Al llegar al palacio no conoció ni al príncipe ni al emperador fue llevada a una casita hermosa ubicada el jardín del palacio.
Tenía mucho miedo y la noticia de que la novia había sido sustituida por su hermana corrió por todo el reino.
El día de la boda llegó más rápido de lo esperado, el órgano sonaba en la catedral, mil personas, mil ojos observándola. Todo el mundo quería ver a la hermana sustituta.
Anastasia caminaba hacía el altar en compañía de su padre, el vestido de Diana la quedaba grande en los hombros.
El corsé la apretaba más de lo normal sentía que no podía respirar.
Al final del pasillo estaba el príncipe Nicolás, traje militar negro con dorado, espalda recta, cara seria y ojos vacíos.
No sonrió cuando la vio. Su cabello rubio estaba y sus ojos azules hacían contraste con la seriedad del momento.
Anastasia llegó al altar. Hizo una reverencia, sus manos temblaban tanto que tuvo que esconderla en el enorme ramo de flores que cargaba.
El sacerdote empezó:
Estamos aquí reunidos para unir en matrimonio a su alteza imperial el príncipe Nicolás y Lady Diana Wittelsbach
Anastasia cerró los ojos con fuerza, no era Diana, hubo un silencio incómodo y el sacerdote reconoció su error carraspeo y volvió a repetir
Perdón digo Lady Anastasia
Nicolás la miró, la estudio de la cabeza los pies.
Sus ojos azules pasaron por su cara, por su vestido, por sus manos.
El sacerdote prosiguio
Acepta usted, su alteza, a esta mujer como su esposa
Silencio.
Un segundo eterno.
Nicolás habló en voz baja para que sólo ella lo oyera.
-No eres Diana -
Anastasia sintió que se moría ahí mismo.
-Lo sé - susurro - lo siento -.
El sacerdote carrasperaó.
Su alteza?
Nicolás miró al frente, a todo el imperio mirando. A los políticos, a los embajadores, al emperador.
Apretó la mandíbula
-Sí - dijo fuerte para que todos oyeran - acepto -
Anastasia exhaló. No sabía que estaba aguantando la respiración.
-Sí acepto - dijo ella con la voz quebrada
La entrega de anillos fue silenciosa y la boda se sentía fría, un beso rápido y frio en la mejilla y nada más.
Cuando salieron de la catedral los gritos inundaron el lugar : ¡viva el Príncipe imperial!! ¡ Viva la princesa imperial!!
Nadie notó que la novia tenía los ojos llorosos.
Nadie notó que el novio no la tocó la mano ni una sola vez.
En el carruaje imperial sólo estaban los dos, el silencio era incómodo.
Nicolás miraba por la ventana con los puños apretados.
Anastasia miraba sus propios zapatos.
-Dónde está? - preguntó al fin el príncipe sin mirarla
-No lo sé - dijo Anastasia en voz baja y sin levantar la mirada
-Porqué estás tú aquí? - preguntó de nuevo el príncipe
-Me obligaron -
Nicolás se río sin gracia
-Claro a los Wittelsbach les encanta vender a sus hijas -
Anastasia levantó la cara por primera vez
-No me vendieron, me usaron -
Él la miró, ella no bajó los ojos. No pudo evitar pensar en lo opuesta que eran la una de la otra.
-Escúchame bien Anastasia, este matrimonio es político nada más, dormirás en la habitación de invitados, no me hables si no es necesario, no me toques, no me mires -
Anastasia asintió con un nudo en el estómago, y con fuertes ganas de llorar
-Entendido su majestad - susurró
El carruaje llegó al palacio, enormes puertas de oro, guardias por todos lados.
Cuando bajó del carruaje una sirvienta la susurró :
-Bienvenida su majestad, su habitación está lista -
Nicolás pasó de largo sin mirarla.
Anastasia se encerró sola en su habitación, con el vestido de su hermana, casada con un hombre que no amaba y que parecía odiarla por un crimen que no cometió.