Conquistame

13. Victor

La mejor parte de mi día siempre es ver a mi amada Lilith.

Por eso cuando la veo trabajar apenas piso la cafetería de su amigo, pienso en lo alegre que está mi alma al verla tan satisfecha con su trabajo, e ignoro el hecho de que pasa mucho tiempo en él.

Lo cansada que está es solo visible para mi ojo experto que sabe más detalles sobre esa mujer que ella misma.

La observo ir y venir entre mesas. Pasar por la barra. Servir bebidas. Es un baile que interpreta a la perfección siempre con la amabilidad y la sonrisa de una princesa. Quedo hipnotizado al punto de que solo la pierdo de vista cuando su amiga Bricia se para frente a mi.

—Hola, señor acosador.

Enfoco la vista en ella y trato de poner mi mejor sonrisa. No es ningún gusto que me prive de ver a Lilith pero sospecho que no me conviene ganarme la desaprobación de esta mujer.

—¿Acosador? ¿En serio? — pregunto.

—Lo siento, es lo primero que se ocurrió cuando pensé "viene casi todos los días, envía regalos y no deja en paz a mi amiga"

—Es justo.

Bricia pasea su vista por todo mi cuerpo. Querría decir que me halaga pero con su ojo clínico hasta me siento vergonzosamente desnudo en un lugar público.

—Dicho eso — continúa — Con un acosador tan guapo, yo me dejaría perseguir.

Me sonrojo por un momento ante su falta de verguenza, luego abro la boca para replicar pero su novio, Zev, es rápido.

—Aún soy tu novio, Bricia — le recuerda.

—Y yo sigo siendo tu novia aunque tengas que pensar en Sailor Moon cuando estamos en la cama.

Evito sonreír de solo imaginar la escena. Siento algo de respeto por el pobre hombre. Más Zev se muestra indignado de todas formas y se lo demuestra a su novia.

—¿Tienes que hablar de nuestra intimidad frente a extraños?

—No tendría que hacerlo si no te metieras donde no te llaman.

—-Lilith también es mi mejor amiga.

—Pero yo soy más intimidante.

Pobre del que discuta eso.

Una chica de su complexión, estatura y cara angelical no debería lanzar las palabras del Diablo pero así es.

Sin embargo, soy un gran admirador de Bricia. Neide y Ryu han investigado sobre ella, algunos detalles relevantes de su vida y su relación con mi amor. Resulta que es una joven muy activa y excepcional en varias áreas académicas. Pero nunca tuvo la ambición de hacer algo con ello.

Zev, por otra parte, siempre tuvo en mente el negocio familiar de la cafetería. Ya sea por falta de algún otro interés o por presión de sus padres, siempre supo que el café correría por sus venas hasta el día que ya no esté en este mundo. Supongo que no le importa demasiado siempre que su novia y su mejor amiga puedan estar ahí para apoyarlo.

Y si bien saber cómo, cuando y donde conocieron a Lilith era lo que más me interesaba de todo el informe, mis asistentes han encontrado un detalle de su relación que puede ser mi as bajo la manga.

Llevo 20 minutos escuchando cómo Bricia tiene que aguantar los videos X de su novio cada vez que quieren tener relaciones, mientras que Zev debe hacer la vista gorda cuando ella ve las películas de Chris Hemsworth por el mismo motivo.

En realidad perdí todo el hilo de la conversación, y no creo que vaya a lamentarlo.

—¿Saben qué? — los interrumpo educadamente — Es muy interesante ver de primera mano esta dinámica de pareja. Podría aprender mucho solo escuchándolos pelear. Pero no vengo a eso. Si me disculpan.

—Momento ahí, cariño.

Bricia evita nuevamente que avance hacia Lilith. Su expresión hasta entonces relajada y juguetona se torna seria y amenazante, en especial cuando se cruza de brazos.

—¿Cuáles son tus intenciones con mi amiga? — me lanza de repente.

—Bricia — le dice su novio.

—Ssshhh

Dado que ella hizo la pregunta con tanta seriedad, me pongo firme y le respondo con la misma cortesía.

—Sabes bien cuáles son mis intenciones. No solo porque eres una mujer brillante sino porque seguramente tu amiga te las habrá dicho.

—Quiero oírlas de tu boca.

Era de suponerse. Alguien de armas tomar no acepta que haya terceros en el medio. Respeto eso. Las mediaciones pueden provocar malos entendidos, y estos llevan a fallas en la trama. No quiero eso en mi historia con Lilith.

Además, no tengo nada que ocultar. Si tengo que repetirle, uno a uno, a cada integrante de la ciudad que amo a esa mujer, así lo haré.

—Amo a Lilith — respondo — Lo he hecho toda la vida y lo seguiré haciendo. Solo intento demostrarlo.

—¿Con cosas materiales? — dice ella — Eso más bien parece significar que intentas comprar su cariño.

—En absoluto. Los regalos solo son el comienzo para que ella entienda lo mucho que me gusta y lo poco que ya sé de ella. Lo que aprecia, lo que necesita...

Los libros y las flores pueden haber sido un desesperado intento para llamar su atención. Aprendí de ese error y fue a lo que nadie hubiera esperado. La laptop y el télefono serán útiles en su día a día. Y podría jurar que nunca se dio el lujo de tener algo nuevo propio.




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