Compromiso inesperado

Capítulo 1

Era aquella época de reyes y emperadores, de los príncipes y grandes duques, de los condes y mariscales, aquella época en que la más estricta etiqueta marcaba el ritmo de la más alta convivencia social. La elegancia, el esplendor y los lujos eran tónica preponderante en los salones de la vieja Europa. Y era entonces también cuando en la mansión de Possenhofen, el duque Miguel veía transcurir la vida, en compañía de su esposa la duquesa Maximiliana, y sus dos hijas Diana una niña preciosa que más tarde se convertiría en la más encantadora de las muchachas, mimada por todos y siendo la favorita del Duque Miguel.

En una noche de Diciembre nació la pequeña Anastasia, una dulce niña idéntica a su padre con unos hermosos ojos oscuros y cabello castaño.

Diana en cambio era la viva imagen de su madre cabello rubio dorado y unos increíbles ojos verdes.

Cuando Diana cumplió los 6 años ya odiaba los vestidos con encajes, la picaban y hacían que tuviera que estar derecha todo el día.

-Más recta Lady Diana-, dijo la insitutruz mientras apretaba el corse - una futura emperatriz no se encorva-

Diana rodó los ojos desde que tenía memoria había aprendido que sería la futura emperatriz, sabía que estaba comprometida pero no conocía a su esposo, y tampoco comprendía del todo lo que significaba estar comprometida.

Esa tarde después de almorzar su padre la tomó de la mano y se la llevó a pasear

-Hoy conocerás a tu prometido cariño-

Diana no respondió la encantaba pasar el rato con su padre quien siempre la colmaba de regalos.

-Mi niña preciosa, estás destinada a la grandeza y a la gloria cariño-

Depósito un beso cariñoso en la frente de su hija y ahí en el jardín acompañado por tres escoltas estaba el príncipe.

Alto, traje azul marino. Cara seria, no sonrió, no corrió, sólo la miró.

-Su alteza, esta es mi preciosa hija Lady Diana - dijo el Duque Miguel mientras hacía una reverencia - su futura esposa -

El príncipe la observó de arriba a abajo.

-Sabes montar a caballo? - preguntó el príncipe

Y así fue como se conocieron.

Todas las tardes salían a montar a caballo, largos paseos silenciosos, cada uno perdido en su mundo y un profundo sentimiento de rechazo.

12 años después.

El anuncio oficial salió en todos los periódicos:

Su alteza imperial el príncipe Nicolás y Lady Diana contraerán nupcias el 15 de octubre

Diana de 19 años, leyó la noticia en su habitación.

Anastasia de 17 entró a su habitación y observó el rostro triste de su hermana mayor

-Estás nerviosa? -

Diana dobló el periódico y se tumbó boca abajo para ocultar su rostro

-Estoy muerta por dentro Ana - respondió Diana en voz baja como si tuviera miedo de ser oida por alguien más

Anastasia se acercó a la cama y acarició el abundante cabello ondulado de Diana, eso era lo único que podía hacer por ella.

Esa noche su madre fue a verla

-Deberías estar contenta Diana, esto es lo mejor para nuestro hogar, cualquier muchacha quería estar en tu lugar cariño, el tratado de comercio depende de esta boda, eres la primera Wittelsbach en la historia en pertenecer a la nobleza -

-Y lo que yo quiera no importa? - preguntó Diana en un susurro

-Tu deber es obedecer Diana, necesitamos esta boda, el estatus que tenemos depende de esta boda, nuestro estilo de vida depende de esta boda, el amor está sobrevalorado... Yo no amaba a tu padre pero sabía que estar con él me convenía -.

Pasó el tiempo y toda Austria estaba enfocada en la boda, el vestido estaba listo. Los invitados llegaban de todos lados.

Tres días antes de la boda el príncipe Nicolás fue a verla, ahora a sus 21 años estaba más alto y más atractivo.

-No tienes que tener miedo, cumpliré con mi deber. Seré un buen esposo -

Diana lo miró 13 años conociéndolo. Y no sabía si le gustaba el té o el café.

-Y yo que deber cumplo Nicolás? - preguntó Diana mientras acariciaba a su caballo

-Ser emperatriz - respondió como si fuera fácil.

Esa noche Diana empacó una maleta pequeña, no hubo cartas ni despedidas, no amaba a Nicolás no quería la vida que otros habían escogido por ella.

Salió por la ventana del jardín, camino por los campos de flores miró atrás una última vez y se perdió en la noche.

A la mañana siguiente el escándalo estalló.




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