Ha pasado todo un día.
Veinticuatro horas.
Infinidad de minutos, y ni hablar de los segundo.
En resumen, más tiempo del necesario para seguir con mi vida como si aquel estúpido y tierno beso nunca hubiera pasado.
¿Y qué ocurrió?
Que no fue así. Llevo todo el día pensando en los labios de Victor, en su toque, en la ligereza y calidez de su caricia, su delicadeza y afecto impregnados en ese simple gesto.
Confundí cuatro pedidos, y me zampé la mitad de los pastelillos solo por ansiedad, para quitarle el aroma a menta de su aliento. ¿Cómo pude identificarlo si ni siquiera abrió la boca para besarme? Fue un mero toque de labios.
Y aún así, se quedó grabado a fuego en mi piel.
De alguna forma, me hizo pensar en mi primer beso. O al que creo que fue mi primer beso, no sé. Siempre había deseado que fuera con Victor cuando era niña, pero en la secundaria un chico mayor llamó mi atención. Era el rebelde de la clase, el que nunca hacía los deberes y no se ajustaba la corbata. Daba las lecciones orales con un aire despreocupado y siempre sonreía cuando veía que las chicas lo comían con los ojos en la clase de gimnasia.
Había procurado no ser de esas chicas para no caer en el montón. Y funcionó. En una fiesta de alguna de las niñas ricas, nos encontramos en pleno juego de la botella. No sé qué tanto que explicar a partir de aquí, que no sea obvio, pero solo diré que terminamos en un armarios, solos.
¿Por qué toda esa escena me recuerda el beso con Victor?
Porque en la oscuridad de ese armario, con un chico malo que en realidad estaba más nervioso que yo, al que le sudaban las manos e intentó hacerme halagos para fingir seguridad, yo pude imaginar a la persona que quería en realidad. Y no fue difícil, ya que esa timidez podía pertenecer perfectamente al Victor que conocía.
La noche en el hospital-no-hospital, Victor se inclinó hacia mi con algo que podía aparentar ser seguridad pero se delató como impulso nervioso cuando nos separamos y su pecho subía y bajaba a un ritmo anormal esperando que diga algo.
No sé...
Tal vez vi cosas que no eran. Tal vez esperé cosas que no serían nunca.
El punto es que Victor Saint lleva 24 horas invadiendo mis pensamientos sin permiso ni condena, y eso va a terminar en este momento exacto.
Entro a mi casa con una energía renovada. Concentrada únicamente en el hombre que está nuevamente en su sillón favorito. Esperaba verlo con el televisor encendido u otro de sus viejos álbumes en el regazo, pero no.
Mi padre de casi 60 años tiene una computadora frente a él. ¿Quién lo ha visto y quién lo ve?
—Hola, pa — saludo mientras me acerco.
—¿Qué tal tu día, querida?
—Fantástico. Muchos clientes, muchas propinas. Y ya no siento los pies, pero ¿para qué los necesito?
Esboza una sonrisa.
—Me alegro mucho — dice — ¿Por qué no vas a descansar, cielo?
—Eso haré. ¿Tú qué...?
Al acercame más a la pantalla, veo claramente la página web que mi padre revisa con tanta atención. Sinceramente, esperaba agarrarlo con las manos en la masa, algo escandaloso o incluso criminal.
¿Cuándo aprenderé que mi padre es algún santo reencarnado?
—¿Desde cuándo tienes Linkedin, pa? — pregunto divertida.
No es que crea que no puede tenerlo o que es muy viejo, pero en definitiva no es la clase de cosas que a mi padre le interesan. Creo que jamás aprendió a usar Facebook.
—Solo estoy viendo — responde — Toda esta tecnología ahora es importante para los trabajadores y no quiero quedarme atrás.
¿No es un tierno? Yo espero estar medio muerta en mi cama cuando tenga su edad, sin mover un solo dedo salvo para hacer algún pedido de comida a domicilio. Y él no puede estar sin hacer algo, lo que sea, de preferencia mejorar en la vida.
Hubiera sido heredar esa parte de él, pero me conformo con ser así de trabajadora y autosuficiente.
—Me parece genial, pero tuviste una entrevista la semana pasada — le recuerdo — Estoy segura que te llamarán.
No tengo que ver su cara para saber que no concuerda conmigo en lo absoluto. No tengo dudas de que mi padre se lució en su presentación y que causó una buena impresión, sin mencionar que sus años de experiencia y conocimientos tuvieron su momento de fama. Pero la gente de hoy en día no toma nada de eso en cuenta para contratar.
No pienso decirle eso a mi padre cuando lleva mucho tiempo tratando de volver a la acción, antes de perder la cabeza en la casa. Más los dos sabemos que le espera un camino muy sinuoso.
—Lilith, soy viejo y tengo problemas médicos — dice él — Mis años en la construcción ya han quedado atrás.
—Nunca se sabe.Tal vez no en construcción pero algo bueno podría pasar cuando menos lo esperas.
—No creo...
Me siento frente a él y lo obligo a mirarme.
—¿Por qué eres tan negativo?
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Editado: 18.05.2026