Conquistame

Epílogo. Lilith

Tres horas.

Llevamos discutiendo sobre este tema tres malditas horas. No sé cuánto tiempo más resistiré antes de partirle una jarra en la cabeza. Lo amo mucho y todo, pero una mujer tiene sus límites, y los míos están peligrosamente cerca ce cruzarse.

—Solo digo que me hubiera gustado enterarme de otra forma que vamos a ser padres — exclama Victor mientras movemos los gritos del cuarto a la sala.

—Y en algún momento de nuestras vidas, te enterarás pero ya te dije: esta prueba no es mía sino de Bricia. Por cierto, mañana hará la gran revelación, así que finge sorpresa.

Victor y yo llevamos dos años juntos oficialmente. La vida romántica nunca me había parecido más hermosa y desesperante a la vez. Y es que por cada momento memorable, había una pelea a la vuelta de la esquina. No creo que sea necesariamente malo. De alguna forma nos ayuda a mejorar entre los dos, y los días son buenos a su lado.

Ha cumplido su promesa de amarme a pesar de toda mi locura y antiromantisismo personal. Y por mi parte, he intentado ser más romántica con él. Sé que eso le gusta, pero no tanto como que le diga lo que quiero y que él me consienta a los pocos minutos.

Consentirme es como su fetiche.

Yo sigo en la cafetería con mis amigos. Ahora que Zev y Bricia ya dieron el salto más importante en su relación y se casaron, su padre le cedió el negocio para jubilarse. Y él decidió implementar mi idea de una librería cafetería para atraer a las chicas locas como yo. Sé que somos una comunidad grande que ama el café y los novios literarios.

Las cosas nunca estuvieron mejor para nosotros. Si no tuviera un novio millonario, estaría en la mejor etapa económica de mi vida.

—¿Estás segura que es de ella? — insiste Victor.

—Si, te mostré la mía, y es negativa.

—Pudieron haber confundido las pruebas, Lilith.

—¡Pero no lo hicimos! Ella lleva semanas con náuseas, subió de peso. Sus pechos están hinchados y llora cada vez que ve una publicidad de pasta dental. ¡Es obvio que espera un pequeño pesimista bebé!

—Tú lloraste en la noche de películas hace una semana.

—Porque hay que ser un robot sin alma para no llorar con El Niño del Pijama a Rayas.

Lo admito, cuando mi amiga me contó de sus dudas, yo pensé que podría haber una pequeña posibilidad de que estuvieramos en el mismo barco. Por eso hicimos la prueba juntas. Pero Bricia lleva semanas sintiéndose rara, y contaba con más motivos que yo para creer que Zev la dejó con un regalito en el vientre.

La calma me invadió cuando vi ese negativo, y más todavía cuando me llegó la regla. No es que esté en contra absoluta de los bebés. Tal vez algún día me despierte y quiera adoptar a un huérfano. Pero hoy, creo que con Liz y mi padre es más que suficiente.

Una aún está viviendo su etapa adolescente universitaria, y el otro cree que su edad mental juvenil va con la física que ya está medio paso dentro de un geriátrico.

—Bien, te creo — dice — Ya dejaré el tema.

—Gracias.

—Pero prometeme que cuando sepas que esperas a mi hijo, no dejarás la prueba en el baño para que la encuentre. Me sentarás, me mirarás a los ojos y dirás "cariño, somos bendecidos porque esperamos un bebé".

Obviamente no esperaría que él supiera de un embarazo por accidente. Sería la peor novia del mundo si así fuera. Pero está loco si espera que esas palabras salgan de mi boca alguna vez en la vida.

—No te prometeré eso — digo.

—¿Por qué no?

—Porque suena a diálogo barato de una novela turca. ¿Cuándo me has oído hablar así?

Victor se ríe. Al fin se muestra más tranquilo desde que pensó que estaba embarazada.

—Cierto, pero quedate con la idea. No quiero saberlo por accidente, ¿de acuerdo?

—Eso sí te lo prometo.

Lo beso con ternura. Una pequeña distracción para que no sospecho cuando lo empujo contra el sillón. Hoy es nuestra noche de películas semanal y ya perdimos mucho tiempo hablando.

Me acomodo sobre él para seguir besándolo otro rato. Tenemos toda la noche, pero ni eso me alcanza para querer detenerme. Solo una pequeña voz en mi cabeza, que se activa cuando lo veo a los ojos, y veo al hombre que amo con esperanza en ese brillo singular.

—Aunque sabes que no... está en mis planes ser madre ahora, ¿verdad?

—Lo sé, y jamás te presionaría con eso. Pero las cosas pueden pasar sin que uno las planee. Y sé que si mañana despertarás con un bebé en tí, lo tendrías, porque tú eres así.

No tendría el valor de no tener al bebé, pero eso no significa que esté lista para ser madre, y mi hombre lo sabe muy bien.

—Deja de presumir que me conoces — golpeo ligeramente su hombro.

—Es divertido, inténtalo.

—Bien... yo sé que tú estarías en las nubes con ese imaginario bebé milagroso.

—Claro que sí.

Su exclamación me provoca una risa sincera. Victor está listo para ser padre desde que supo que me mudaría con él. Planeó toda nuestra vida y aún así, ni un solo minuto, de dijo lo que debíamos hacer.




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