¿cómo se puede olvidar lo que el corazón tanto amó?

Capítulo 1

Mi día empezaba temprano, incluso cuando las clases no eran a primera hora. La alarma sonaba, la apagaba sin pensarlo demasiado y me levantaba con la sensación de que siempre iba un poco atrasado. Estudiaba en la facultad y trabajaba como repartidor por las tardes. No era lo ideal, pero podía pagar la facultad y sacarle un peso a mis padres.

Después de clases, volvía a casa, comía algo rápido y agarraba la mochila. La bicicleta siempre me esperaba en el garaje. El restaurante Mendoza era uno de los locales con más pedidos, así que pasaba seguido por ahí.

Ese día entré con el cansancio todavía encima.

-Hola- dije acercándome al mostrador- Vengo a retirar un pedido.

La chica de la caja levantó la vista.

Tenía el pelo marrón recogido de forma desordenada, algunos mechones sueltos alrededor del rostro. Los ojos verdes, atentos a la pantalla. Un pequeño piercing en la ceja que brillaba bajo la luz del local. No era una belleza llamativa, pero había algo en ella que hacía difícil apartar la mirada.

¿Nombre del repartidor?- preguntó.

-Alan-.Anotó algo y asintió.

-Ya sale. Es el pedido de la calle Rivadavia ¿verdad?

-Sí, ese.- ¿Que me pasaba? No podía formular palabras.

-Soy Liana -dijo, mirándome por primera vez con atención. Sus ojos verdes solo me miraban a mí.

-Encantado- dije algo sonrojado

Mientras esperaba, dejé la mochila sobre el mostrador y observé el lugar. El olor a comida era constante. Fue entonces cuando noté a una chica sentada cerca de la ventana, con una taza de café o té delante. No miraba el teléfono. Miraba a Liana.

-¿Es tu compañera?- pregunté en voz baja.

Liana siguió mi mirada.

-No, Cecilia es mí compañera de piso. Es mi mejor amiga desde hace años

-¿Te espera?-

-Siempre, sale de la facultad y viene, son 20 minutos de espera. Pero ella insiste en que no vuelva sola de noche al departamento-Respondió, como si fuera rutina del día a día.

Cecilia levantó la vista cuando escuchó su nombre. Me miró apenas.

-Hola -dije.

-Hola -respondió ella.

Después volvió a mirar a Liana, quien regresaba con la bolsa del pedido. Ni siquiera supe en qué momento se había ido, era como un gato.

-Revisá que esté todo -me dijo.

Miré la etiqueta.

-Está bien.

-Menos mal. Hoy fue un día largo.-

-Se nota -comenté-. ¿Siempre trabajás en este turno?-

-Casi siempre. Es lo que hay-

-Yo reparto después de salir de la facultad, entiendo que pueda ser agobiante-

-¿Qué estudiás?-

-Periodismo.Todavía no estoy seguro de haber elegido bien-

Sonrió, tocándose el piercing de la ceja.

-Eso nos pasa a muchos.-

Antes de irme, me entregó el recibo.

-Si hay algún problema con el pedido, avisame-dijo.

-¿Por qué?-

-Para evitar errores...o para verte-

-Nos vemos, Liana.- Tomé el pedido y mí mochila. No supe que decir ¿Habré sonando cortante?

-Que tengas buen turno, Alan.-

Salí del restaurante y subí a la bicicleta. Mientras pedaleaba, pensé en su pelo marrón, en sus ojos negros, en la forma en que se tocaba la ceja cuando sonreía ¿Por qué pensaba en ella? Si apenas la conocía.

~~~~~

Volví al restaurante Mendoza dos días después. No era raro,esa zona siempre tenía movimiento. Aún así, cuando empujé la puerta sentí algo distinto, como si ya no entrara solo a buscar un pedido.

-Hola -dije, acercándome al mostrador-. Vengo a retirar un pedido.

Liana estaba revisando una pantalla. Levantó la vista y al reconocerme, sonrió.

-Hola, Alan-. Que recordara mi nombre me tomó por sorpresa y por alguna razón me sonrojé.

-Es el de la calle Belgrano -agregué algo avergonzado mostrándole el celular.

-Sí, ya está casi listo. Esperame un momento- contestó

Me quedé ahí, apoyado en el mostrador. El local estaba más lleno que la última vez, con ese ruido constante de platos, voces y pedidos que se cruzan. Liana iba y venía con rapidez, pero cada tanto me miraba, como asegurándose de que no me hubiera ido.

-Acá está todo -dijo finalmente, entregándome la bolsa-

-Perfecto- Fue lo único que se me vino a la mente decir ¿Que más podía decir? ¿"Gracias linda"?.

Salí, acomodé el pedido en la mochila y pedaleé hasta la dirección indicada. Que por cierto era más lejos de lo que el celular indicaba.

Cuando el cliente abrió la bolsa, frunció el ceño.

-Esto no es lo que pedí. Llamé por una pizza con salame no por cuatro empanadas.

Revisé el ticket. Dirección correcta. Nombre correcto. Pedido equivocado.

Suspiré.

-Disculpe señor, le traeré lo que pidió enseguida-

Volví al restaurante unos minutos después.

-Tenemos un problema -dije, entrando de nuevo.

Liana me miró con una mezcla de sorpresa y preocupación.

-¿Qué pasó?

Le acerqué el ticket. Lo leyó rápido y me miró.

-Es mi culpa -dijo-. Me equivoqué con las órdenes.

-Le puede pasar a cualquiera, supongo- respondí

-Igual, perdón. Te hice perder tiempo.

-No es grave. Además, me sirve para frenar un rato.- Era mentira, obvio era grave, este error me ocupaba como cuarenta minutos de trabajo.

Sonrió, aliviada

-Dame unos minutos y los de cocina lo preparan-

Mientras esperaba, me quedé ahí, sin apuro real por irme.

-¿Siempre tenés tanto movimiento? -pregunté.

-Depende el día. Hoy está pesado.

-Se nota.-

-¿Venís directo de la facultad? -preguntó.

-Sí. Clases a la mañana, reparto a la tarde.

-Debe ser agotador.

-Un poco -admití-. Pero me acostumbré.

-¿Qué estudiás?

-Periodismo. El último año

-Ahh, yo estudié fotografía.

-¿Y ahora?

-Ahora trabajo y comparto piso con mi mejor amiga -respondió-. Nos organizamos como podemos.-

Asentí, sin preguntar más. Aunque por si cara parecía frustrada ¿Habrá soñado con ser fotógrafa de famosos o algo así?




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