Complicidad (el inicio de un matrimonio de mentira)

Capítulo 10

La luz que se colaba por la ventana le cubrió los ojos, sus párpados se contrajeron evitando abrirse, pero cediendo ante su insistencia. Se deslizo de entre las sabanas y estiró su cuerpo en cuanto sus pies tocaron el suelo. Caminando lentamente hasta la ventana y corriendo la cortina con el dorso de su mano. Al otro lado del jardín, bajo la radiente luz del sol, que le quemaba la piel humeda; Logan se secaba el sudor de su frente, pasando su mano por su cabello.

Ella observaba con atención como sus manos bajaban y tiraban de su camisa, abanicandola para que entrara un poco de aire por su abdomen, mientras su piel bronceada quedaba descubierta. El agua salada se deslizaba por su abdomen, como destellos brillantes incristados en su piel, que de abrian camino hasta desaparecer entre el movieminto lento y repetitivo de su respiración.

Celia se quedó mirandolo, hasta que él bajo su camisa y levantó la vista hacia su habitación. Ella corrió la cortina antes de poder procesar lo que hacía, sientiendo que el calor le subía hasta las mejillas. >>¿Porqué lo había estado observando por tanto tiempo?<< se preguntó. Agitó su cabeza y avergonzada se cubrió el rostro, excusando su actitud con que estaba dormida y no se había percatado de que él se encontraba ahí, aunque estaba segura de que no era cierto, le ayudo para despejar su mente.

Al bajar los escalones pequeñas gotas de agua se deslizaron por las puntas de su cabello cayendo al suelo, dejando un rastro hasta llegar al comedor. Había tomado un baño rapido para despertarse, pero a pesar de haberse secado el cabello con la toalla, le había quedado húmedo. Se Acomodó el cabello por un costado, y saludó a Logan, que ya se encontraba desayunando.

—Buenos días.—dijo con entusiasmo.—Hoy parece ser un día muy agradable.

Ella volteó hacia el gran ventanal de crital, observando el exterior, donde se asomaba un hermoso jardín. —Ni tanto —Lo miro de reojo recordando su piel descubierta, tomando asiento por un lado suyo y persiviendo el olor a jabón mezclado con el cítrico y fresco aroma de su perfume.—Deberiamos dejar las cosas claras, ya que parece que nos veremos más de lo usual.

Él masticó la comida mientras la escuchaba hablar, volteando hacía las puertas que se encontraban en ambos extremos del comedor, para vericar que nadie estuviera escuchando la conversación. Asintiendo con la cebeza cuando sus ojos se encontraron, dejandola proseguir con lo que tenía en mente.

—Considero que deberiamos poner algunas reglas. —Su cabello había terminado por empapar el hombro de su camisa, formandose una mancha humeda.—Si queremos que esto funcione.

—Justo estaba pensando en eso anoche.—Tomó un trago de jugo y volvió a dejar el vaso sobre la mesa.—No va a funcionar.

—¿De qué hablas?

—El vivir separados, no va a funcionar.

—Tenémos un trato ¿Lo olvidas? si lo rompes yo me voy.—Esperó a que él digiera algo, pero Logan solo la observaba con expresión relajada.—Además, ese es tu punto de vista, no el mio. Yo creo que podemos hacer que funcione.—Tomó su celular y abrió la aplicación de notas.—Ahora bien, debemos empezar con lo mas importante.

—¿Piensas poner reglas?

—Considero que es importante. Nosotros necesitamos un contrato, algo tangible que nos permita confiar en el otro.

—Bien, te escucho.—Se enderezo, recargando su espalda en la silla.—¿Por dondé deberiamos empezar?

—El divorcio.

Logan apoyó el brazo en la mesa y acarició su barbilla en silencio, con la mirada tranquila. Elevandose sus cejas y dibujandose una sonrisa nerviosa un instante después. Celia estaba por girarse, cuando logan se inclino apartandole un mechon de cabello de su rostro. Ella sintió el toque de sus dedos rozar su cien, mientras le hacía un gesto con los ojos para que ella le siguiera el juego.

—Hoy amaneciste hermosa cariño.—Tomó sus dedos y beso calidamente el dorso de su mano sin perder contacto visual.

—Tu siempre tan elocuente—Llevó la palma de su mano a su mejilla, las yemas de sus dedos estaban fríos a diferencia de su mano.

Un carraspeo ronco se escucho a sus espaldas, Celia fingió sorpresa, como si no hubiera notado su presencia, se enderezo y soltando la mano de Logan se giro hacia él.

—Su padre me envió por unos papeles.—dijo en voz audible y tranquila.—Me dijo que el joven Ponce sabría de que hablo.

—Pues no, realmente no tengo idea, mi padre no me ha marcado.

—¿Me permite?—dijo señalando el celular, acababa de recibir una llamada.

—Adelante.—Observó como él salía de la cocina en dirección al jardín.

—¿En que momento llegó?—preguntó en voz baja.

—Justo un segundo despues de que mencionaste lo del divorcio.

—¿Crees que nos haya escuchado?

—Espero que no.

—Bueno.—Volteó para verificar que no hubiera regresado aquel hombre alto de cabello rubio y mirada intensa.—Solo quería saber si estabamos de acuerdo en eso.

—Porsupuesto, en un año todo estara resuelto.

Ella sonrió y lo anotó en el bloc de notas.

—Entonces, en cuanto a que llegue a suceder algo entre nosotros que nos comprometa, bueno eso no pasara.

Logan no respondió nada, se quedó con la mirada fija en algún punto del comedor.

—¿Te refieres a algo romantico?

—Claro, eso tampoco esta en la lista.

Él bajo la mirada y sonrió, entendiendo a que se referia.

—Nada de nada. —Se mordió los labios.—Entiendo.

Celia frunció el ceño pensando que él estaba bromeando, pero su expresión habia vuelto a ser serena, no parecía estarse tomando aquello a la ligera.

—Tampoco creo que sea necesario hablar de cosas personales. No debemos meternos en la vida privada del otro.

—¿Entonces que se supone que deba saber de tí? ¿Solo tu color favorito o como tomas el café?

—Es el verde, y no suelo tomar café.

—Sabes que no me refiero a eso. —Inclino la cabeza hacia un lado y la miro fijamente. —Debo conocer lo que un esposo conoce de su esposa.




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