Cómo me enamoré del Yeti

Capítulo 8. El destino

Capítulo 8. El destino

A Mark le gustó la chica. Se encontraba en el parque junto a la universidad de pura casualidad y escuchó los gritos de la niña sobre las "cacas". Fue precisamente la pequeña quien atrajo su atención hacia aquella joven frágil y casi celestial, que miraba avergonzada la mancha en su vestido.

Al día siguiente, Mark regresó al mismo lugar con la esperanza de ver a Nadiya de nuevo. Llevaba en las manos un ramo de rosas blancas. No había podido dormir en toda la noche recordando a la chica. Sus pestañas largas, sus ojos profundos, sus labios tiernos, su cabello largo...

¡Y, efectivamente, era el destino! Entre todos los estudiantes, sus ojos encontraron a Nadiya sin lugar a errores. Así comenzó su historia de amor.

La fotografía que ahora estaba en el álbum se la tomaron un año después, también un primero de septiembre. Fue en ese día tan significativo cuando Mark le propuso matrimonio a Nadiya, aunque acordaron celebrar la boda en cuanto ella recibiera su diploma.

Zhenya pasaba las páginas del álbum desde las cuales la miraban sus padres sonrientes. En algunas fotos aparecía una graciosa niña rubia. En unas sonriente, en otras seria, pero siempre feliz. Yevheniya se recordaba a sí misma en aquella época dichosa, cuando mamá aún estaba con ellos. Recordaba a su madre muy bien. Siempre alegre, siempre feliz y siempre con un lápiz pequeño. Mark solía reírse de aquellos lápices diminutos con los que Nadiya dibujaba.

— ¿Por qué dibujas con ese trozo de madera? Toma un lápiz normal —se asombraba Mark.

— Me resulta mucho más cómodo dibujar con este. Mira qué guapa me ha salido Zhenyechka. No importa con qué se dibuje. Subestimas mucho estos lapicitos, son capaces de crear belleza —decía la mujer, mostrando el retrato de la pequeña princesa.

— Solo en tus manos un trozo de madera y grafito puede volverse mágico —susurraba Mark al oído de su esposa, abrazándola.

Por todas partes había pequeños trozos de papel con bocetos de la mujer. Incluso en aquel despacho donde estaba Zhenya con su padre, todas las paredes estaban cubiertas con cuadros de Nadiya. En algunos aparecían flores, en otros paisajes, pero en la mayoría estaba la pequeña Zhenyechka. Caprichosa, curiosa, somnolienta, triste, sorprendida... Nadiya transmitía magistralmente las emociones de su hijita, quien disfrutaba de la vida y contagiaba ese positivismo a sus padres. La artista soñaba con crear un dibujo animado con una pequeña y activa protagonista. Todo estaba listo, incluso ya habían echado el ojo a un estudio donde trabajar, pero no estaba destinado a ser...

Aquella tarde, Nadiya regresaba de la universidad en su coche. Al ser una de las mejores estudiantes, se quedó trabajando en la universidad. Impartía la asignatura que ahora dictaba Marharyta Kvitka. Nadiya tenía prisa por llegar con su amado esposo y su hijita risueña, pero siempre era atenta y cuidadosa al conducir. Un camión enorme invadió inesperadamente el carril contrario... Choque frontal... Muerte instantánea.

Cuando Mark recibió la llamada de la policía, pensó que era una broma pesada y cruel de alguien. Cuando llegó la comprensión de lo que había sucedido, el hombre casi pierde la razón. Culpaba al conductor del camión por causar el accidente, se recriminaba a sí mismo por haberle regalado el coche a su esposa, reprochaba al jefe de departamento de la universidad que Nadiya tuviera clases ese día... Había dolor, vacío y miedo.

Al principio, la rabia nubló sus ojos. Quería castigar a todos los culpables. ¡A todos! Que sufrieran todos los que lo habían privado de Nadiya. De su ESPERANZA y su AMOR...

Cuando vio en el juzgado a la esposa embarazada del conductor del camión con otros dos niños pequeños, apenas mayores que Zhenya, algo hizo clic en su interior. Fue él mismo quien pidió que le dieran al conductor la pena mínima. Ayudó a la esposa de aquel hombre, porque no quiso que esos niños también crecieran en una familia incompleta.

Estaba enfadado con el jefe de departamento, Viktor Vasyliovych. Pero cuando vio cómo lloraba sinceramente por su Nadiya, cómo no permitió que se tirara ni un papel de su mesa de trabajo... Unos días después del funeral, fue a verlo con una botella de coñac. Se quedaron sentados hasta la noche. Fue precisamente la hija de Viktor Vasyliovych quien gritó aquello de las "cacas". El jefe de departamento amaba a esa pareja. Estuvo en su boda y fue él quien le dijo a Mark que no solo él estaba sufriendo, sino también su pequeña hija. Mark recuperó la sobriedad al instante con esas palabras, pues su pequeña princesa se había quedado sin mamá, y su papá, en su dolor, casi se había olvidado de ella. Mark agradeció a Viktor Vasyliovych y voló a casa.

Encontró a su pequeña hija en su habitación. La niñera no lograba calmarla. Mark se miró al espejo por primera vez en todo ese tiempo.

— Esto puede asustar a la niña —murmuró a su reflejo. Barba de varios días, ojeras, completamente arrugado, roto física y moralmente. Quiso afeitarse primero, pero oyó la vocecita de Zhenyechka.

— ¿Cuándo vendrá papá? ¿Él también se volvió una estrellita como mamá? —la pequeña no quería dormirse.

— No, Zhenyechka, papá vendrá. Está trabajando, tiene mucho trabajo —intentaba calmarla la niñera.

— ¿Es que ya no me quiere? ¿Ahora solo querrá a su trabajo? ¿Por qué no juega conmigo, por qué no viene a leerme cuentos de princesas? —preguntaba la niña con voz lastimera.




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