Llegar a casa después de pasar la tarde en el hospital suele sentirse como pisar el cielo. Pero en esta ocasión en particular, es todo lo contrario. Siento que la pesadez del infierno se cierne sobre mi desde que perdí de vista a Lilith hace ya unas cuantas horas.
No puedo dejar de pensar en ese beso. Tan perfecto y divino como ella.
Admito que fue algo torpe y veloz... estaba más nervioso de lo que hubiera pensado cuando decidí involuntariamente inclinarme hacia sus labios. No sé qué me poseyó, qué se me cruzó por la cabeza para hacer algo tan repentino.
Hubiera imaginado que nuestro primer beso tras el reencuentro sería a la luz de las velas, bajo la luna llena, en una cita perfecta. Ella sonriendo porque la hago feliz, yo admirándola porque no podría ser de otra forma. Sería suave, despacio, lleno de toda el sentimiento que he reprimido por años.
¿Cómo pude arruinar semejante escena de ensueño en un momento de debilidad frente a la entrada ed un hospital?
Solo sé que no me arrepiento. Fue una tontería, pero ahora mismo no la cambiaría por nada.
Saber cómo se sienten sus labios de esa forma vale más que cualquier planificación que podría haber hecho.
Liz y yo entramos a la casa. Me dirijo directamente a la cocina, seguido por ella como una sombra. Está algo ansiosa desde que salimos del hospital, no sé bien por qué.
Reviso la heladera con atención. La anemia podría no ser muy grave pero quiero asegurarme de que coma bien antes de ir a dormir.
—¿Qué quieres cenar? — le pregunto.
—Oye, ¿a tí qué te pasa? — exclama ella desde su asiento en la barra de la cocina.
La miro sorprendido.
—Solo fue una pregunta, Liz.
—¿Cómo puedes pensar en comida ahora?
—¿En qué debería pensar, según tú? Es hora de la cena y tú tienes anemia, así que no puedes pasar de comer esta vez.
Ella niega con la cabeza mientras se aferra con las manos a su cabello. Detesto cuando la adolescencia le pega tan duro que no puedo entenderla. Yo nunca fui así de descontrolado, o al menos eso creo.
—Victor, llevo años escuchando hablar de esa chica, Lilith — dice.
—Exageras.
—¿Tú crees?
No, por supuesto que no.
Mi hermana ha sido casi una confidente para mí por años. No tengo muchos amigos y la gente con la que trabajo me tiene en un pedestal la mayoría del tiempo, así que nadie es tan cercano como entender lo que siento por Lilith, lo que necesito de ella, lo que ansío tener con ella.
Liz es una enamorada del amor. Esas historias siempre la hacen feliz, así que ver a su hermano perdiendo la cabeza por una mujer es como la novela de la tarde para ella. Le encarna, la desespera y sabe exacto qué tiene que hacer los personajes.
—Fue una gran amiga, alguien importante — le aseguro — Y fue significativo para mi que se conocieran.
—Lo sé, hermanito.
—Pero ahora mismo estoy contigo y tienes que comer.
—De nuevo con eso. Está bien, finge demencia con tu hermanita. Solo espero que no te estés arriesgando con una chica que no vale la pena.
—Lilith es un tesoro. Por supuesto que vale todo mi esfuerzo.
Y más. Nunca le habría presentado una mujer cualquiera a Liz. Jamás me habría arriesgado a meter a alguien que no vale la pena en mi vida. Lilith es perfecta, un ángel, una diosa.
Si, si. La idealizo demasiado. Pero es en sus imperfecciones donde encuentro más de su belleza, su gentileza, su luz.
Si alguien que me hace ver la vida de colores como ella, que me hace sentir que vale la pena estar vivo como ella, no merece el esfuerzo, entonces me resigno. Estoy condenado a no amar ni ser amado románticamente por nadie.
—Solo digo que ojalá pudiera recordar algo de ella para así poder decir que no has perdido la cabeza por cualquier mujer, pero era un bebé...
—¿Tu punto?
—No sé nada de esta chica, así que ten cuidado con lo que haces o podría terminar con el corazón roto.
A pesar de su gran afinidad con el romance, Liz todavía es una niña, y hay cosas que no entiende. Como que yo llevo cargando un corazón roto desde el momento en que me separé de Lilith cuando era solo un niño.
Desde entonces, junto pedazo a pedazo para que ella, algún día, pueda pegar todo de nuevo con su afecto y amor.
Dios, me escucho y estoy seguro que sueno patético, idealista, cursi. Más solo me avergonzaría de renunciar a esa ilusión. Yo sé que Lilith me ama como la amo, sé que estamos destinados para toda la vida.
—Dicho eso — agrega mi hermana — Hoy conocí a una persona amable, divertida, agradable y muy hermosa. Así que en lugar de pensar en la comida, piensa cómo hacer para casarte con ella de una vez. Así todos podremos continuar con nuestras vidas.
Me rio
—Cuando esté seguro de que ella diría que sí, le daré el anillo más bonito que encuentre — le aseguro — Por ahora, estamos en tierra de nadie.
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Editado: 18.05.2026