Conquistame

20. Victor

Cruzo el umbral de la entrada con una sonrisa imposible de borrar en mi rostro. Llevo todo el día con ella pegada en la cara, hasta el punto de que mis asistentes quisieron llamar al médico por si estaba teniendo un infarto en medio de la oficina.

En algún punto, recordaron que hoy tuve mi cita con Lilith en la mañana y dos mas dos siempre será cuatro. Se alegraron por mi aproximadamente 2 segundos antes de pedirme que vuelva a ser el mismo de siempre y terminara mi trabajo a tiempo.

¿Quién es el jefe de quién?

Dejo las llaves y el saco donde corresponde y llamo a mi hermanita. Quisiera empezar el interrogatorio que planea para mí lo antes posible.

Pero antes de gritar su nombre, mi celular suena y en la pantalla está su nombre y foto.

—Liz, ¿estás bien?

—No — responde — Tengo un hermano idiota que tiene su primera cita con la mujer de sus sueños y no me llama para contarme cómo le fue.

—Acabo de llegar a la casa. ¿Por qué me llamas?

—-Salí con unas amigas de la escuela. Pero estuve esperando noticias tuyas.

Ciertamente, ya no tengo una sonrisa y la extraño mucho. No importa la edad de Liz, yo la trateré como una niña hasta que tenga sus propios hijos y empiece a portarse como una verdadera adulta. Y si, incluso entonces, será mi hermanita pequeña.

—¿Qué amigas? — pregunto — ¿Dónde estás?

—Tranquilo. Una de tus sombras me sigue como perrito faldero.

Seguro se trata de Ryu. Neide no tiene la paciencia para lidiar con adolescentes. Aunque ambos salieron temprano del trabajo hoy por "diligencias personales". Ya me preocuparé mañana porque uno de ellos se haga el niñero voluntario de mi hermana sin permiso previo.

—Ya dime, ¿qué tal salió todo? — insiste ella.

Y así como acaba de darme un pequeño disgusto, me devuelve la alegría al hacerme pensar en Lilith.

—Fue perfecto — respondo — La sorprendí con lo de los libros. Estuvimos horas leyendo, comimos lo que más le gusta, y hablamos con confianza.

Escucho como deja escapar un ligero chillido de emoción. De hecho, escucho varios. Apostaría que la desgraciada me tiene en alta voz para que sus amigas oigan y no me lo dijo.

—¿Se besaron? — pregunta.

—Sabes que no puedo hacer eso. Te dejé leer el contrato, Liz.

Así como oía risitas a la distancia, me llegaron los llamentos por la falta de detalles y la intriga por el dichoso contrato.

—Oye, eran como 200 páginas — me recrimina mi hermana — Tengo una vida.

—Claro...

Toma haciendo en el sillón de la sala para el resto de la conversación. Si el interrogatorio será vía telefónica, al menos quiero estar cómodo.

—Siempre puedes quitarte la frustración besando una naranja — me dice ella para que sus amigas se rían al fondo.

—Que niña tan graciosa.

Me sentiría humillado de todo esto si no estuviera extasiado por haber tenido una gran cita, y satisfecho de que a pesar de las circunstancias, mi hermana haya podido encontrar un grupo de amigas que la hace feliz.

Nunca fue fácil para ella tener gente cerca con la que congeniar. Siempre acaban dejando los hospitales o... bueno, falleciendo. En las escuelas solía ser la niña que no podía hacer gimnasia por su delicada condición, o la sobreviviente del cáncer que en cualquier momento podía tener una recaída.

La adolescencia trajo consigo muchas inseguridades y nuevos problemas, pero algo positivo en esta etapa de la vida es la rebeldía. Liz puede mirar a un hombre adulto a los ojos y mandarlo al diablo sin morderse la lengua, y al final de cuentas creo que eso la ayudó mucho a saber juzgar quién es y quién no es una persona que vale la pena conocer.

—Pero, en serio, creo que me estoy acercando a ella — le dejo saber — Hoy dijo que cada vez le cuesta más resistirse a mis gestos.

Nuevamente, risitas de niñas al otro lado de la línea.

—Es una gran noticia — responde mi hermana — Te felicito.

—Gracias.

—Pronto dejarás de ser virgen, como yo.

Casi salto del sillón y solo le presté atención a la palabra "virgen".

—¡Liz! Si me entero que tú...

—Ya, ya, tranquilo. Es broma.

Ryu y Neide debería ver cómo estoy ahora mismo. Así recordarán cómo se ve mi cara cuando estoy por tener un verdadero infarto.

—Y yo no soy virgen — aclaro, aunque me arrepiento enseguida.

La opinión que tenga de mí un grupo metiche de adolescentes no debería importar.

Lo cierto es que no me han faltado mujeres en la vida. Soy un fiel creyente de que la experiencia es una maestra cruel pero también sabia. Y lo último que quería de jóven, era reencontrarme con Lilith y no saber cómo "estar" con ella.

Era un niño tan estúpido.

Puedo contar con una mano mis encuentros sexuales, y en todos la imagen de mi chica es la principal que recuerdo. Si, era la única forma de estar motivado en el momento. Luego me sentía algo culpable con esas mujeres. Yo nunca tuve madera de mujeriego o rompe corazones serial.




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