato en directo.

Me levanto de la silla y me doy la vuelta en cuanto puedo, le voy a cerrar la boca en cuanto vea que recupere a Miko y mis hijos sean felices. El doctor dijo que mamá tiene una necesidad de sentir que domina, que te tiene sometido.

Es una sociopata capaz de cualquier cosa, creci con ella y no siento el más mínimo apice de culpa o pena por ella.

— ¡Vuelve aquí, Maximo! ¡No he terminado!—mi madre no exclama, grita a pulmón asustando al personal.




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