Complicidad (el inicio de un matrimonio de mentira)

Capítulo 5

Sus dedos delgados tomaron la pajilla moviendola en círulos, observando como los hielos se movian dentro del vaso. La luz neutral de la cafeteria, similar a los rayos del sol del medio día, tornaba sus yemas de un tono aceinunado. Sintiendo a su vez, el frío y humedo contacto de su mano contra el vaso de cristal. Tomó un sorbo y levantó la vista. Su mirada relajada y fija armonizaba con su expresión tranquila, como si estuviera preparada para lo que se avecinaba. Él cruzo sus dedos colocandolos sobre la mesa y se inclino hacia ella. Un ruido bronco y breve raspo su garganta, indicandole que él estaba preparado para hablar. Sus ojos marrones ennegrecidos la miraban, sin un ápice de culpa reflejado en ellos.Su cuerpo estaba relajado, y sus facciones no mostraban señal de alerta o perturvación. Parecía ser el mismo hombre tranquilo y confiado que ella había conocido.

—El jugo de naranja siempre fué tu preferido. —Su voz calmada y su sonrisa cálida, trataban de recrear el ambiente de una conversación casual, entre dos conocidos que tienen tiempo sin verse.

Ella hizo a un lado el vaso.—¿Qué es lo que quieres? No vine aquí a hablar sobre mis gustos o aficiones. —Su tono de voz era despectivo, sin una pizca de cortesía disfrazada.

—Celia, Porfavor. Tu sabes lo arrepentido que estoy. —Tocó suavemente el dorso de su mano, pero ella se aparto. — Ibamos a casarnos, no puedes pensar que no te amaba.

—¿Entonces que paso? ¿Acaso te diste cuenta de que ya no querías comprometerte justo un día antes de la boda?

—No fué así. Quería hablar contigo sobre eso, pero no me diste oportunidad de explicarme.

—Entonces ¿No era la única vez que te acostabas con ella? — Se puso de pie, golpeando la mesa con las palmas de sus manos.

—Celia, aquí no. —Volteó de un lado a otro, esperando que nadie los hubiera escuchado. —¿Quieres saber la verdad no es así?

Ella lo miro brevemente antes de tomar asiento de nuevo. —Habla, pero que sea rápido.

Celia ya estaba perdiendo la paciencia, había venido esperando verlo arrepentido, suplicando su perdón de rodillas, y no tratando de excusar su actitud imperdonable.

—Me enamore.

Sus palabras calaron en lo más profundo de su corazón, resonando en su cabeza como un eco. Su voz se apago, sintiendo un nudo en su garganta que la haría llorar si pronunciaba alguna palabra. Lo miro esperando que lo que dijo no fuera cierto, que tan solo buscaba una forma de herirla para que lo perdonara, pero no era así. Sus ojos brillaban con una sinceridad que no había visto en mucho tiempo. Esa mirada era la misma que el ponía cuando hablaba con ella. Era la misma que la había enamorado. Paso saliva, su garganta le dolía, y sus ojos se empañaron de lagrimas. Mordío su labio, tratando de darse el valor para hablar.

—No pensé que serías tan cínico. —Su voz era ahogada, cada palabra que decía presionaba contra su garganta, amenzandola con dejar salir sus lagrimas en cualquier momento.

—No fue planeado, y al principio pensé que había sido un desliz e intenté remediar las cosas contigo, pero después me dí cuenta de que no era eso lo que realmente deseaba.

—¡Pero si fuiste tú quien me pidió matromonio! Yo no te presioné para que lo hicieras. —Se puso de pie abruptamente. Su silla calló al suelo, llamando la atención de algunos de los presentes.

—Yo lo hice porque pensé que eso te haría felíz. Todas las mujeres sueñan con verse vestidas de blanco. —El se levantó e intentó tomar su mano, pero Celia lo apartó. Los murmullos crecían a sus espaldas, un sonoro coro de personas sorprendidas y risas burlescas resaltaban sobre el resto.

—Pero yo no te lo pedí Alex, yo solo te quería a tí, entiendes. —La culpa se arremolinaba sobre su pecho, cada palabra que no quería decir, pero sus sentimientos hacían que brotara, la hacía sentir culpable, sobre todo por ser la única en la relación que sentía que todo estaba funcionando.

—Celia yo... —El se aferro a tomar su mano nuevamente, pero ella lo aparto.

—No me vuelvas a tocar. Si estoy aquí es porque quería escuhar una razón lo suficientemente válida como para odiarte. Ya la escuche, ahora me voy. —Tomó su bolso y salió de la cafetería.

—Celia, tu no entiendes. —Dijo al salir detrás de ella, intentando alcanzarla.

—¿Qué se supone que deba entender? —Lo encaró —¿Qué me pusiste el cuerno con mi mejor amiga? ¿Qué te enamoraste de ella? O tal vez, que estabas conmigo por lástima.

—No fué asi al principio. Tu realmente me gustabas.

—Entonces dime —Hizo una pausa —¿En que momento deje de gustarte? —Sus ojos se enrojecieron y le empezaron a brotar las lagrimas. No podia contenerlas por mas que quisiera.

—Celia. —Dió un paso hacia ella, haciendo que ella retrocediera.

—No me vuelvas a hablar.

Ella se dió la vuelta, escuchando el sonido de su celular. Abrió su bolso y lo tomó, pensando que se trataba de su madre, pero no era así. Sus ojos se abrieron con sorpresa al leer su nombre en la pantalla.

—Solo quería decirte que lo siento.

Celia deslizó la pantalla, pero ya era demasiado tarde, no había logrado contestar la llamada. Enseguida busco su nombre entre sus contactos, percatandose de que tenía varias llamadas perdidas de él. Su cuerpo se congeló, no había razón suficiente para que el la llamara con insistencia, a menos de que hubiera dado con su amigo, y de ser así, quiza el problema del matrimonio tendría solución.

—Se que no volveremos a hablar después de esto, y no me justifico, pero quería que aceptaras mis sinceras disculpas. —Seguía insistiendo Alex, continuando con la conversación, pero Celia tenía puesta su atención en otra persona.

Levantó la mano, indicandole que guardara silencio mientras marcaba su número. El celular timbró pero no hubo respuesta, por un instante pensó que no iba a atender la llamda, hasta que escucho una voz agitada y entrecortada al otro lado de la linea.

—¿Logan? ¿Estas bien? —Preguntó, un poco preocupada al escuchar como su respiración era superficialmente rápida.




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