El gran escaparate acristalado, resplandecía exhibiendo uno de los vestidos mas esplendorosos de la temporada. Los largos pliegues de tela que envolvian el vuelo del vestido, caían como castadas brillantes en un elegante corte princesa. Celia se quedó observando el hermoso encaje borado en forma de flores y la pedrería plateada que estaba incrustada cuidadosamente en el corsé. Después de unos segundos levantó la vista y siguió de largo, pero se detuvo al percatarse de que Logan se había detenido en la entrada del local. Él sonrió cuando ella se volteó hacía el. Su cuerpo estaba relajado, y su pelo se encontraba ligeramente peinado hacia un lado, cayendole pequeños mechones sobre su frente. Con la mano en el bolsillo de su pantalón la llamó en un tono suave, entrando justo después de que ella se acercó a él.
—¿Qué hacemos aquí? —Entro mirando a ambos lados, perdiendose entre hermosos vestidos y telas brillantes.
Logan tomo su mano y rodeó su brazo con ella, menguando el paso para caminar al mismo ritmo.
—Necesitas un vestido. —Dijo inclinandose hacia ella. —Mi padre cree que hacer una boda lo más pronto posible, es lo más conveniente.
—¿Por qué?
—Cree que podrías... —Sus ojos bajaron lentamente hacía su vientre.
—¡No! —Exclamó ella, antes de que él digiera algo mas. —Eso jamás. Tu y yo núnca... Es decir...
Logan se rió involuntariamente al ver la reacción en su rostro; estaba nerviosa, eso se notaba, aunque él nunca hubiera pensado pedirle algo asi.
—Esta bien, eso no debería preocuparte. —Se formaron unos pliegues en la comisura de sus ojos, y el oyuelo en su mejilla izquierda volvió a aparecer. —No ocupas aclarar nada, pienso lo mismo. Eso no es posible, pero el no lo sabe. Piensa que tú y yo tenemos un vínculo emocional.
—Entonces la boda...
—Se hará en la casa de campo, tu no debes preocuparte por nada.
Una joven bien vestida, que usaba una falda ajustada y un saco negro se acercó a ellos.
—Buenas tardes, mi nombre es Clara—Se dirigió a Celia con una cordial sonrisa —¿Puedo ayudarla en algo?
Ella miro a Logan y el solo dijo; —Traiga lo mejor que tenga. —Mostrando la tarjeta de la empresa de su padre.
—Acompañenme por favor. Es por aquí. —Indicó ella llevándolos a un espacio exclusivo, donde nadie fuera a importunarlos.
La joven los encaminó hasta el sofá tapizado de un color azul turquesa, que se encontraba en medio de la sala. Después se giró hacía Celia para preguntarle si tenía algún vestido en mente, pero ella negó. Entonces ella le recomendó algunos que podía probarse en lo que decidía, ofreciedose a traerlos enseguida, y saliendo del lugar minutos después.
—¿Me esperarás afuera? —Preguntó Celia en tono bajo, temiendo que la joven la escuchara.
—¿De qué hablas? —Se acomodó en el sofá y tomó su celular para revisar los mensajes. —Te ayudaré a escoger el vestido.
—¿Es una broma? El novio no debe de ver el vestido que usara la novia antes de la boda. Es de mala suerte.
—Yo no creo en esas supersticiones. —Apagó la pantalla y guardó el celular en su bolsillo del pantalón. —Si estoy decidido a casarme, lo haré sin importar como. Además... —Sacó la tarjeta tomandola entre sus dedos. —Yo voy a pagar, debo estar seguro de que sea el indicado.
—Sabes que me sentire incómoda si estas aquí. —Dijo entre dientes. —No quiero que me veas vestir cada uno de esos ostentosos vestidos. —Cruzo los brazos. —No lo haré frente a tí.
Logan se inclino hacia adelante, apoyando sus brazos en sus piernas y entrelazando sus dedos. Pensando en sus palabras recordó aquel vestido que ella traía puesto cuando la vió por primera vez.
—También estabas usando un vestido de encaje ese día —Sonrió —Tenía una abertura en el pecho y... —Celia le cubrió la boca, avergonzada al recordarlo.
—No me refería a eso, esto es muy distinto.
Logan apartó su mano —Solo piensa en mi como un amigo. Estamos juntos en esto. —Sus ojos se mantuvieron fijos en los suyos esperando una confirmación, pero Celia se quedó en silencio.
Clara regreso mostrandole una larga línea de vestidos finos, elegantes y llamativos. Entre los que lograba distinguir algunos con mucho encaje, otros con telas brillantes, y algunos mas con cortes tipo campana. Celia eligió uno sin mucha demora, y sin decirle ninguna palabra a Logan dejo que Clara sujetara el vestido y la acompañara al provador, que se encontraba al fondo subiendo los escalones.
—¿Gusta que le ayude a ponerselo?
—No—dijo tomando el vestido. —Yo lo haré. —Entró con las palabras de Logan dandole vueltas en la cabeza ¿Amigos? ¿Podían ser amigos? No lo había pensado de ese modo. Él había cruzado la delgada línea que lo marcaba como un desconocido, pero eso no lo acercaba a ser su amigo. Hasta hace poco solo era alguien que le brindó su ayuda, y que pensó que no volvería a ver, al menos no con tanta frecuencia.
Miró el espejo, un cristal pulido que reflejaba su cuerpo completo; desde su cabello oscuro, que caía con libertad sobre sus hombros, hasta los tennis blancos que traía puestos. Dejó el vestido sobre la silla y se empezo a desvestir. Sacó los brazos del blazer negro y se quitó rapidamente el resto de la ropa. Tomó el vestido, sus largas piernas doradas se deslizaron con facilidad dentro de las telas; que caian libremente dejando al descubierto una de sus piernas. Con sus delgados dedos tomó el corsé hecho de encaje y lo acomodó, sujetando y tirando de los cordones que había a su espada. Su abertuda en forma de corazón que rodeaba su busto, le recordo un poco al vestido que había usado para su boda. Celia extendió sus brazos, tomando su cabello con ambas manos para recogerlo en una coleta alta. Luciendo las mangas transparentes, que iniciaban bajo sus hombros, soltandose y dandole libertad al resto del brazo; terminando unos centímetros antes de llegar a la muñeca. Ella se miró en el espejo, sus delgados mechones de pelo, caían en ondulaciones a ambos lados de su rostro.