La media hora que llevo esperando a que Lilith aparezca por la puerta de la cafetería es la mejor y la peor de mi vida. Sé que va a llegar y el solo verla hará que todo mi día comience con la mejor de las suertes, pero también podría significar una despedida definitiva por su parte y eso sí que traería a todas las nubes negras.
Supongo que no es buena señal que haya elegido este lugar y no el negocio de su amigo. No quiere que nos vean juntos o le doy vergüenza. También cabe la posibilidad que Bricia sea la responsable. Lilith siempre fue celosa de su intimidad y su nueva mejor amiga no conoce esa palabra.
Como sea, dejé el desayuno listo para Liz, como siempre. Arreglé mi mañana con Neide y Ryu para que no tuvieran que interrumpirme por un par de horas. Y llevo haciendo ejercicios mentales de respiración hace... bueno, media hora.
Lilith cruza la puerta tal y como llevo minutos imaginando: preciosa, tranquila y directo hacia mi.
Me pongo de pie como un caballero para saludarla y apartar la silla para ella.
—Buenos días, monita.
Me mira con algo de recelo pero al final toma asiento.
—Lo siento, llego tarde — dice.
—No, yo llegué temprano — cuendo ella ya está en su lugar, yo ocupo nuevamente el mío a su lado.
—¿Ansiedad?
—Entusiasmo.
Y miedo. Últimamente tengo la cabeza en las nubes, básicamente desde que volví e hice que conquistarla sea mi misión en la vida. Pero en especial después de que ella dijera tan cruelmente que no me amará nunca, lo cual fue anoche pero se siente como un peso que llevo cargando meses.
No quería perder la hora del encuentro solo por despistado preguntándome ¿qué será eso tan importante que quiere decirme en persona?.
—Te ves hermosa — le digo al verla con sutileza. Su blusa clara y pantalones rotos solo resaltan su belleza natural.
—Victor, no exageres — responde — No hice nada especial.
—Lo sé. E igualmente eres hermosa.
—A veces no sé si golpearte por decir tonterías o besarte por hacer que me ruborice.
Como siempre, una Lilith incapaz de aceptar un cumplido. Usa ese repelente desde que la conozco y de alguna me culpo por ello. Si la hubiera acompañado todos estos años, ya estaría acostumbrada a que la gente, en especial yo, le dijeran lo precioso que es solo por existir.
—Si puedo elegir, por supuesto quiero la segunda opción — le aseguro.
—Lógicamente.
Sonrío y ella igual.
Parece una pintura en acuarela cuando apoya su rostro entre sus manos para mirarme con cansancio. Difusa, en colores claros y aún así perfecta. Ojalá tuviera una cámara integrada en los ojos solo para captar este momento eternamente. Supongo que mi buena memoria deberá bastar.
Me pierdo tanto tiempo mirando a Lilith que casi no me doy cuenta que la mesera llegó a nuestra mesa, con el papel y lápiz en mano para tomar nuestra órden.
—¿Qué tal? — dice ella — ¿Qué puedo servirles?
Gracias a mi tiempo libre sentado en esta mesa, tengo bien estudiado lo que quiero tomar. Así que respondo sin mirar la carta.
—Un té de hierbas para mí, por favor. Y un scone de queso.
—Claro – la mesera sonríe mientras anota velozmente mi pedido.
—Y yo quiero un café helado con crema y chocolate. Y unas galletas de vainilla.
Lilith tampoco hizo uso de la carta. Tal vez este es un lugar al que viene seguido. Debo anotarlo en la lista de cosas que le gustan para más adelante.
La mesera a penas le presta atención cuando anota lo que ella dijo. Su mirada sigue puesta en mi. Y así continúa al menos otro par de minutos, hasta que se entera que está trabajando y no puede quedarse ahí parada.
A Lilith nunca le pasa eso. Ella es una profesional, una experta en atención al cliente. Esta niña debería aprender de mi chica, no ignorarla.
—Vuelvo en un segundo — dice cuando cae a tierra y se retira.
Vuelvo hacia Lilith que me clava su mirada acusadora como si yo hubiera roto un plato.
—¿Qué?
—¿Te pasa seguido? — pregunta.
—¿De qué hablas?
—No soy tonta, Victor. Tal vez no sea una experta en coqueteo pero aprendí a identificar charcos de baba para no resbalar en ellos.
Interesante metáfora. Me encantaría preguntar si esa baba estaba dirigida a ella o era propia porque vio a alguien que le gusta. Sea cual sea la respuesta, sé que no me va a gustar. ¿Que alguien la admire o que ella se quede viendo a alguien? Ninguna opción es buena.
—¿Quién es la exagerada ahora? — respondo.
—Solo dime, seriamente, ¿qué tan seguido las mujeres se desviven para llamar tu atención?
Muy seguido. Casi cada día. Y desearía decir que solo ocurre en la calle pero en mi línea de trabajo las mujeres CEO empoderadas que son adictas al trabajo abundan, y son la clase de persona que saben lo que quieren, cuando lo quieren.
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Editado: 18.05.2026