Conquistame

31. Lilith

No había llorado con lo de mamá.

No había llorado con los accidentes de papá.

No había llorado con lo de Felix.

Y ahora creo que todo ese llanto sinfín de lágrimas acumulado ha encontrado su vía de escape.

Llevo al menos tres días sin salir de mi habitación, sin comer como debería y sin hablar con una persona de carne y hueso, solo con mis voces internas. La locura empieza a ser una carrera a futuro muy prometedora en este momento.

Mi padre ha intentado entrar más de 10 veces al día. Va a trabajar y vuelve para contarme todo a través de la puerta esperando que algo me haga salir al fin. Bricia vino ya 4 veces siempre gritando y amenazando con traer un hacha la próxima vez para destruir mi puerta. Y Zev creyó que la psicología inversa a través de mensajes de texto era la forma más efectiva para hacerme salir.

Aunque amo que se esfuercen tanto por mí, nada de lo que hagan va a devolverme un ánimo que he sepultado en lágrimas. Y no solo por lo que pasó aquella noche, sino porque dejé que todo eso escalara hasta mi frío y seco corazón.

Hace unos meses, nada de toda esa mierda me hubiera provocado ni el más mínimo dolor en el pecho. Ni la mentira, ni la mirada superior de ese viejo monstruo, ni el papel de estúpida que jugué sin saber. Habría pasado como agua bajo en puente, sin pena ni gloria.

Hoy lloro porque fue tan débil como para ser una marioneta en una puesta en escena que nunca acepté. Pero más que nada lloro porque ha logrado afectarme.

Victor lleva meses proclamando amor eterno hacia mi. Y hace mucho más tiempo que tiene una prometida, hermosa e inteligente debo admitir, colgando del brazo como una pareja de modelos.

No sé que me duele más. El hecho de que me haya mentido tan descaradamente cuando yo le he abierto mi corazón más veces y en más formas que con cualquier otra persona, o que el hombre que ha logrado hacerme creer de nuevo en el amor vaya a casarse con otra mujer.

La confusión solo me provoca más nauseas.

Soy patética.

Sus constantes mensajes de disculpas y ruegos solo hacen que quiera golpearlo en la cara. Que satisfactorio sería. Más al mismo tiempo mis dedos tiemblan sobre el teclado para decirle que hablemos, que seguro podemos solucionarlo todo con calma y paciencia. Me detiene el dolor de pensar que tendría que verlo a los ojos, y no estoy lista para no derrumbarme ante ellos.

Incluso he faltado al trabajo estos días, por miedo a que se aparezca ahí. Bricia dice que va todas las mañanas y las tardes esperando verme. Zev se ofreció a lanzarle un café caliente en la entrepierna, más no soy de las mujeres vengativas que harían eso. El dolor es algo muy personal, y no podría hacer que Victor sienta lo mismo que yo ahora, ¿para qué molestarme en intentarlo con la venganza?

Después de tantas horas tumbada, con ganas de desaparecer en una nube de azúcar y tormenta, llego a una conclusión que no me gusta nada.

En efecto, tengo el corazón roto.

Victor me ha mostrado lo que es amar a una persona al punto de hacer lo que sea necesario, cruzar todos los límites, para asegurar su felicidad más allá de lo que uno quiere. Me acompañó, me cuidó, me trató como una diosa, y ningún engaño puede cambiar lo que hemos vivido estos meses. Por lo que ahora que todo aquello queda en el pasado como un recuerdo más en la lista, solo conservo el dolor del final, conocido típicamente como corazón roto.

No creí que fuera físicamente capaz de sentir algo como esto. Es tan común, tan normal y mundano. Fuera de toda regla que suele aplicar a mi personalidad y forma de ser. Pero ahora que está ahí, instalado en mi pecho como una aguja envenenada, me doy cuenta que soy humana. Y que podía estar equivocada en muchas cosas, menos una: el amor es una mierda, te hace sentir confundida, perdida, nerviosa, ansiosa y destrozada.

Sin embargo, todo esto puede tener algún sentido positivo. De la adversidad salen los mejores guerreros. Y aún con el dolor de haber tenido y perdido, decido levantarme, seguir con mi vida, aprender y mirar hacia adelante.

Me daré el resto del día para ser una oruga en su capullo. y mañana será un nuevo día. Más brillante. Más positivo.

Ya me olvidé de Victor Saint una vez. Lo volveré a hacer.




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