Conquistame

21. Lilith

Agradezco al cielo que el día haya pasado tan rápido. Que los clientes no hicieran su típica actuación de superados y aceptaran el pedido tal cual lo solicitaron. Y que mañana es mi día libre.

Amo trabajar. Sé que me sentiría vacía y aburrida si pasara todo el día en la casa haciendo nada. Eso es herencia directa de mi padre. Pero nadie va a negar que un día sin hacer nada es como pisar con un pie el paraíso por un par de horas hasta que Satanás nos reclama de nuevo en la Tierra.

Bricia y Zev se quedaron conmigo para cerrar el café. Nuestro jefe se fue temprano para tener su cena romántica con su esposa, de nuevo.

Mientras ellos hablan, o discuten, cerca de su lujoso auto, yo me aseguro que la cerradura esté bien cerrada y ajustada. Es mi paranoia personal ir a dormir rememorando si cerré bien o no el local. No puedo evitarlo, tengo que estar segura o no podría sobrevivir a ser la responsable de que haya un robo o algo peor.

Por eso dudo mucho que mantener mi propia librería sea buena idea. Me volvería loca tratando de dirigir un negocio yo sola aun cuando soy casi un experta en el tema de los libros.

Por otra parte, odiaría menospreciar un regalo tan perfecto, que se ajusta a mi como un guante. Victor lo pensó todo muy bien y se merece un pequeño (muy pequeño) reconocimiento por ello.

Tal vez debería conservarla como mi librería personal. ¿Eso sería muy demente?

Se siente extraño la forma en que despacio y con paciencia, mi viejo amigo de la infancia ha conseguido ablandar mi corazón con tanta eficacia. Se abrió un camino entre las espinas para hacerme feliz, eso lo veo claramente.

Y como cuando se habla del Rey de Roma, este siempre se asoma, me bastó con pensar en Victor para que su nombre apareciera en la llamada entrante que estoy recibiendo.

—Solo han pasado 24 horas — digo al contestar — ¿No pudiste portarte como todos los hombres del mundo y olvidar llamarme hasta dentro de unos días?

—La gente común responde con un "hola" a las llamadas. Y si es su novio, con un tono más cariñoso.

—Sabías dónde te metías cuando firmaste el contrato.

—Y vaya que si, monita.

Reviso nuevamente la cerradura y al estar tranquila de que todo está en orden, me alejo de la puerta y también de mis amigos que siguen varados en su pequeño pleito de amantes.

—No tengo nada para contarte — digo — Mi día fue super normal.

—Con oírte me alcanza.

—¿Ah si?

—Es que sé que te gusta cuando me porto normal y no te invito a salir después de 24 horas. Debo conformarme con poco y de calidad.

—¿Ya quieres una segunda cita?

—Sin ninguna duda.

Sé que no puede verme pero pongo los ojos en balnco de igual forma.

—¿Y ya sabes cómo superar la última? — pregunto — Porque dejaste tu propia vara muy alta, señor importante.

—Es cierto, aposté fuerte a la primera cita. Pero no me arrepiento. Haberte impresionado valió la pena.

—¿Quién dice que me impresionaste?

—Tú misma. ¿O acaso fui yo quién sacó el tema de la segunda cita?

Bien, fue un buen jaque. Yo me metí sola en la trampa, así que yo solita saldré.

—¿Cómo está tu hermana? — cambio de tema abruptamente.

Escucho su resoplido sonriente. Si, sé de buenas a primeras que está sonriendo. ¿Cómo? Tengo la experiencia suficiente con este nuevo Victor como para notar que le sale naturalmente sonreír cuando se trata de mi.

Me siento halagada, y eso nunca se lo diré.

—¿En serio vas esquivar el tema? — me pregunta.

—¿Cuál tema?

—Que te mueres porque volvamos a salir pero no sabes cómo pedirlo.

—No esquivo nada — miento — Y tú estás mal de la cabeza. Ya dime cómo está Liz.

Puede que todo sea una estrategia para evitar confesar que si, he pasado todo el día pensando en la cita y en qué nueva sorpresa me deparará este noviazgo. Pero también he pensado mucho en esa niña. Sé que estuve presente cuando el médico dijo que estaba bien y que tendría que volver en unos meses a menos que ocurriera algo grave. Más no puedo evitar pensar que podría haber estado con Victor en aquellos momentos de dolor e incertidumbre.

Con ella, para darle apoyo y motivarla a luchar contra esa horrible enfermedad. Porque apostaría mi vida a que los padres de esta joven solo se presentaron en forma de dinero y nada más. Poco les debe haber importado que Liz pudiera morir y que su hijo fuera su único soporte.

Creo que incluso si todo este teatro con Victor fracasa, me gustaría seguir en la vida de Liz. No sería nada sencillo continuar cruzándote con tu "ex", pero esa niña lo vale. Ya era increíble de bebé, quiero descubrir lo fantástica que será de adulta y como amiga.

—Está bien — responde Victor — Diseñando su vestido de dama de honor para cuando nos casemos y saliendo con amigas, lo cual me hace muy feliz.

—Es bueno que tenga vida social.

—Y que planee nuestro futuro con tanto entusiasmo, ¿no te parece?




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