Complicidad (el inicio de un matrimonio de mentira)

Capítulo 11

—Deberías desempacar. Tengo un cuarto disponible frente al mío.

Su mano se aferraba a su maleta, negandose a levantar la cabeza.

—Tu madre ya se ha ido—Contestó un mensaje y dejó el celular en la mesa que estaba frente a él, recargandose en el respaldo del sillón—¿Puedes al menos tomar asiento? llevas rato de pie y me estás poniendo nervioso.

Apretó sus labios y se sentó en el sofá que estaba a un lado del suyo. No queria verlo a los ojos, había estado tan convencida de que no era necesario que vivieran juntos, que el haberse presentado en su apartamento después de una llamada discreta, no le daba la seguridad para afrontar que se había equivocado.

—Me marchare en cuanto ella... —Su voz parecía apagada, se asemejaba mas un susurro, como si hablara solo para que ella pudiera escuchar sus propias palabras.

—Sigues sin comprenderlo ¿No es así?—Pasó la mano por su cabello—No es solo tu madre, cualquier otra persona nos podría descubrir. Cuando llegue Rebecca...

—¿Qué ocurre con ella?—Levantó la cabeza, encontrandose con aquellos ojos claros, que reflejaban una genuina preocupación.—¿Nos descubrió?

—No,—Meneo la cabeza—pero si estuvo muy insistente en querer entrar.—Se levantó y se sentó por un lado de ella, tomando su mano—Celia, yo te pedí este favor porque quería que me ayudaras, pero si sientes que no vas a poder con esto, podemos dejarlo aqui.

—¿Por qué vienes con eso ahora?—Apartó su mano y se puso de pie.—Sabes que ambos estuvimos de acuerdo con esto, no puedes llegar a pensar que no quiero que funcione.

—Yo núnca dije eso.

—¿Entonces cuál es el punto?

Él se levantó y se acomodo el saco azul de su traje.

—Si estás dispuesta a continuar con esto, debes ser consciente de que se va a necesitar mucho más de lo que estás dispuesta a hacer, y eso incluye vivir juntos.

—Esto es absurdo, habíamos quedado... Es decir tú y yo sabiamos que...

—Celia, estamos casados, y no hablo solo de un contrato,—Sostuvo sus hombros con sus manos, sin llegar a apretarlos.—nuestras familias creen que realmente es de ese modo ¿Y tú quieres que se enteren de la verdad? si es así puedes salir por esa puerta y regresar a tu apartamento, no voy a detenerte.

—No es así, de ser de ese modo no hubiera aceptado casarme contigo.

—¿Entonces? ¿Te estoy pidiendo mucho? solo quiero que finjamos que es de ese modo, y por eso te pido que te quedes conmigo.—Sus ojos buscaron con insistencia los suyos, pero ella apartó la mirada en cuanto hicieron contacto visual—Solo es un año Celia ¿Crees poder con eso?

—Cuando dos personas viven juntas nada termina bien Logan—Lo miro, sus cejas se juntaron un poco, formandose arrugas en su frente.

—Pero podría funcionar ¿Tu sientes algo por mi?—Ella volteo hacia otro lado.—Celia, mírame, te estoy haciendo una pregunta—Tomó su rostro con sus manos y la obligó a mirarlo—¿Tu sientes algo por mi?

—No,—respondió de inmediato con un tono cortante y directo.—no siento nada.

—Ni yo. Entonces no resultaría un problema, si te preocupa que haya sentimientos de por medio, porque no los hay.—Paso saliva—Si no los hay, entonces no existe motivo para pensar que esto podría terminar mal ¿No es así?

—No lo sé Logan.

—Entonces piénsalo, solo sería un año—Sujetó su maleta y la arrastró desde la sala hasta el cuarto. Ella lo siguió de cerca.—Aquí es donde dormirás.—Giró la perilla, abriendose ante ellos un cuarto espacioso, con solo una cama cuidadosamente tendida y un ropero—Es lo único que tengo, núnca planeé tener visitas, así que no compre más muebles, si te hace falta algo no dudes en pedirmelo.

—Te lo agradezco—Pasó por un lado de él, rozando su hombro contra su brazo.—Te prometo que lo pensaré.

—Para mi eso es suficiente.

Celia sonrió sutilmente antes de cerrar la puerta y sentarse cuidadosamente sobre la cama.

—¿Esto es correcto? ¿Vivir con un desconocido a causa de una mentira?—Se puso de pie y le puso seguro a la puerta.—Pero que estás pensando Celia, el no podría...—Se puso de espaldas contra la puerta y se dejó caer en el suelo—Será una noche larga.

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Sus manos se deslizaron, metiendo las hojas en su bolso. Se acomodó el largo cabello que caía sobre su rostro y se ato el mandil.

—¿Por qué tan tarde?—La voz de Alicia se escuchó del otro lado de la puerta, antes de que está se abriera por completo y dejara ver su rostro.

—Ya sabes porque.

—Tu madre...

—Ni lo menciones, no pude dormir bien anoche pensando que él iba a entrar al cuarto.

—¿Por qué desconfias de él hasta ahora? Eso debiste pensarlo antes.

—Porque no pensaba que terminaríamos viviendo bajo el mismo techo.

—Eso es lo que hacen los casados,—Colocó ambas manos sobre su cintura.—me extraña que pensaras que tendrías una vida tranquila después de eso.

—Olvidalo y déjame pasar—Cruzo la puerta, quedandose en el umbral con la mirada fija en la mesa siete, que estaba frente a la barra.

—Eso iba a decirte, tu madre vino a verte.

—¿Cómo es que no se ha ido?—Se giró, tratando de escabullirse, detendindose al escuchar su voz llamandola un segundo después.—Madre—Caminó lentamente hacia ella—¿Qué haces aquí?—preguntó con la sonrisa tensa y los dientes apretados.

—Alicia me dijo que trabajabas aquí.

—Así que fue ella—Volteó para reclamarle, pero ella ya se encontraba atendiendo una de las mesas.

—Tenía que hablar contigo.

—¿Podría ser en otro momento? Ahora mismo tengo trabajo.

—No te voy a quitar mucho tiempo, —Se acomodó en la silla, colocando sus brazos sobre la mesa—además podrías tomar mi orden mientras hablamos.

—Bien, que sea rápido—Sacó una libreta y un lapíz del bolso delantero del mandil y comenzó a escribir.

—Tus tías y yo hemos decidido quedarnos un mes más.

—¿Qué has dicho?—Su mano presionó con fuerza la punta del lápiz contra la libreta, provocando que se rompiera.




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