Maximo
La fria brisa nocturna guarda las palabras de mi boca, esa mirada azul radiante me araviesa como un relampago y me recuerda que la vida sigue, aunque las cicatrices del pasado nunca se borren.
— Papi—me llama mi hija acercandose a mi y enrollando su mano en mi brazo.
— Aqui estabas—trato de sonar aliviado aunque todo en mi se encuentra descolocado por la presencia de mi ex esposa—, sabes que no debes alejarte mucho de mi.
— Queria tomar un poco de aire antes de volver—responde con la gracia de una señorita.
Dirijo mi vista hacia Miko, a quien percibo tensa y aturdida, solo puedo pensar en lo cerca que la tengo pero lejos a la vez.
— Ya me voy—se dirige hacia su madre—, un gusto haberla conocido, señorita Dawson.
—El gusto fue mio—devuelve Miko—. Eres una niña hermosa y agradable, no lo olvides, tu padre si es afortunado de tener una hija como tu.
No me pasa por bajo el tono de reproche con el que se refiere a mi persona, parece que ambos somos capaces de no pelearmen esta circunstancia frente a nuestra hija.
Contemplo el abrazo que se dedican la una a la otra, es como un milagro imposible; dos mundos que deberian reconocerse, pero que permanecen separados por olvido.
<< Que he causado>>
Mera rompe el abrazo y se aleja del balcón con la ligereza de una princesa.
El aire se espesa a nuestro alrededor, podria ir detras de mi hija, pero, solo estaria huyendo y refugiandome en otros.
Nos encontramos en un campo minado en el cual, cualquier palabra puede detonar su furia, mi silencio tambien al igual que mi presencia y todo lo que tenga que ver conmigo.
Te odia, pedazo de porqueria, literalmente fuiste la fuente de sus desgracias, la herida que le dejaste no ha cicatrizado por completo.
Sin embargo, verla frente a nuestra hija, me da la sensación de que al fin el universo me dio una ayuda para no desperdiciar la segunda oportunidad que busco obtener por su parte.
Una que no merezco, pero deseo con fuerza que me quema por dentro.
Su interior debe latir con ganas de golpearme, borrar mi rostro de su memoria de seguro.
Ella debe seguir pensando que no estoy dispuesto a ver mi error, pero no me muevo, no retrocedo, esta vez me quedo.
— No voy a huir—le digo,con la voz baja y tranquila, como si hablara desde el fondo del pozo en el que me encontraba.
Miko me observa con los ojos encendidos, como brasas que no se apagan.
— ¿Que quieres? ¿seguir alejandome de mi hijos?— su tono es un muro, una muralla que me excluye.
Respiro hondo, el corazon latiendo rapido, en mi mano, como si estuviera fisicamente vulnerable y desnudo a su juicio.
— Quiero que me escuches, solo eso—veo como aprieta los labios, pareciendo mis palabras un veneno—. No voy a justificarme, se que me odias, Miko.
— Te doy la razon en eso—me dirige, mordaz—. Odiarte ya es mucha cosa por parte mia.
— Mirala a ella—fingo que no escuche eso tan doloroso—. La reconoces aun todo lo que hice, la sigues amando.
— Por que es mi hija, es lo mas importante de mi vida.
—Para mi tambien lo es—secundo—, te quite demasido y quiero...quiero que, al igual que yo, vuelvas a tener un lugar en su vida.
— ¿Y crees que voy a confiar en ti despues de todo?—rie—. Tu no haces nada de buenas a primeras.
— No te pido eso—miento apartando la vista—.Te pido una oportunidad, no para mi—explico al notar su rostro ceñido—, sino por ella, por ellos. Ella te necesita mucho, hay cosas que nunca podria hacer como lo haces tu, hay cosas que jamas podria explicarle tan bien como tu lo harias, ella...
—Necesita una madre, la cual tu les quistaste a los tres—musita frivola—. Mira, Maximo—retrocede un paso— yo no soy la tonta que me creiste ser, tu vienes a mi pidiendo algo que sabes que tomaria por cualquier medio, pero no estoy dispuesta a perder mi dignidad por una oferta en la que se me permita estar con ellos pero estando a tu lado.
— No es necesario—objeto levantando la mano en señal de un momento de silencio el cual se me es concedido—, puedes tenerlos los fines de semana si gustas, visitarlos, salir con ellos de compras, siempre has sido su madre estes o no estes conmigo, pero si sera necesario que yo los acompañe, soy el custodio de ellos. Piensalo, te necesitan.
El viento del balcón nos envuelve, por un instante siento el tiempo detenerse. Miko me fija la mirada indecisa, se que en su interior la batalla es feroz: el deseo de golpearme, de escupirme en la cara, contra la certeza de que lo que le digo tiene un peso que no puede ignorar.
— Siempre has sabido ilusionar con palabras vacias—me escupe, con rabia contenida.
— No son palabras vacias— defiendo, me acerco un paso, uno, apenas, sin invadir su espacio—. Es mi corazón y todo lo que puedo hacer hasta donde puedo, lo tienes en tus manos aunque quieras aplastarlo.
Ella tiembla, yo tambien, porque sabemos que en cualquier momento puede romperse todo.