El segundo día en Milan fue la calma luego de la tormenta. Creo haber logrado mi objetivo, y mi novia subió al avión privado pensando en las miles de cosas nuevas que les contaría a sus amigos y no en la pequeña discusión que compartimos.
Como era de esperarse, ella durmió todo el viaje, afortunadamente, con la cabeza apoyada en mi hombro. Se me entumeció un poco pero valió la pena. El perfume de su shampoo es embriagador. Voy a pedirle a Neide y Ryu que contraten a un científico que ponga ese mismo perfume en un aromatizador de ambiente en mi casa.
Cuando aterrizamos, Lilith seguía el modo zombie, por lo que la subí al asiento trasero del auto y que así no dejara de soñar con los angelitos. Su padre me ayudó a bajarla cuando llegamos. Solo me preguntó si todo había salido bien, y me despidió con una sencilla advertencia.
—Mas vale que en un mes no me entere que soy abuelo.
No imagino una forma más indirectamente directa de preguntarme si usamos protección en un acto de amor que no hemos cometido, aunque las ganas entre ambos existen. Claro que si.
Hoy ya es nuevo día y las cosas vuelven a la normalidad.
La oficina está en movimiento y no veo anarquía ni nada incendiándose. Lo cual reafirma mi ya establecida certeza de que mis asistentes son los mejores. Y también que no me necesitan para nada en este trabajo, soy casi completamente inútil, aunque digan lo contrario.
—Buenos días, señor — ambos me saludan a la par en cuanto notan mi presencia.
—Neide, Ryu. ¿Cómo están?
—En perfecto estado, gracias.
Los miro a ambos debatiendo si "perfecto estado" tiene alguna otra traducción menos robótica de la que estoy pensando.
—¿No pueden decir que "bien" como la gente común? — les pregunto.
—No — dice Neide.
—Para nada — agrega su compañero.
Nunca me ha molestado que fueran tan monótonos y mecánicos tanto para hablar como para hacer su trabajo. De alguna forma, eso los hace perfectos para este trabajo. Y hoy especialmente nada puede quitarme de este carrusel de sonrisas, por más discretas que sean.
—Como sea — concluyo — Diganme lo que debo saber.
Empiezo a caminar hacia mi oficina, con cada uno a un lado mientras leen sus notas.
—La compañía de IA en la que invirtió, tal y como predijo, aumentó 3,5% desde la semana pasada — inicia Ryu.
—Los compradores del lote 66 en el centro enviaron su oferta final — agrega Neide — Creo que le complacerá la cifra.
—Muy bien — digo en cuanto veo el número grabado en el papel que ella me extiende.
—Los señores Roberts solicitaron una reunión — continúa Ryu — Claramente se arrepienten de haber prescindido de su asesoría, señor.
—Claramente.
—Y la construcción S-12 ya está en su fase final — concluye Neide — Le enviaron los avances por mail.
—No he recibido nada.
—Por supuesto, porque programé la alarma para dentro de... — ella mira su reloj y continúa — Tres, dos, uno...
El sonido de notificaciones suena en mi bolsillo. No me molesto en ver.
—Son los mejores — les digo con orgullo — Debería aumentarles el salario.
—Ya lo hizo — responden a la vez.
Claro. Cada tanto ellos mismo se agregan un pequeño porcentaje extra en sus salarios. Siempre insisten en que recibe las cifras por si me resulta excesivo lo que solicitan, pero como en todo lo demás, Ryu y Neide consideran todo en sus cálculos. Desde la disponibilidad 24/7 hasta las horas extra que ellos mismo se imponen para que el trabajo quede bien pulido.
Visto así, nunca creo que se sobrepasen con lo que piden. De hecho, creo que se limitan bastante. Su trabajo tiene un gran valor para mi, uno que difícilmente puede representarse en números tan fríos.
—¿Qué tal el señor Gianni? — pregunto — ¿Algo que deba saber sobre su trabajo hasta ahora?
Ya pasó un tiempo desde que mi suegro comenzó a trabajar para mi. He monitoreado su avance cada que es posible, solo por si acaso, y nunca hallo nada fuera de lo común o que deba solucionar. Supongo que eso es bueno, pero nadie me quita la sensación de que debo cuidar de ese hombre. Fue más padre para mí en la niñez que aquel que me engendró, y es la persona más importante en la vida de mi amada.
Si necesita un trono de oro, eso tendrá, el buen hombre.
—Profesionalmente, ha hecho una labor excepcional – afirma Nadie — Los jóvenes aprenden mucho de él. Y sus técnicas han acelerado nuestra producción un 10%
—Personalmente, no ha registrado ninguna queja, ni problema, o disconformidad — me deja saber Ryu.
—Lleva cinco meses y aún no quiere mandarnos al diablo. Es una buena señal — digo con una sonrisa.
Si, aún tengo ganas de sonreir. Y si termino el día así, llamaré a mi novia para contarle. Seguro se burlará pero eso la hará reír también.
—Cierto, señor — dicen juntos.
—Ya no hagan eso, dan miedo.
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Editado: 18.05.2026