Conquistame

26. Lilith

El restaurante que Victor eligió para nosotros es una locura. Parece sacado de un catálogo de Lujos Innecesarios para Gente Sumamente Rica. Supongo que los italianos cargan con un historial de excentricidades bastante pesado si aún hoy mantienen tanta aristocracia en sus edificios y servicios más básicos.

Digo... ¡hasta el sanitario parece de oro macizo!

No pienso tocar nada. ¿Qué tal si rompo algo y se lo cobran a mi novio? Es una vergüenza con la que no quiero vivir.

Aunque no puedo pronunciar lo que ordené, sé que tenía carne, verduras y una salsa deliciosa. Incluso los camarones de la entrada estaban para chuparse los dedos (o comerme el dedo entero).

Al salir, el aire frío de la noche me puso la piel de gallina. Victor intentó darme su abrigo, y falló. Ese cliché no tiene lugar en mi historia de amor en Europa. También quiso pedir un taxi pero le recordé que estamos a cuatro cuadras del hotel. Sin esperar a que diga nada, empecé a caminar.

—No puedo creer que quieras caminar después de comer tanto — me dice tomando su lugar a mi lado.

—¿Nunca te han dicho que caminar es lo mejor para hacer la digestión?

—Solo tú puedes creer algo así.

—Oye, es ciencia.

No tengo idea de si lo que digo es o no ciencia. Lo que sé es que no pienso dejar que gaste al menos 60 euros en un taxi cuando nuestras piernas funcionan muy bien para llevarnos.

Ojalá el cielo estrellado nos acompañara en el mini paseo, más las nubes de la pronta tormenta que se avecina parecen decididas a quedarse.

—Hoy fue un día increíble — me acerco a él para abrazar su brazo mientras avanzamos — Gracias, Victor.

—También fue genial para mi. ¿Y sabes cuál fue la mejor parte?

—¿Cuál?

—Pues además de que ahora fui tu primero en algo más, he descubierto que tienes al menos 50 formas diferentes de referirte a mí, todas con un significado especial.

¿En serio eso fue lo mejor de su día? Ahora no puedo decir que amé los pastelillos de crema de frambuesa, o será la novia menos cariñosa del mundo. No es que lo haya sido alguna vez pero... ¡no quiero el título oficial!

—A ver, a ver — digo — ¿Mi primero en qué?

—Hasta ahora solo tenía tu primer beso, aunque no lo recordaras. Es importante, porque no pude ser tu primer novio, ni tu primera cita, o tu... primera vez.

Siento algo de decepción papable en su declaración. Ciertamente mi primera vez sexual hubiera sido un mundo de diferencia de haber sido con Victor, pero no pensé que eso fue realmente una pérdida para él.

Supongo que es la clase de cosas que dejo pasar por falta de interés cuando es muy importante para el resto del mundo. Y eso es otra razón por la que no debería estar en pareja.

—Ahora también soy el primero en sacarte del país — continúa — Y darte las mejores mini vacaciones de tu vida.

Quien se lo negara...

—Finjamos que tienes razón — digo — Ya dime, ¿50 formas de qué?

—Dices Victor cuando te pones seria, pero también cuando suplicas y son dos cosas diferentes. Usas el "señor importante" para burlarte de mí, y le pones un tono distinto cuando quieres hacerme sentir bien. Y podría seguir pero no tenemos toda la vida, aún.

Ni siquiera había notado que usaba sus apodos para situaciones o estados de ánimo variados. ¿Cómo es que él si? Debe tener alguna clase de chip integrado en el cerebro para notar esa clase de detalles. Porque me rehúso a pensar que mi novio, más allá de amarme incondicionalmente, está tan obsesionado que presta demasiada atención a lo que digo y hoga cada minuto del día.

—¿Y tú qué prefieres? — pregunto — ¿Victor o señor importante? Porque podría inventar un tercero, como novio acosador.

—Yo prefiero "mi amor". Pero si solo tengo dos opciones, elijo la que te haga sentir que me quieres cada día un poquito más.

Por favor, ya basta. Es mucha perfección romántica para un corazón tan debilitado como el mío. Hará que muera de diabetes si sigue diciendo cosas así de dulces.

—Pues hoy puede que te haya querido más de lo normal — me sorprendo a mí misma diciendo aquello.

—Y esa es toda la ganancia que necesito.

Victor mueve el brazo del que me sujeto para pasarlo sobre mis hombros. De repente su calor corporal me llega más directamente y se siente... ideal. Como una manta térmica diseñada especialmente para mí.

Pasamos juntos a varias personas que nos miran con una sonrisa. Seguro piensan que somos una pareja de turistas enamorados viviendo el sueño de estar en Italia juntos. Sé que antes eso me hubiera dado asco, vergüenza tal vez. Sin embargo, ya he empezado a disfrutar de que la gente me vea con Victor así. Apostaría a que es la versión obsesiva de mí la que quiere que todo el mundo sepa que Victor Saint tiene novia y esa soy yo.

Y yo que pensaba que los libros no iban a cambiar mi forma de pensar nunca. Ahora entiendo mucho mejor a los MMC posesivos y celosos.

Tal y como predije, la tormenta cumplió su amenaza y en pocos minutos nos dejó mojados de pies a cabeza. Bueno, no puedo controlar todos los clichés del mundo, ¿cierto?




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