Conquistame

34. Lilith

—¿Estás cien por ciento segura de ésto? — me pregunta Zev por millonésima vez.

—¿Qué crees que pasará? No va a asesinarme.

—Eso no lo sabes.

—Sé que eres un dramático.

Estoy sentada en una de las mesas centrales en el café de mi amigo. Todo el mundo puede verme y acceder a mí. Pero mi mejor amigo piensa que igualmente mi ex podría llegar con un arma bajo la mesa y deshacerse de mí.

—Solo explícame cómo pasaste de evadirlo a toda costa a querer reunirte con él — me pide.

Y es una pregunta que me he estado haciendo los últimos días.

Desde el incidente de Liz, no he vuelto a ver a ninguno de los Saint, lo cual fue tan bueno como malo. Siento que extraño mucho a Victor, ya que pasé de verlo cada días a ignorarlo como una campeona olímpica en menos de 3 horas.

Y también creo que la distancia fue la clave para pensar con claridad sobre lo que quiero, sobre lo que necesito, no solo como pareja de alguien sino como persona. Y eso, de alguna forma, incluye a Felix.

Ha intentado contactar conmigo incluso antes de que Victor reapareciera en mi vida. Ahora que tengo las cosas un poco más en orden en mi vida amorosa (aunque no lo parezca), sé que es el momento para hablar con él.

—He aprendido mucho el último mes sobre honestidad y relaciones románticas — respondo — Mi historia con Felix merece un mejor final. Sin mencionar que lleva tiempo queriendo hablar conmigo.

—Debería quedarme contigo, solo para protegerte.

—¿Y cómo piensas hacer eso, señor nunca he golpeado a nadie ni en sueños? Tendría mejor seguridad con tu novia al frente.

Zev mira hacia todos lados como si la mención de mi amiga hiciera que ella apareciera mágicamente.

—No molestemos a mi muy dulce y malhumorada novia durante su día libre — me pide nervioso.

—Te asusta que venga y descubra que no me detuviste con éxito, ¿verdad?

—Si lo sabes, no preguntes.

Bricia no estaría muy a favor de esta charla con Felix. Ella nunca le tuvo odio o rencor alguno, más como buena persona que es, siempre se puso de mi lado. Por más irracional e infantil que suene, ella refutaría cada defensa de mi ex como una abogada en pleno juicio.

La amo por eso, pero no es lo que necesito ahora mismo. Este cierre tiene que ser solo mío y de Felix, quien no tarda en aparecer por la puerta, con su característica sonrisa y porte tranquilo.

—Ya vete, Zev.

—Bien...

Al tiempo que mi amigo vuelve a su trabajo, Felix se acerca a mi mesa y toma su lugar delante de mí. Es un poco extraño tenerlo tan cerca después de tanto tiempo. Como si los años no hubieran pasado y fueramos desconocidos a la vez.

Se ve más adulto, aunque en realidad no haya tanto tiempo como para decir algo así. Supongo que no sé decir si es feliz o no solo con verlo, o si está nervioso por tener esta charla conmigo. Aún habiendo sido novios por un año, nunca supe decifrar lo que está pensando. No como con Victor, quien resulta ser un libro abierto a pesar de guardar sus secretos.

—Hola — lo saludo primero.

—Hola.

—Gracias por venir.

—No pensaba hacerlo, la verdad, ya que llevas evitándome como 6 meses. Pero creo que es lo mejor para ambos.

Genial, sí notó que lo evadía. Es un buen inicio que elijo dejar atrás por mi propio bien. No necesito más motivos para estar nerviosa.

—No sé cómo comenzar esto — digo nerviosa — Yo...

—Entonces lo haré por ti.

Me lamo los labios secos y por alguna razón enderezo la espalda. Supongo que el cuerpo me está diciendo algo: preparate, niña, él necesita ésto tanto como tú.

—Lo que tuvimos fue muy especial para mí. Fuiste la primera chica de la que me enamoré sinceramente. Con la que pensé que me casaría y compartiría una vida. Estaba muy ilusionado con la idea de un "nosotros" hasta el punto de que iba a pedirte que vivieramos juntos al terminar el año.

Ay Dios, esto será más difícil de lo que pensé.

—Fuiste tan importante para mí que haber roto significó mucho tiempo llorando y perdiendo la cabeza tratando de descubrir qué hice mal. Porqué no era suficiente para tí, cuando tú eres todo para mí.

Cada palabra es como un puñal que debo resistir con la cabeza fría. Después de todo, él fue quién más sufrió de los dos, cuando hice lo que hice.

—Hasta que la respuesta cayó en mis brazos. Literalmente, cayó de un balcón a mis brazos.

Abro la boca en un intento de pregunta, más la cierro de inmediato al notar que no tengo idea de cómo preguntar lo que quiero saber. Resulta que no fue necesario.

—Una vecina de mi madre arreglaba sus luces exteriores cuando se resbaló — me explica — Yo pasaba por ahí y evité que se hiciera más daño. La hubieras visto. Su cabello parecía un torbellino y llevaba un overol de jean destrozado por la mugre. No se parecía en nada a tí y aún así era la mujer más hermosa que había visto. Desde ese momento, hubo una chispa entre nosotros. Hoy es mi novia y vivimos juntos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.