Conquistame

15. Lilith

—Cariño — me saluda mi padre en cuanto me ve entrar por la puerta — ¿No es algo temprano para que estés de vuelta? Pensé que tus amigos tenían más aguante para las fiestas.

Bricia seguro que si, pero Zev y yo somos dos viejos en el cuerpo robado de unos jóvenes. Sonrío cansada cuando me acerco a él para dejar un beso en su cabeza.

—Lo tienen pero yo no — respondo y me siento a su lado.

—Nunca te detuvo para seguirles el paso.

—No esta noche.

Él me mira algo confundido. Extiende su mano para sujetar la mía y pregunta:

—¿Qué tienes, cielo?

Llevo reuniendo valor desde que dejé la fiesta de cumpleaños de Zev para preguntarle a mi padre sobre su negocio con Victor. Y digo valor como podría decir frustración reprimida.

Sé que no tengo motivos para estar enojada, pero sea lo que sea que ese fantasma del pasado tenga con mi padre, tengo derecho a saberlo y no puedo creer que me excluyan así.

Respiro profundo para que las palabras no salgan con ira.

—Victor se apareció en el depto de los chicos. Con dos autos nuevos.

—¿Uno no es suficiente?

—Fueron un regalo. Para Zev y para mí.

—Vaya.

Me quedo esperando que ese "vaya" no sea la única cosa que me padre diga. ¿Es que no me escucha? Porque me evita la mirada de repente y no sé si es culpa o solo ignorancia paterna de cómo tratar el tema.

—¿Es todo lo que dirás? — le digo.

Él encoge los hombros y sonríe.

—Bueno, pobre Bricia. Ella también merece un auto nuevo.

Muy bien. He llegado aun punto de no retorno.

Me pongo de pie frente a mi padre y me cruzo de brazos. Nunca fui una niña que necesitara castigos o sermones. Siempre fui bien portada. Pero las películas me han enseñado cómo es un padre intimidante y ahora mismo me presto a mi mejor interpretación.

—¿En serio? — exclamó — ¿No dirás nada respecto a Victor y todo lo que ha hecho?

—No sé a qué te refieres.

Su forma tierna de fingir inocencia no me va a ganar esta vez.

—¿Por qué finges que no sabes de dónde vienen todas las cosas que recibimos? — pregunto seriamente — Tu serie de albañiles. Mi computadora. Las flores. ¿Crees que aparecen de la nada? ¿Que el hada de las buenas personas nos eligió este mes?

—¿El hada de qué?

—Responde.

Mi padre retoma su gesta adquirido y se encoge de hombros con una expresión facial inentendible.

—Creo que te las mereces — dice — Y si no llegan con una lista de condiciones, no te haría mal aceptarlas.

Dejo salir el aire de mis pulmones con fastidio y cansancio. Llevo mis manos directo a mis sienes para minimizar el dolor de cabeza.

Y ni así quiero matar menos a mi padre.

—Debe ser una broma — digo calmadamente — Tú, que no dejaste que tus padres te compraran la casa porque querías ganarte el dinero limpiamente, me dices que acepte regalos de un extraño solo porque si.

—Victor no es un extraño.

Lo miro extrañada. O quizás, satisfecha.

Acaba de pisar un palito muy ruidoso que encendió una gran alarma en mi cabes.

—¿Qué has dicho? — pregunto — ¿Que no es un extraño? ¿Tú cómo sabes eso, padre?

—¿De verdad crees que no lo reconocí en cuanto lo vi? — responde — Ese chico pudo haber crecido varios centímetros pero aún sonríe nervioso cada vez que me mira a los ojos.

A veces subestimo a mi padre más de lo que debería. Es un viejito tierno y cariñoso pero también tiene la astucia de un zorro. Me deja creer que tengo el control y ¡bam! Solo sé que no sé nada.

Y es admirable que la memoria solo le falle en algunas cosas y en otras parezca un elefante. Victor no solo es más alto. Desde su piel hasta la punta de sus dedos es un hombre en toda forma. ¿Quién podría reconocerlo después de tantos años?

—Siempre lo supiste — digo para mi.

—Soy viejo, no tonto.

—Pero él no sabe que sabes.

—De nuevo, viejo, no tonto.

Vuelvo a tomar un lugar a su lado.

—¿Por qué ocultarlo? — pregunto.

—Debe haber una razón por la que él no me lo dijo cuando vino a hablar de negocios. Solo respeto eso.

—Si, cree que su relación conmigo en el pasado puede afectar tu decisión.

—No hay razón para preocuparse por eso. Mi decisión solo fue afectada por mi juicio.

No me sorprende. Mi padre debe ser de las pocas personas en el mundo que es incorruptible. Si lo sabré yo que siempre quise sobornarlo con galletas para evitar la tarea, y nunca logré nada.

Pero algo en lo que dijo queda volando en mi mente.

—¿Fue? — pregunto — ¿Significa que ya tienes claro lo que le dirás?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.