Cometiste un error

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Maxwell

— No creo que funcione, Max—admite Mike—. No creo poder actuar como tú.

— Solo no debes hablar, sonreír poco y encerrarte a leer en nuestra habitación y ,puff, será como que yo esté aquí.

— Papá no es tonto—bufa—. Se dará cuenta de que no soy tu.

— Mientras sigas con esa mentalidad no podrás actuar como yo.

Mike me frustra la mayor parte del tiempo, ¿y si no está bien?, ¿y si se da cuenta?, no puedo..., yo no quiero..., siempre busca un pretexto para no salir de su zona de confort.

Cambiar lugares es algo que solo hemos hecho dos veces en nuestra vida, la primera no la recuerdo bien—y creo que el ni lo hace— y la segunda fue para un examen de la escuela el año antepasado.

Lo único que nos difiere—aparte de la actitud— son nuestros cortes de cabello y estilo de vestir. Por la ropa no me preocupo por qué solo debo vestirme como el normalmente lo haría y viceversa.

Con el corte de cabello si tengo un problema, Mike tiene unos mechones frontales que yo no, y mi cabello es poco más corto que el suyo.

— Quédate quieto—le ordeno sujetando su cara entre mis manos.

— Me pica la cabeza—refunfuña.

Observo la imagen del antes de mi hermano guardandola en mi mente para copiar cada detalle y pasar desapercibido, tomo las tijeras, y, después de humedecer su cabello procedo a separ los mechones en secciones que le cortare para similar el mío.

— ¿Para que quieres que cambiemos de lugar?—vuelve a preguntarme como si no le haya dejado en claro el motivo.

— Una hipótesis que quiero probar—respondo.

— ¿Y es sobre...?

— Botones para los preguntones—contesto está vez con sorna.

Esa frase solía decirmela alguien hace mucho tiempo, no recuerdo muy bien quien, pero infiero que era cercano a mi. Mike se dispone a charlar consigo mismo por que yo lo ignoro.

Mi hermano me ha estado escondiendo algo de lo que no ha querido platicar, Mike puede contarme lo que el guste, sin embargo, puedo darme cuenta antes de que el quiera hablarlo.

— Listo—digo mostrandole el espejo—, ya no hay diferencia alguna.

— Ya no soy unico y detergente—replica arqueando las cejas—. Pero si, ya no hay diferencia entre nosotros.

— Ahora hazme esos mechones saltones que tenias—ordeno tomando asiento.

A mi hermano le toma tiempo peinarme el cabello como a el, yo creia que el lo unico que hacia era lavarlo y secarlo al aire, ahora resulta que se pone espuma y aveces le roba crema para cabello a Merary.

Si ella se enterara, ¿quien la callaria despues?

— ¿Como es que tienes el cabello tan hidratado y yo debo hacer bastante para no maltratarmelo?—me pregunta frustrado.

— Genetica supongo—respondo con una media sonrisa divertido—. Por ahi dicen que el primer hijo siempre hereda lo mejor.

— Y lo peor—se burla arrugando mi cabello con sus manos—, tu no eres como mi ma-

—¿Quien?—cuestiono ante la osadia de el por esa mención—, ¿ibas a decir mamá...?

Mike traga grueso, retrocede jugando con sus manos, gesto que tiende a hacer cuando esta nervioso o no sabe que hacer.

— Contesta—verbalizo apretando el puño.

— Disculpame, hermano—se disculpo, cabizbajo.

— No vuelvas a mencionar a esa persona—concreto incomodo.

Mamá nos dejo, yo...la recuerdo, eso me enfurece porque mintio. Nos dijo que saldriamos con ella despues de la escuela, me dio un beso en la frente y un abrazo—que aun siento cada vez que recuerdo esto— para que nunca volviera por nosotros.

Estuvimos esperandola tres horas despues de la escuela y jamas aparecio.

Cuando llegamos a casa no habia nada suyo, lo poco que tenia desaparecio como ella, nos abandono.

¿Debia ilusionarnos asi si de todas formas no nos queria mas?

Es entendible por que papá tiene prohibido algo relacionado a ella, asi como nos dejo a nosotros lo dejo a el.

— Pero ella no hizo nada malo—la defiende Mike con firmeza—. ¿Nunca te has puesto a pensar que ella tal vez no quiso dejarnos?

— ¡Una madre nunca permitiria que la alejaran de sus hijos!—bramo levantandome—. Lucharia por ellos.

— Con lo que tuviera a mano de sus posibilidades—me responde dejando caer el peine que tenía en la mano—. Hay personas como nosotros que pueden tener lo que quieran, y otras que no pueden hacerlo.

— ¡No hay excusa! Siempre hay otras alternativas, personas como ella son solo una espina en el corazon por eso...

Me detengo al ver los ojos cristalizados de mi hermano y su nariz roja, siento un nudo en el estómago pesado que me mantiene cuerdo para no decirle más.

— Maxwell, pará—pide el con tremulez.

— Eres un llorón—recalco—. Aunque trates de hacerte el fuerte, lloras fácilmente.

Me acerco a mi hermano menor y lo atrapó en un abrazo esperando a que se calme.




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