Termino mi último pedido de la tarde sin ensuciarme, milagrosamente. Los que dicen que ser mesera es sencillo, es obvio que nunca han maniobrado una bandeja con 6 vasos llenos mientras un niño hace un berrinche en medio del camino.
Me encierro en la sala de empleados antes de que Bricia y Zev me hagan participar de su más reciente discusión. Ahora que sé que pronto se mudarán a un lugar mejor, no se limitan para hablar del tema, y parece que mi amigo quiere una estatua de tamaño real de Batman.
Es claro que Bricia ganará esa pelea, así que para qué meterme.
Llegué esta mañana con una bolsa de ropa lista para el gran cambio. Y es que Victor me envió muy temprano un mensaje aclarando que nuestra cita de esta noche requiere un atuendo elegante. Hubiera peleado con él por eso, si no fuera porque ya hemos tenido citas donde yo mando y él obedece. Sería bueno darle el gusto de vez en cuando.
Y así es como me doy cuenta que mi antiromantisismo fue afectado por la plaga.
A veces no me reconozco a mí misma. Y lo peor es que no me molesta.
¿Qué me está siendo tener novio? Yo no era así con Felix. ¿Será que Victor me droga poco a poco hasta dejarme adicta a él? Todo puede ser.
En fin, me visto con el vestido largo menos dañado que encontré en mi armario. Uno bordó que combina con mis botas de vestir negras. Que morboso que ellas me recuerden tanto al funeral de mi tío. Supongo que ahora tendrán otro significado.
Tuve suerte de haber convencido a Victor de que no apareciera temprano con ropa nueva para mi y alguna estilista de élite para hacerme el peinado. Con una coleta alta tendrá que bastar.
Ahora viene el verdadero problema. No conozco el nivel de elegancia que pretenderá Victor con esta cita, pero espero que un poco de corrector, delineador, máscara de pestañas y labial sea suficiente. No dejaré que Bricia use mi cara de canva para sus creaciones de maquillaje, pero tampoco quiero verme poco arreglada.
Lo que el espejo me devuelve me deja satisfecha. Es cierto que me gusta verme bonita para las citas con mi novio, más no pienso dejarlo creer que estoy perdiendo mi estilo rebelde y despreocupado.
Salgo de la sala con mis cosas en mano para despedirme de mis amigos.
—Dejo todo en sus manos, niños. No discutan mientras no estoy.
—Alto ahí, señorita — me exige Bricia y se acerca a mí — ¿Usted a dónde va tan linda?
—Te dije que tengo una cita con Victor.
Zev reprime muy mal una carcajada burlona.
—Solo escuchate —- dice — Ya no vomitas cuando pones "Victor" y "cita" en la misma oración.
—-Madura ya.
Vuelvo a mi amiga que me examina con cuidado.
—Si, me dijiste que salías pero estás muy hermosa — dice con una sonrisa perversa — Elegante incluso.
—Es que esta cita vino con reglas de etiqueta.
Zev se dirigió hacia mi con la mirada análitica que pone cada vez que el comentario del director en una película le parece mentira.
—Es decir, que en la invitación decía que debes vestirte de pingüino — dice.
Se gana de buena fe un golpe en las costillas por parte de su novia.
—Calla, tonto. Ese insulto solo funciona con hombres.
—Yo no discrimino — responde antes de retirarse a lamerse las heridas.
—Además, se ve como toda una princesa.
—¿En serio? — le pregunto.
Ella asiente con entusiasmo.
—Te lo juro.
—Gracias — doy media vuelta de nuevo hacia la sala de donde salí — Iré a cambiarme.
Bricia me sujeta del brazo para evitar que me vaya, pero me suelta al instante y chequea que no me haya dejado ninguna marca por accidente.
¿Es que piensa que soy de cristal o qué?
—Quieta, estás perfecta.
—Eso es justo lo que me preocupa — murmuro.
—¿De qué hablas?
Mi amiga no es tonta, ella sabe leer a las personas mejor que nadie y en especial sabe lo que hay en mi mente sin que yo me entere primero. A ella no puedo mentirle y decirle que mi relación está igual que cuando inició hace 5 meses. No puedo verla a los ojos y afirmar que ya no siento nada por Victor.
Así que si hay alguien en el mundo con quien puedo hablar de mis preocupaciones emocionales, es ella.
—Bri, ¿no crees que esta relación ya se haya asentado en estos meses? Digo, aún nos queda medio año y yo ya siento como si...
—¿Lo amaras?
—Lo quisiera... mucho.
Si Bricia no lo hubiera dicho, quizás se me hubiera escapado a mí. Aunque no sé qué tan bien lo he manejado. Querer es casi igual que amar en la medida justa, y yo estoy segura que dicha medida ya se me quedó muy atrás.
—No hay nada de malo en eso — afirma ella.
—Si, pero...
—Tú esperabas que él se rindiera primero. Que se diera por vencido al ver que no vales la pena. Que escapara al ver que no eres una mujer para estar en pareja.
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Editado: 18.05.2026