La mañana llena de negociaciones con Lilith no deja de ser lo primero en lo que pienso apenas me distraigo un poco de mi trabajo. Neide y Ryu no me dicen nada, claro. Soy su jefe y firmo sus cheques. Pero llevan un buen rato dándome empujones discretos cada vez que notan mi mirada perdida o que mis manos en realidad no teclean nada.
Hacer análisis de estado, revisar balances y comparar empresas inmobiliarias no me parece importante hasta que Neide y Ryu me recuerdan una gran verdad.
—Señor, si usted no presta atención a lo que hace, perderá dinero. Si eso pasa, la salud de su hermana podría verse afectada — dice Neide.
—Ergo — le continúa Ryu — No tendrá recursos para su plan de conquista y el estilo de vida que quiere darle a la señorita Lilith. Sin mencionar que se verá muy mal como hermano mayor.
Su chantaje emocional, aunque crudo y devastador, es certero y honesto. El dinero no lo maneja todo pero sabemos que sigue siendo un poderoso motor. Si no tengo que preocuparme por él, puedo hacer todo lo demás con más calma.
Y definitivamente, Lilith y Liz son lo más importante.
Salgo de la oficina un par de horas después para llevar yo mismo unos informes de conducta a Recursos Humanos. Además de quedar como buen jefe, aprovecho mi viaje para hablar con ellos sobre los cursos de capacitación para nuevos empleados.
Quiero asegurarme que Gianni tendrá todo lo que necesita para esta nueva etapa laboral. Confío en que sabrá adaptarse bien al área que le asignaré cuando todo esté formalizado, ya que es un hombre simpático muy trabajador. Sin embargo, no me cuesta nada hacer las cosas más sencillas para él y hasta crear un programa especializado en su experiencia de vida en las construcción.
Supe casi de casualidad que ese hombre ya me había reconocido desde el primer encuentro. En efecto, no se le escapa nada. Fue algo decepcionante no poder jugar un rato más al hombre misterioso pero en cierta forma me alegra haber dejado una marca en él tanto como en su hermosa hija.
Al volver para mi oficina, tengo una sonrisa de oreja a oreja pensando en la primer cita oficial de pareja que tendré con Lilith. Una de mis principales órdenes del día fue que Neide y Ryu volvieran realidad una idea que tengo plantada en la cabeza de hace bastante tiempo. Sé que ellos la harán realidad sin sudar ni una gota.
Y por si mis asistentes no fueran garantía de calidad, mi querida hermana se enteró de todo gracias a su carisma y los espías que encanta en mi oficina. Se prestó para ayudar, o más bien, me amenazó con que si no la dejaba participar, se acostaría con uno de sus médicos.
Habrá quién se ría de mi por pensar que un doctor de 30 y tantos se fijaría en una niña de 17 años, pero yo no peco de iluso.
En cuanto abro la puerta, esa sonrisa de la que tanto estaba gozando, desaparece de un manotazo. Mi querido padre yace sentado frente a mi con su típica expresión de desaprobación.
—¿Qué haces aquí?
Cierro la puerta y me encamino a mi asiento detrás del escritorio. Al menos tuvo la decencia de no ocuparlo en mi ausencia.
—No atiendes las llamadas, claramente tus asistentes no te pasan mis mensajes, y nunca te apareces por la casa. ¿Qué querías que hiciera? — responde.
—¿Captar el mensaje? No quiero escucharte, mucho menos verte, padre.
—Pues lástima, porque aquí estoy.
Ryu entra con una bandeja en la mano. La deja en la esquina más cercana a mi y comienza su rutina para servirme café.
—Disculpe, señor — murmura para mi — Fue imposible hacerle entender...
—No te preocupes. Sé bien qué tan dura tiene la cabeza este hombre. — mi respuesta no es tan discreta y me aseguro de mirar fijamente a mi padre por si el mensaje no se comprendiera lo suficiente.
Mi asistente deja una taza de porcelana frente a mi con la cuchara y mis galletas de vainilla. Las mismas que le gustan a Lilith. Quiero acostumbrarme a sus gustos para formar parte de ellos.
Con una ligera mirada despectiva que sé reconocer muy bien, Ryu voltea hacia mi padre con la bandeja en mano y se retira de nuestra presencia.
—Gracias, Ryu — le digo antes de que cierre la puerta.
—Un placer, señor.
El café está perfecto. Como siempre.
Y la cara amargada de mi padre por no disfrutarlo lo vuelve todavía más dulce.
—Deberías despedirlo — me dice seriamente.
—¿Solo por consejo tuyo? No, gracias — dejo la taza sobre el escritorio — Mis asistentes valen demasiado para mi como para dejarlos libres.
—A mi me hubiera gustado un café.
—Sales a la calle, compras uno y de paso no vuelves aquí. Neide y Ryu están para acatar mis órdenes, y una de las principales es no ser amable con las malas personas.
Un término demasiado cortés para lo que es mi padre.
Contínuo con mi trabajo como si este hombre no estuviera frente, y eso claramente no es de su agrado.
—Eres un inmaduro — dice el hombre que si no recibe atención hace un puchero y tira al piso a gritar.
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Editado: 18.05.2026