Conquistame

32. Victor

Después de casi una semana volviendome loco pensando en Lilith, su rostro aquella noche, y el dolor de saber que no responderá ningún mensaje que le envíe, aunque esté escrito en el cielo, ya no puedo seguir quieto.

El responsable debe salir de mi vida, de una vez y para siempre.

Entro furiosamente a la oficina central de mi padre. Ni el guardia puede detenerme, ni la secretaria logra anunciarme antes de que empuje la puerta donde él estaría trabajando. Todos aquí me conocen, pero nunca me habían visto tan enojado como para no saludar con amabilidad. Aunque trabajen para el diablo, ninguna de estas personas se merecen la descortesía.

—Victor, que sorpresa — mi padre está de pie con un par de papeles en su mano.

El centro de su espacio es tan diferente al mío que me hace sentir orgullo. Ni siquiera en la decoración coincidimos como familia.

Más no me detengo a pensar mucho en eso. Vine con un propósito, un cierre bien ganado que me me librará de todo el peso que estos años él ha puesto sobre mis hombros.

Y todo empieza con mi puño haciendo impacto directamente en su maldita cara.

El golpe lo obliga a inclinarse hacia el suelo mientras su mano cubre su mejilla, seguramente enrojecida. Supongo que al ser la primera vez que golpeo con ira, no supe controlar mi fuerza.

—¿Acaso has perdido la cabeza? — dice con una calma que solo me confirma su enojo.

La media sonrisa que eso me provoca no tiene precio.

—Llevo desde los 8 años queriendo partirte la cara y ya no tengo razones para contenerme.

—¿De qué demonios hablas?

—¡De que eres un desgraciado! ¿Cómo se te ocurre salir con lo del compromiso estando Lilith delante? Ya sabia que tenías un hoyo hueco en lugar de corazón, pero al menos esperaba que hubiera un cerebro medianamente funcional en tu cabeza.

Saca un pañuelo de su bolsillo para limpiar su sangre imaginaria de la comisura de la boca. Le quedará un moretón, seguro, pero ¿sangre? Solo exagera para verse como la víctima.

—Por Dios, tú la llevaste — dice — Seguro sabías que algo así podría pasar.

—Lo consideré, ¿sabes? Pensé por un segundo que tú harías tu mejor acto de maldito y revelarías el acuerdo Bricks. Pero lo descarté, ¿y sabes por qué?

—Ilumíname.

—Porque a pesar de todo eres mi padre. Y quise creer que tendrías un mínimo de consideración para conmigo cuando vieras lo feliz que ella me hace.

Fui muy ingenuo. Un tonto en toda regla. Pero esa noche las cosas cambiarían. Haría mi mejor jugada contra Prince Saint y me libraría del acuerdo con el señor Bricks. Una vez que todo eso pasara, decirle la verdad a Lilith sería pan comido. Ella lo hubiera entendido mejor, con más calma. Pero el maldito se me adelantó, lanzó la bomba antes de que tuviera tiempo de hacer mi movimiento.

¿Por qué pensé que esta vez sería diferente? ¿Que no intentaría ser el protagonista de el drama que es mi vida?

—Obviamente te sobreestimé — aseguro — Pero descuida, ya no cometeré ese error.

Con un rápido movimiento de manos, saco la carpeta que guardaba en el bolsillo interno de mi abrigo. Ya sea que esté arrugado o no, esos documentos son 100% válidos y con esa seguridad en mente, los lanzo a sus brazos sin más.

—Adelante, revisa.

Y lo hace.

Ni siquiera parece importarle al inicio lo que está leyendo, hasta que deja su soberbia de lado. Entonces su semblante cambia totalmente.

—¿Qué es eso? — pregunta incrédulo.

—Eso es el fin del acuerdo Bricks, querido señor Saint. Cada centavo que pusiste para que tu hija no muriera más los interés de todos estos años, y una generosa cuota extra por romper el negocio con el señor Bricks, están ahí. En tu cuenta y sin reembolso.

Vuelve a revisar los detalles. Será todo lo desgraciado que quiera, pero ni siquiera él puede refutar lo que está delante de sus ojos.

—Este dinero no cambia nada — asegura.

Arroja la carpeta sobre su escritorio como si fuera mierda y me mira manteniendo su personaje profesional y sereno. Lo que veo en sus ojos lo delate. El mío fue un jaque mate que volteó el tablero con una patada.

—Tal vez no para tí — digo — Pero es mi llave hacia la libertad. La verdadera libertad. Ya no te debo nada, cumplí con todo lo que tenía y más para romper tus ataduras. Y ya sea que quieras ese pago o no, yo soy libre de no casarme con Harley.

—¡No puedes hacer esto!

—Que raro, ya lo hice. De hecho, pensaba decírtelo en la cena familiar. Pero decidiste actuar precipitadamente, mezclar la cena con negocios y ser un maldito. Arruinaste la verdadera sorpresa.

Lo único que no hubiera sido diferente es la privacidad de este momento. Solo él y yo en una riña de poder que ya gané. Aún me considero un ser humano decente y respetuoso, así no iba a humillarlo delante de sus socios, como él hizo con mi novia... exnovia... ya ni sé.

—Bricks no va a aceptar esto — dice con falsa seguridad— Nos harás quedar como la mierda si...




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