Conquistame

22. Lilith

—Explicame ésto — le digo a Bricia a través del teléfono — ¿Cómo es que tú organizas una cita doble en tu casa, y no solo llego antes que tú sino que también debo preparar la cena?

Llegué a la casa de Bricia y Zev hace media hora esperando por ellos para comenzar a cocinar. Tenía la esperanza de que no tardarían mucho pero claramente me vieron cara de esclava, se hicieron los tontos y se tomaron su tiempo en lo que sea que estén haciendo.

—Quisiera explicarte, de corazón, pero no creo que sea bueno para nuestra relación que te hablara más de mis aventuras sexuales — me dice Bricia.

—Tienes razón, no quiero saber si estás engañando a Zev. Me volvería loca tratando de tomar partido.

—¡No seas ave de mal agüero! — exclama — Hablo de mis aventuras sexuales con Zev.

—Mas razón para no saber nada. Ya sé demasiado de ustedes dos la cama para 3 vidas completas.

Y hablo de juegos, preferencias, posiciones y lugares públicos que nunca en la vida volveré a pisar sabiendo que el trasero desnudo de mi mejor amigo estuvo plantado ahí.

Celebro la libertad de expresión como cualquiera y ni hablar de la libertad sexual. Pero, en serio, ¿qué necesidad tiene mi amiga de contarme esos detalles como si fuera su sacerdote para expiar de los pecados carnales?

Sabiendo ahora que no van a llegar más pronto que tarde, me encamino a la cocina para ver que Bricia tenga todo lo necesario para la dichosa cena. Y me pongo manos a la obra. Cuanto antes inicie, antes terminará este circo.

—Te prometo que llegaremos antes que Victor y te ayudaré con todo — dice Bricia.

—Ver para creer, amiga.

—Tú solo procura que la vajilla se rompa, ¿si?

—Querrás decir que "no" se rompa.

—Sé lo que dije.

Estoy a punto de preguntarle a qué se refiere cuando veo en la alacena los platos con la cara de Anakin Skywalker. Y por si no fuera suficiente, escucho a lo lejos.

—¡Lilith! — grita Zev — si mis platos de Stars War tienen un solo rayón, yo quemaré tus libros.

Antes de que pueda defenderme de aquella amenaza, Bricia cuelga y yo me quedo con la ofensa a flor de piel. Nadie se mete con mis libros. Por otro lado, justamente por ello, entiendo el amor que mi amigo tiene por sus... especiales platos, así que no los romperé. Solo voy a esconder alguna de sus figurillas para que se vuelva loco buscándola.

Manos a la obra.

Cocinar no es ni de cerca mi actividad favorita de ama de casa. Mi padre es más hábil para la gastronomía aunque le da pereza llevarla acabo. Yo soy una conocida fan de la comida rápida.

Aún así, puedo cortar cebolla, pelar papas y revolver la salsa con fluidez y habilidad. Amazon es más difícil, ensuciarse las manos y tedioso. Pero cuando pienso que eso podría tonificar mis brazos, vale un poco la pena.

Abro una botella de vino para mis amigos, y un juego de manzana para mi. Saben de sobra que no bebo proque me pega realmente mal al estómago, así que no tendrán problema.

Pero entonces recuerdo que esta no es una cena común y corriente con mis amigos. Victor también vendrá. ¿A él que le gusta tomar? O peor aún, ¿qué querrá cenar? He hecho todo esto pensando en los gustos de la gente que conozco, ¿y si a él no le apetece una comida tan simple?

Supongo que al inicio de todo noviazgo uno experimenta con la pareja para ir conociéndose. Tal vez deba dejar de preocuparme y recordar que Victor es un hombre adulto, y no hay ser en la tierra que no disfrute de las pizzas.

Trato de convencerme de ello cuando escucho sonar el timbre. Quisiera engañarme y decir que mis amigos olvidaron, ambos, llevarse sus propias llaves, pero todos sabemos la verdad.

Me acerco, con el delantal puesto y las manos sucias, para verificar mis sospechas.

—Victor — saludo al abrir la puerta

Lo escaneo de arriba abajo. Por supuesto que no iba a ponerse otra cosa que un traje. Más creo que siguió mi consejo e intentó ser menos formal esta vez.

Lleva una camisa celeste preciosa con los primeros botones sin ajustar. En lugar de un saco y pantalones de vestir a medida, se puso una chaqueta negra común, y unos jeans igual de oscuros que hacen juego en su informalidad con sus tennis deportivos.

Apostaría la vida a que Liz lo asesoró en cada detalle y él está incómodo presentándose tan "desprolijo" ante mi. Pero, la verdad, está más guapo que nunca.

—¿No es algo temprano? — digo.

—De hecho, muy a mi pesar, llego 15 minutos tarde — me responde.

Volteo la mirada al reloj de bomba nuclear que Zev colgó junto a la foto de su padre (no quiero enterarme de por qué), y efectivamente llevo más de dos horas en la cocina. Ergo, mis amigos están muertos en un motel o pagaron tiempo extra.

—Dios, es verdad — digo y me hago a un lado de la puerta — Pasa.

En cuanto atraviesa el umbral, una estela de su perfume me deja tonta. El que inventó fragancias así de dulces y varoniles para los hombre se merece un altar y un puñetazo en partes iguales.

Victor me hace entrega de una botella de vino y una bolsa llena de cosas dulces. No sé si intenta ganarse a mis amigos más de lo que quiere conquistarme a mí, porque esa botella cuesta más que el alquiler de este depto, pero los dulces son exportados y de primerísima calidad.




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