Conquistame

35. Victor

Ahora pienso que no fue mi idea más inteligente pasar por el café para cruzarme "accidentalmente" con Lilith. Llevo tanto tiempo sin verla que mis neuronas empiezan a fallar, provocando desastres como encontrarla con su ex.

No tengo ningún derecho a ponerme celoso.

No tengo ningún derecho a exigir explicaciones.

Y definitivamente, no tengo ningún derecho a molestarme cuando él se acerca para susurrarle algo al oído.

Lamentablemente, la falta de derechos no evita que mi interior arda en las llamas de los celos, que las teorías alocadas se creen en mi cerebro y que la ira brote por cada poro de mi cuerpo.

¿Se habrán reconciliado? ¿Él la convenció de volver? ¿Se habrá atrevido a gritarle? ¿O a recriminarle por el pasado? ¿Ella lo aceptó de nuevo al ver que era mejor novio de lo que yo fui?

No es hasta que Felix se retira sonriente que dejo la paranoia para otro momento. No ayuda mucho que él me salude asintiendo con la cabeza, como si fuéramos viejos amigos. Creo que no llegará el día en que lo vea de esa forma, pero no puedo odiarlo por ser un caballero. Y es que, al igual que Lilith, me fastidia tanto como me fascina que ese hombre sea tan gentil cuando quiero destrozarle la gargante de un mordizco.

Cuando me acerco a Lilith, ella se ve tranquila. Tal vez soy un idiota por pensar que las cosas fueron mal con su ex. O tal vez soy un idiota por desear que así hubiera sido. Al menos si la viera enojada, me sentiría más seguro de lo que sé que siente por mi.

Como dije, un idiota.

—No pretendía interrumpir — le dejo saber cuando ya estamos el uno frente al otro. Aunque es mi parte de caballero la que afirma eso.

—No lo hiciste. Nos despedíamos.

—Eso vi...

—Anda, pregunta.

¿Cuál de todas las preguntas, monita? Tengo tantas que llenaría un libro de records. Y ninguna, como dejé claro, tiene porqué ocupar un lugar en esta conversación.

—No tengo derecho a hacerlo — respondo.

—Y aún así te doy permiso.

Si lo pone así...

—¿Por qué estabas con él? — pregunto tan rápido que me sorprendo a mí mismo.

—La versión corta es que necesitábamos cerrar lo que pasó entre nosotros, como dos personas adultas.

Eso está bien. Tiene sentido, es simple de entender. Vamos, cerebro, entiéndelo de una vez. Hice algo malo, le mentí, no confié en ella y ahora tengo que pagar las consecuencias. No importa si estas incluyen que Lilith se vuelva cercana con su ex, lo aceptaré con elegancia y madurez.

Mientras me siga diciendo eso, podré resistir el resto de la historia.

—¿La versión larga?

Ella suspira con calma, dejando salir las palabras con alivio. Tal y como se ve.

—Es posible que finalmente haya logrado lo imposible, y me haya enamorado de alguien. Fue predecible que me rompieran el corazón pero curiosamente no me arrepiento de nada.

—Lilith...

—Y esa experiencia me hizo dar cuenta de que nunca me disculpé con Felix por lastimarlo. Nunca cerré ese ciclo como debería haber sido.

Solo puedo imaginar lo difícil que habrá sido para ella enfrentar ese pasado que la avergüenza. Pero una mujer tan fuerte no se detiene ante nada, aún si le cuesta tiempo levantar la espada y el escudo, ella peleará.

—¿Él te trató bien? — pregunto.

—Como siempre. Todo un caballero.

—Me alegro que haya salido como querías.

Realmente es un alivio ver que Felix no explotó un rencor acumulado contra ella. Aquella vez que nos cruzamos, no me pareció del tipo agresivo, la verdad. Lo cual me tranquilizó y molestó a la vez. Mi lado más cavernario moría de ganas por tener una excusa y partirle la cara al ex de mi amor. Sin embargo, estoy feliz de que Lilith haya tenido a un buen hombre a su lado.

—¿Por qué estás aquí, Victor? — pregunta ella.

—Me reuniré con Harley en un restaurante no muy lejos de aquí. La excusa perfecta para pasar a verte.

—Tienes suerte de que Bricia no trabaje hoy.

—No hubiera entrado al café. Solo verte, desde afuera, para asegurarme que estás bien.

Dicho en voz alta, sueno un poco perturbado. Mirar a alguien desde una ventana no puede sino ser una clara muestra de obsesión peligrosa. Y si, un bajo grado de la misma corre por mis venas, pero jamás lastimaría a Lilith por ello.

Ella no parece prestarle mucha atención a ese detalle. Será que prefiere ignorarlo o que ya está acostumbrada a mis métodos poco ortodoxos de conquista desesperada.

—¿Para qué es la reunión?

Pregunta con cierta desconfianza en la mirada. Quiero creer que son celos reprimidos. Una parte de ella, superficial o no, no quiere que su hombre se junte con su falsa prometida. Sería totalmente imbécil regocijarse en eso, más la sonrisa que no se muestra en mis labios, crece sin fin para mis adentros.

—Lo sabes — respondo.

—Dimelo — exije.




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