La habitación era enorme y estaba helada.
Cama con dosel, chimenea apagada, retratos de emperadores muertos mirándola.
No era la suite imperial, no tenía el escudo de Nicolás en las sábanas, tenía flores.
Anastasia se quitó el vestido sola, pesaba demasiado, las perlas la dejaron moretones en los hombros, cogió la camisa de dormir que también le pertenecía a Diana.
Se miró al espejo, pelo suelto, ojos rojos, casada y sola.
Tocaron a la puerta
-Su majestad necesita algo - dijo una criada con la vista clavada en el suelo
-No - dijo Anastasia - gracias -
Mentira, necesitaba estar en su casa, necesitaba a su mamá, necesitaba que todo eso sólo fuera una pesadilla.
Se metió en la cama, el edredón era de seda frío. Afuera Austria nevaba, no se oía nada al igual que en su cuarto sólo había soledad.
Nicolás no fue a dormir esa noche, caminaba de un lado al otro, un vaso de Whisky en la mano sin beber
Su consejero y mejor amigo Franz le había aconsejado que consumar el matrimonio, eso es lo que esperaba el pueblo.
Su general le había aconsejado usarla, pero su corazón Le decía que eso no estaba bien.
Cuando descubrió que Diana había huido se sintió traicionado, no la amaba pero había compartido 13 años con ella y se había propuesto ser un buen marido. Después le invadió una fuerte sensación de envidia.
Anhelaba ser libre, poder tomar sus propias decisiones pero desde pequeño aprendió que sus sentimientos no importaban y que la única prioridad era el bienestar del pueblo.
Se paró frente a dos puertas. A la izquierda estaba la suite imperial completamente vacía y a la derecha la habitación de invitados con Anastasia dentro.
Golpeó la pared con el puño
-No voy a hacerle esto, a esa pobre inocente -
Y se fue a su despacho a trabajar como siempre que el dolor pesaba.
El sol entró por la ventana gris, Anastasia se levantó, ojeras, con la espalda adolorida
Una sirvienta entró con el desayuno
-El emperador ordenó esto para usted, y me ordenó que la recordara que usted come en sus aposentos -
Cuando la sirvienta se fue Anastasia vio algo en la bandeja, debajo de la servilleta había una nota, papel caro, letra masculina y firme
No te tocaré hasta que tú lo pidas
Anastasia leyó la nota tres veces, se le hizo un nudo en la garganta
El príncipe no estaba siendo cruel, era... ¿Piedad? O quizás compasión.
Dobló la nota y la dejó debajo de la almohada, por primera vez en 24 horas respiró un poco.
Por fuera parecía que todo estaba bien, pero adentro una princesa dormía sola y un príncipe trabajaba solo y los dos tenían miedo.