Una mezcla de letras rojas y azules adornaban el enorme letrero que se encontraba en la entrada del restaurante.Las luces de neon, como destellos luminosos se reflejaba en el iris de sus ojos. Su cejas relajadas y sus labios lijeramente abiertos, le daban ese aire impávido. Ella bajo la mirada, tomo su bolso, y acomodandose el vestido dió un paso al frente, colocandose por un aldo de Logan. Él la miró mientras se ajustaba la corbata. Ofreciendole su brazo para entrar juntos al restaurante.
—¿Estas lista?
Su voz sonaba tranquila y despreocupada, aunque la expresión en su rostro transmitía algo diferente. Sus labios apretados intentaban forzar una sonrisa, y su mirada evasiva recorria aquel lugar con la mente ocupada, repitiendo un saludo cordial que dejara una buena impresión.
—Todo saldra bien. —Le sonrió. Quería brindarle un poco de seguridad, aunque ella también temía que aquello terminara mal.
El repiqueteo de sus tacones cesó al ver el rostro de su tía Devora. Ella se econtraba sentada con una copa en la mano y un sonrisa deslumbrante, algo que pocas veces había logrado apreciar a lo largo de los años que convivió con ella. A su lado estaba su madre; con un hermoso vestido dorado y su cabello cobrizo suelto cayendole sobre su espalda. Estaba murmurandole algo a Devora, mientras su tía Rosa las miraba con un destello en sus ojos. Las tres gozaban de un momento de felicidad que no podía describir. Y todo era a causa de una mentira. Celia paso saliva e intentó avanzar, pero sus piernas no le respondían, núnca había visto a su madre tan felíz, y no quería que eso cambiara.
—¿Son ellas? —Volteó hacía la mesa donde Celia tenia puesta su atención.
Ella asintió con la cabeza, percatandose de que había estado viendolas mas de lo usual. Apartó la vista y se aferro al brazo de Logan para caminar hasta la mesa. sus ojos almendrados se encontraron con los de su tía Devora. Ella bajó su copa y murmuro algunas palabras antes de que su madre y su tía Rosa voltearan a verlos.
—Ya nos vieron —Susurro, inhalando profundamente para tranquilizar los nervios.
Las tres se quedaron en silencio, observando como su sobrina se acercaba del brazo de un hombre alto de piel bronceada y mirada intensa. Devora frunció el ceño no muy convencida de la conexión que había entre ellos, pero no dijo palabra alguna. Rosa en cambió, sonreía tratando de contener las palabras; esperando ansiosa que su sobrina tomara asiento junto al caballero que la acompañaba, para interrogarla. La primera en levantarse una vez que ellos llegaron a la mesa, fue su madre; quien los recibió con una sonrisa entusiasta, presentandose amablemente y ofreciendole su mano.
—Logan Ponce. —Tomó su mano con gusto. Presentandose con la mayor contesía que un desconocido emplea para dar una buena primera impresión.—Es un placer conocerla al fin. Su hija a hablado mucho de usted.
—¿Encerio? No creí que lo hiciera.
Logan volteó a ver a Celia, pensando que había dicho algo que no debía, pero ella sonrió despreocupada.
—Ellas son Devora y Rosa —, dijo soltandó su mano. —Son mis hermanas; tías de Celia.
—Me alegra mucho poder conocerlas a todas. Y me disculpo de antemano por no haber podido presentarme formalmente antes.
—Pierda cuidado. —Devora estrecho con firmeza su mano. —Dicen que uno priorisa lo que más le importa ¿No es así?
Celia estaba dispuesta a responderle, pero al ver como Logan se tomaba aquel comentario con calma y con una sonrisa en el rostro, decidió dejar que el hablara.
—Usted tiene razón. Es muy contradictorio el querer lo mejor para tu esposa y no estar ahi para ella. Pero le aseguro que a partir de ahora las cosas serán diferentes.
Su confianza y tranquilidad al hablar hizo que Devora quedara complacida con su respuesta. Sin preguntar nada mas al respecto tomó asiento, y les sugirió a todos que hicieran lo mismo.
—Al principio pensé que Celia estaba mintiendo — dijo Rosa dirigiendose a Logan. —Pero al verte aquí, me doy cuenta de que realmente lo que pasó con la boda pudo ser un error, aunque no le sucede a cualquiera ¿Quién comete un error como ese? Me parece un poco absurdo.
—Todas pensamos eso. —Devora miró a Celia y después sus ojos quedaron fijos en Logan. —¿Pero ustedes no serían capaces de mentirnos ¿Cierto?
—Eso tambien fue mi culpa. —Bajo la mirada fingiendo estar apenado por el suceso. —Celia me había pedido que revisara las invitaciones de boda, y que verificara que el lugar del evento estaba reservado, pero tuve mucho trabajo y lo olvide. Eso no resulto muy bien. Aunque agradezco que lograramos arreglar las cosas.
—Eso lo entiendo. — Intervino Amelia, antes de que Devora preguntara algo más. —Pero ¿Por qué se casaron sin avisar? eso fue muy repentino.
—Yo sinceramente creí que la perdería, asi que cuando ella me perdono, no dude en hacerle la propuesta de casarnos ese mismo día. —El parecía no dudar de sus palabras, haciendo que Amelia llegara a pensar que eso era cierto.
Celia lo miro con curiosidad, no parecía ser el mismo hombre preocupado y nervioso con el que entró al restaurante. Parecía tener una confianza en su forma de expresarse, que hacía que cualquier cosa que el decía fuera aceptada por aquel que la escuchara.
—¿No es así cariño?
La voz dulce de Logan hizo que la atención de todas se volviera hacia ella. Celia se enderezo y tomando un sorbo del vino que el mesero había vertido sobre su copa, se aclaró la garganta.
—Así es cariño. —La última palabra que salió de su boca la hizo sentir avergonzada, pero entre el rubor del maquillaje paso desapercibido.
—Hoy Celia parece que no tiene mucho que decir ¿Estas nerviosa?
Devora la observaba con la copa descansando sobre su mano. Parecía que estaba lista para sacar otro mas de sus comentarios directos, pero se quedó mirandola, en espera de su respuesta. Celia solo sonrió y evadio la pregunta, como si no tuviera relevancia en la conversación.