Cometiste un error

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Miko

19 años...

— ¿Escuchaste eso?—musito aterrada de que mi abuela haya llegado.

Max niega con la cabeza pasando de pagina, me parece divertido ver a un chico joven—y que encima tiene mas futuro que yo y toda mi familia unida—, sumido en un mundo de fantasia erotica como los libros de mi hermana.

Y eso es lo que hace.

Una risa genuina se escapa de mis labios por la forma incomoda en la que esta viendo el libro.

Si bien ya me lo lei, y, se me hinchaban las mejillas de lo picante y subreal que parecia el contenido de las escenas mas dieciocho, verlo venir de un hombre con el caracter jugueton de Maximo, es oro de veinte y cuatro kilates.

Ni el se imaginaba lo que pasa en el libro.

— No se que pensar de quien tiene la mente mas desequilibrada—murmura en seco sin levantar la vista de las paginas—si tu hermana, que compra esta clase de libros, que deberian tener etiqueta mas veinte y uno—continua serio—, o de ti, que te los lees igualmente.

Ahogo un quejido fingido de indignación, coloco una mano en mi cadera y con la otra sostengo la escoba.

— Levanta los pies que ya me enoje, si no lo haces te los barro—gruño sujetando la escoba de perfil.

Max ni se inmuta en lo minimo, susurra algo a borbotones dandome la impresión que es el quien esta engatusado con el libro.

Como le he dictado anteriormente, el levanta los pies dándome espacio para pasar la escoba. No sé toma la molestia de siquiera verme a los ojos.

<< Ese maldito libro >>

— ¿Te vas a leer el libro entero en este instante o buscarás que hacer?—resuello incrédula.

— Tengo la tarde libre, ni trabajo, ni asuntos personales—responde encogido de hombros sin pasar la vista de las páginas.

— Cásate con esa cosa ya de perdidas—refunfuño sonando herida.

Y lo estoy.

Me acaban de cambiar por un libro de fantasía spicy que mi hermana tenía guardado por ahí, y, que, yo haciendo limpieza general encontré.

Lo metí en la caja con el resto de libros olvidados de Mai, cuando un sacon vino a husmear y empezó a leer.

— El problema de la mayoría de las escenas es que exageran como suceden los acontecimientos—murmulla solenme, como si hablara con alguien.

— ¿Que has venido a decir tu?—recrimino, furiosa.

— No se podría coger con la misma persona cinco veces al dia—sintoniza como si fuese experto en el tema—. No de la misma forma, obviamente, y peor con los tiempos que dice durar aquí, eso está para morir por sobredosis de placer o para ser exprimido hasta la última gota.

La naturalidad con la que revela dichos datos, es un golpe de frialdad para mís conocimientos, yo y apenas se que pasa por la tarada de mi hermana, pero esque tampoco es que hayamos llegado más lejos de simples toqueteos.

El tinte rojo colorea mis mejillas como un rojo vivo, el aire fresco que refrescaba la habitación, ahora se ha convertido en un desierto hirviente.

— Maximo—lo nombró con total seriedad.

— ¿Hhm?

— Busca otro pasatiempo, pervertido—me ahorro el fastidio de explicarle el porque.

El, finalmente después de gran rato, cierra el libro, dolido por mis palabras, me escudriña con la mirada buscando la broma en mis palabras, no la encuentra y eso parece deprimirlo.

— Que tal si-

— No—lo corto, tanjante, está claro que quiere retomar la conversación anterior.

El se cruza de brazos; hundiéndose en el sofá, hace la cabeza para atrás y cierra los ojos, suspira extensamente para luego añadir:

— Ni sabes que iba a decir—balbucea somnoliento.

Un impulso me lleva a tirar la escoba en el suelo, arremangarme bien la blusa y acercarme, quedando a horcajadas sobre el.

— No me vengas con eso—reniego—, tu tienes mente de pervertido.

— ¡Que ofensivo!—exclama ardido.

Aún el diga que yo herí sus sentimientos con mis palabras, me aprieta contra si mismo quedando a escasos centímetros de los labios del otro.

Yo cerré mis ojos para poder disfrutar de la calidez que me genera tenerlo cerca, sentir su amor y como soy lo más importante para el.

Ya me había olvidado del libro, de todo el alrededor y todos, pero no pude disfrutar nada.

— ¡Volvió por quién llora...bas!—Mai baja el tono de su voz al presenciar la pequeña escena que nos teníamos.

Mi hermana se queda paralitica como piedra abriendo sus ojos similar a platos, se queda estupefacta notando la escena.

— Maldición—escupimos los dos al mismo tiempo.

Tendremos una larga charla.

Actualidad

— ¿Jenna, sabes dónde está tu mamá?—le pregunto a mi sobrina quien está cansada.

— No—murmura, apenas.




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