Conquistame

9. Lilith

Cuando llegamos al hospital, lo primero que pienso es que definitivamente nos extraviamos. Este edificio tan limpio, tranquilo y pacífico no puede ser un hospital. Eso o es que la gente rica no tiene apuro incluso si se está muriendo.

Paredes color crema, sillones reclinables, una musiquita tranquila de fondo, y la gente se viste como si fueran ángeles burocráticos. He vivido en esta ciudad toda mi vida y es la primera vez que me abren las puertas a un lugar así.

Procuraré no acostumbrarme demasiado.

Victor se mueve con total naturalidad hacia la recepción. Si no lo conociera podría confiar en que es el dueño del lugar. Momento, ¿y si lo es? No debería descartarlo tan pronto, siendo que es inversionista y todo eso. Tal vez hasta es dueño de toda la ciudad, la cafetería incluída, y yo apenas me entero.

¡Qué mierda!

O... ¿qué bueno? No sé, tener un amigo en las altas esferas puede ser un gusto adquirido si me lo permitiera. Lástima que mi padre me ha criado con una impecable moral y no pienso aprovecharme de Victor, sea o no el rey del mundo. Mucho menos si está tan obsesionado conmigo. No necesita más motivos que mi forma de temblar a su alrededor para pensar que podría interesarme.

—Esto podría parece la recepción al cielo — murmuro para mi, pero Victor escuchar claramente mis tonterías.

—Si eso fuera así, solo te dejarían pasar a tí al salón principal.

—¿Y a tí qué? ¿Te enviarían abajo, con los caídos?

—Por supuesto que sí, y me coronarían como su rey.

Me río de su comentario tan tonto como adorable, porque si, una vez que hablas cinco minutos con un chico como Victor, cualquier aire de misterio y seriedad que pueda tener se transforma en ternura instantánea.

En eso, llega una enfermera, o espero que lo sea, ya que su atuendo impecable y sonrisa extensa me hacen pensar que podría estar en presencia de un rayo de sol.

—Señor Saint — dice ella — Que alegría verlo. Esperabamos que estuviera presente en el primer control.

—Yo igual — responde Victor — No es falta de confianza, pero nunca la dejo sola en estas cosas.

¿Sola? ¿O sea que estamos aquí por una chica? ¿Pensaba venir solo a ver a una chica? O peor, ¿me trajo a mí a ver a esa chica?

Es que debe ser tonto o algo. Nadie coherente trae a su supuesto interés romántico a ver a otra mujer. Es una de las reglas top 5 de cosas que no debes hacer cuando cortejas alguien.

Respiro y exhalo. Respiro y exhalo.

Una vez que el mini ataque de celos infundados se evapora como si no hubiera existido, pienso con claridad que puede haber muchos tipos de mujeres en la vida de un hombre. Su madre (que la descarto sin duda), una tía (que jamás conocí), una abuela (que posiblemente ya esté en el otro mundo), una amiga (que más le vale que no sea el caso) o una hermana. Ding-ding-ding, creo que tengo una ganadora.

La hermanita de Victor. ¿Cómo no se me ocurrió desde un principio? Debe ser la única mujer en su vida que realmente le importa como para venir a verla a su control. Y dicho eso, ¿qué tipo de control será?

—No se preocupe — continúa la enfermera — Siempre aconsejamos que los familiares acompañen al paciente. Eso ayuda al proceso.

Ella hace que Victor firme unos cuanto papeles. Procuro no mirar demasiado y mantener una actitud discreta y tranquila. Eso hace que me sienta como si estuviera ingresando a la cárcel, pero es que me repito: esto no es un hospital. Es un lugar excesivamente elegante del que no me recuperaría económicamente si por accidente rompiera algo.

La enferma le da acceso a Victor sin problemas, pero me mira con algo de pena que dice "tú no pasas, querida".

No pienso quejarme por ello. Después de todo, no debería ni haber venido. Pero Victor tiene otras ideas en mente.

—La señorita viene conmigo — le asegura a la enfermera, dándome cierto poder de presencia que se asemeja al que me dió en sus oficinas, frente al guardia de seguridad.

En esos momentos, quisiera hacer buen uso de mi dignidad y no permitir que él me dé un lugar que no me he ganado. Pero son tan pocas las veces en que puedo actuar como una consentida que ese pequeño gesto pudo conmigo, ambas veces.

—Muy bien — dice ella con una sonrisa — Que pareja más hermosa.

Casi me ahogo con mi saliva.

—No, nosotros...

—Gracias, enfermera — Victor me interrumpe.

Apoya su mano en mi espalda baja y nos guía a ambos hacia la habitación que nos indicó la mujer.

—Te encanta que la gente piense que estamos juntos — digo.

—No tengo por qué negarlo.

—¿Qué te parece esta razón? No estamos juntos.

—Solo es cuestión de líneas temporales. Cuando estemos juntos y vengas conmigo al hospital, nadie recordará el momento en que no lo estuvimos.

Si es que volvía. En general no soy fan de estos lugares, en especial porque papá ha pasado mucho tiempo en ellos y nunca traen tantas buenas noticias.

—De verdad tienes exceso de confianza — aseguro.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.