Contracorriente

15

El entrenamiento terminó sin cierre formal.

Nadie dio la orden de salida.

Simplemente fue ocurriendo: los nadadores saliendo del agua, los cronómetros apagándose, el ruido general descendiendo poco a poco hasta convertirse en algo más humano.

Lisa se quedó un momento más de lo habitual en el borde.

Gael también.

No se movieron al mismo tiempo.

Pero tampoco se evitaron.

Cuando la piscina quedó casi vacía, Lisa salió por fin.

El aire del exterior le golpeó la piel húmeda.

Más frío de lo que recordaba.

Gael la siguió a unos pasos.

No habló hasta el pasillo de acceso.

—No ha sido como antes —dijo.

Lisa se detuvo.

—No.

Pausa.

—Ha sido peor.

Gael frunció ligeramente el ceño.

—Peor no.

Lisa lo miró.

—Más inestable.

Gael asintió.

—Sí.

Silencio.

Caminaron sin dirección inmediata.

El CAR estaba en ese punto intermedio del día donde todo parece en pausa pero nada está quieto.

Gael habló de nuevo.

—Cuando estás en el agua conmigo…

Pausa.

No terminó la frase.

Lisa lo miró de reojo.

—Dilo.

Gael tardó.

—No pienso en el ataque de ansiedad.

Silencio.

Lisa se detuvo.

El pasillo quedó en silencio total a su alrededor.

Esa frase no venía con teoría.

Ni con sistema.

Ni con Mireia.

Venía de él.

Lisa tragó saliva.

—Eso no es… normal —dijo.

Gael negó.

—No es normal contigo.

Pausa.

—Pero es estable.

Silencio.

Lisa apretó los dedos alrededor de la toalla.

—No deberías depender de eso.

Gael la miró.

—No es dependencia.

Pausa.

—Es ausencia.

Silencio.

Lisa bajó la mirada un segundo.

Cuando la levantó, su voz era más baja.

—Yo sí lo siento.

Gael no respondió de inmediato.

—Lo sé.

Silencio.

Y esa fue la primera vez que la conversación dejó de ser técnica.

Lisa se apoyó en la pared del pasillo.

El cuerpo le pesaba más de lo habitual.

—Cuando te veo en el agua… —dijo.

Se detuvo.

Gael esperó.

Sin interrumpir.

Lisa respiró.

—No es solo nadar.

Pausa.

—Es como si todo lo demás… se apagara.

Silencio.

Gael la miró sin moverse.

—Eso es lo que están intentando eliminar.

Lisa negó lentamente.

—No.

Pausa.

—Eso es lo único que me hace no pensar en Tokio.

Silencio.

El nombre quedó suspendido entre ambos.

Esta vez sin ruptura inmediata.

Solo presencia.

Gael dio un paso más cerca.

No invasivo.

Solo suficiente para cambiar el espacio.

—Yo no estaba allí —dijo.

Lisa soltó una risa breve.

Sin humor.

—No hace falta.

Silencio.

Gael bajó la voz.

—Pero ahora sí estoy.

Pausa.

—Y aún así… sigues cayendo en el agua.

Silencio.

Lisa lo miró.

Esta vez sin defensa.

Sin ironía.

—No siempre.

Gael asintió.

—Lo sé.

Pausa.

—Hoy no.

Silencio.

Eso cambió algo.

Pequeño.

Pero real.

Lisa bajó la mirada.

—No entiendo cómo contigo es distinto.

Gael tardó.

Esta vez más.

—Porque cuando nado contigo…

Pausa.

—no estoy solo en mi cabeza.

Silencio.

Lisa levantó la vista.

—Eso suena peligroso.

Gael asintió.

—Lo es.

Pausa.

—Por eso lo quieren quitar.

Silencio.

Lisa se acercó un poco más.

Ya no había distancia formal.

Solo espacio compartido.

—¿Y si lo quitan? —preguntó.

Gael no respondió de inmediato.

La respuesta tardó demasiado.

Porque no era una respuesta técnica.

Era una pérdida anticipada.

—Entonces seré mejor atleta —dijo finalmente.

Silencio.

Pero la frase no convencía ni a él.

Lisa negó suavemente.

—No suenas convencido.

Gael la miró.

Esta vez más humano que técnico.

—No lo estoy.

Silencio.

El pasillo parecía más estrecho ahora.

O más cargado.

Lisa bajó la voz.

—Gael…

Pausa.

No terminó el nombre.

Solo lo dejó ahí.

Gael la miró.

Y por primera vez desde el inicio de todo, no había evaluación en sus ojos.

Ni rendimiento.

Ni sistema.

Solo presencia.

—Cuando estás lejos —dijo él— mi cuerpo funciona mejor.

Pausa.

—Pero no sé para qué.

Silencio.

Lisa tragó saliva.

—Y cuando estás conmigo…

Gael terminó la frase por ella, más bajo:

—sé para qué.

Silencio largo.

No fue un acercamiento brusco.

Ni físico.

Pero Lisa dio un paso hacia él sin darse cuenta.

Y Gael no retrocedió.

Por unos segundos, ninguno habló.

No era competición.

No era análisis.

Era algo más primitivo.

Más desordenado.

Más real.

Lisa habló primero, casi en un susurro.

—No quiero que te quiten eso.

Gael la miró.

—Ya lo están intentando.

Silencio.

Lisa negó lentamente.

—No lo permitas.

Gael soltó aire.

—No es tan fácil.

Lisa levantó la vista.

—Para mí tampoco lo es.

Silencio.

Se quedaron así.

Cerca.

Sin tocarse.

Sin separarse.

Con todo lo que no estaban diciendo llenando el espacio entre ambos más que cualquier palabra.

Gael bajó la voz.

—Si esto sigue así…

Pausa.

—van a obligarnos a elegir.

Lisa lo miró.

—Ya lo están haciendo.

Silencio.

Y por primera vez, la elección no parecía entre rendimiento o sistema.




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