Conquistame

29. Lilith

Ahora mismo, sentada frente a una luz que alumbra directamente a mi cara, con un par de pinzas y brochas paseando por mi cara, siento que soy como las muñecas con las que nunca quise jugar de niña.

Y mis dueños son la clase de pareja que no puede decidir si rasurarme el cabello o arrancarme las extremidades.

—Zev, llevo toda la vida maquillándome — le grita Bricia — Sé lo que hago.

—Pues parece que no. Esa es la mirada asesina de un mapache — dice él señalando mi rostro.

—No lo escuches, Lili. Te aseguro que estás divina.

—Ah, claro. Desprestigia la opinión de alguien que se ha maquillado para cientos de convenciones de fantasía y ciencia ficción.

—Él tiene un punto — murmuro sabiendo que fui testigo de sus 4 versiones de Spiderman y al menos 7 tipos diferentes de aliens.

—¡Ya callense los dos! — nos exije una Bricia muy molesta — Estarás perfecta para tu cita. Y ya nadie dirá nada más hasta que termine.

Tan meticulosa como es ella, no deja que vea el espejo hasta que esté satisfecha con su resultado. Dijo que ir a una cena familiar con tu novio es como asistir a una audición en Hollywood. Todos van a juzgarte, criticarte y evaluarte, así que hay que mostrar la mejor cara para deslumbrar o la peor para intimidar.

Supongo que en cualquier caso, nada sería tan cruel conmigo.

Cuando Victor llamó y me hizo saber nuestros planes para la noche, me dejó un poco impactada que quisiera planear algo tan pronto bajamos del avión. No pasaron ni 24 horas y ya tendremos otra velada, y esta vez con su familia de por medio.

Normalmente pensaría que es algo apresurado, insano para mi corazón, incluso. Pero debo reconocer que no estoy tan nerviosa. Al fin de cuentas, Liz, quien es la persona más importante para mi novio, ya me conoce y nos agradamos mucho. Y ya he convivido un poco con Prince Saint, el malparido y desgraciado padre dictador. Esta vez soy una adulta, ya no dejaré que su mirada perversa me deje sin habla.

Tuve poco tiempo para pensar que tal vez fuera una mala idea hacer una cena familiar conmigo tan pronto, ya que ni bien llegué a casa, mis amigos y mi padre me esperaban con una comida sorpresa. Dijeron que me habían extrañado mucho pero a mi no me engañan tan fácilmente

Les di los regalos antes siquiera de abrazarlos. Sabía que les emocionaría más eso que verme ya que... bueno, me fui solo dos días. Y no siempre vuelvo al día siguiente con cosas nuevas de Italia.

Mi padre recibió un delicioso vino que solo abrirá los siguientes días: cuando me gradúe de algo, cuando me case, cuando nazca su primer nieto, o cuando le queden menos de 7 días de vida. Ya no sé en qué idioma decirle que tal vez nunca me case o tenga hijos, pero siempre puedo volver a la escuela si siento la motivación adecuada.

Zev fue el mejor contento con su regalo. Obviamente los panecillos debían ser más que suficientes ya que son exquisitos. Sin embargo, las botas Gucci que le traje a Bricia lo hicieron sentirse menospreciado y como resultado, no compartió nada.

Después de varias horas quieta como una pieza de marmol, Bricia me dejó ver su trabajo, con vestido y peinado incluído. Y la verdad, es que hizo un trabajo fascinante. Me veo hermosa con el color azul y la sencillez siempre fue un detalle que hace lucir mis cualidades mejor que nada más.

Me siento cómoda, bonita, pero sobre todo, confiada.

Y con Victor a mi lado, sé que esta cena no será tan terrible como hubiera pensado hace unos meses. Qué extraño cómo cambian tanto las cosas en tan poco tiempo.

Al salir con la bendición de mis amigos, veo que mi novio está junto a su lujoso auto esperando por mi mientras alinea su también elegante corbata italiana.

—¿Sabes? Dejar esperando a un señor importante puede ser un nuevo vicio — bromeo con él.

—Si la espera resulta en maravillarme la vista al final, todo vale la pena.

—Adulador.

Victor me abre la puerta del auto, como siempre.

Conduce con precaución, como si no estuviera muy ansioso de llegar. Creo que su padre y la tóxica relación que mantienen lo tiene más estresado. Un viaje a Italia debería haberlo calmado, pero ¿quién soy yo para saber? Su trabajo es difícil y su familia tiene más problemas que mi cuenta bancaria.

En estos momentos me recuerdo que soy una especie de arma secreta. Él mismo lo ha dicho, yo soy su calma, su felicidad. Soy la persona que busca para anclarse a la Tierra cuando necesita hacerle frente a las cosas, y la misma que lo libera de sus cadenas cuando quiere escapar de aquello que lo daña.

Da miedo tener tanto poder sobre una persona, así como me da alegría ser consciente del lugar que tengo en su vida.

Estiro la mano hasta tocar su hombro tenso.

—Gracias — digo.

—No me las des aún. Mi hermana será la única que no te cause problemas.

—No hablo de esta noche, sino de todo.

Frunce las cejas en señal de confusión.

—Sé que desde que empezamos, no te he puesto las cosas fáciles — continúo — Y tú has sido un príncipe conmigo. Los presentes, las atenciones, el viaje, incluirme en tu vida sin pedir nada a cambio aunque los dos sabemos lo que quieres.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.