Contracorriente

19

La noche posterior a la simulación no hubo descanso real en el CAR.

Solo una calma tensa, artificial, mantenida por protocolos de observación extendida.

Las luces de la piscina principal permanecieron encendidas más tiempo de lo habitual.

No para entrenar.

Para registrar.

Lisa volvió sola al borde del agua.

Sin Julián.

Sin Mireia.

Sin comité visible.

Solo el sonido del sistema de filtración y el eco lejano de otros atletas ya retirados a sus habitaciones.

Se sentó con las piernas cerca del borde.

No entró.

Solo miró la superficie.

El agua ya no le producía el mismo efecto inmediato de amenaza.

Tampoco de refugio completo.

Era otra cosa.

Un espacio donde ahora ocurría algo compartido.

Pasos detrás.

No necesitó girarse.

Gael se sentó a su lado.

Sin invadir.

Sin preguntar.

Solo presencia.

Silencio largo.

Lisa habló primero.

—Van a decidirlo en semanas.

Gael asintió.

—Sí.

Pausa.

Lisa bajó la mirada.

—Y mientras tanto nos van a seguir midiendo.

Gael no respondió de inmediato.

—Ya no nos miden igual —dijo al final.

Lisa lo miró.

—Ahora nos miden juntos.

Gael asintió.

—Eso es lo que cambia todo.

Silencio.

El agua se movía ligeramente con la ventilación del edificio.

Lisa respiró hondo.

—No sé qué pasa si nos separan fuera del sistema.

Gael la miró.

—Bajas rendimiento.

Lisa frunció el ceño.

—No es solo eso.

Pausa.

—No sé si vuelvo a ser… funcional.

Silencio.

Gael no corrigió la palabra.

No suavizó.

Solo entendió.

—Yo tampoco —dijo.

Silencio.

Lisa giró un poco la cabeza hacia él.

—Eso es lo que están evaluando.

Gael asintió.

—Si somos sostenibles.

Silencio.

Lisa soltó una risa breve.

Sin humor.

—Como si fuéramos infraestructura.

Gael la miró.

—Eso es exactamente lo que somos para ellos.

Silencio.

Lisa bajó la voz.

—¿Y para ti?

La pregunta no fue inmediata.

No porque Gael dudara de la respuesta.

Sino porque medirla en voz alta cambiaba su forma.

—No lo sé definir todavía —dijo.

Pausa.

—Pero no es infraestructura.

Silencio.

Lisa lo observó.

El agua reflejaba luces blancas sobre sus caras.

—Eso es peligroso —dijo ella.

Gael asintió.

—Sí.

Silencio.

No había dramatismo en la respuesta.

Solo aceptación.

Lisa apoyó las manos detrás de ella.

—Si el comité decide crear la categoría…

Pausa.

—¿crees que funcionará?

Gael tardó.

—Como solución institucional… sí.

Pausa.

—Como estabilidad real… no lo sé.

Silencio.

Lisa bajó la mirada.

—Nos convertirían en un experimento permanente.

Gael asintió.

—O en estándar.

Silencio.

Lisa giró la cabeza de nuevo.

—¿Y cuál de las dos cosas preferirías?

Gael no respondió rápido.

Esta vez sí había cálculo.

No técnico.

Humano.

—Ninguna —dijo finalmente.

Silencio.

Lisa lo miró.

Gael continuó.

—Porque ambas implican que alguien más decide cuánto tiempo puede existir esto.

Silencio.

Lisa entendió.

No era una cuestión de categoría.

Era una cuestión de control.

El sonido de una puerta lejana rompió el silencio.

Pasos en el pasillo.

Pero ninguno se movió.

Gael bajó la voz.

—Mañana empiezan a llegar las decisiones oficiales.

Lisa asintió.

—Y nosotros seguimos nadando.

Gael la miró.

—Hasta que dejen de dejarnos.

Silencio.

Lisa giró ligeramente el cuerpo hacia el agua.

—No sé qué me asusta más —dijo.

Gael esperó.

Lisa terminó la frase.

—Que nos separen.

Pausa.

—O que nos dejen juntos solo mientras les sirve.

Silencio largo.

Gael no respondió de inmediato.

Luego habló muy bajo.

—Eso es lo que ya está pasando.

Lisa cerró los ojos un segundo.

Cuando los abrió, no había negación en su expresión.

Solo reconocimiento.

—Entonces tenemos poco tiempo —dijo ella.

Gael asintió.

—Antes de que lo definan sin nosotros.

Silencio.

Y por primera vez, la historia dejó de avanzar hacia una competición concreta.

Y empezó a moverse hacia una decisión externa que iba a determinar no solo cómo competían… sino si lo que eran juntos podía seguir existiendo dentro del deporte sin ser reescrito por completo.

La notificación oficial llegó a primera hora.

Sin ceremonia.

Sin aviso previo.

Solo un documento proyectado en la sala de reuniones del CAR mientras aún había atletas desayunando en el edificio.

Lisa lo vio antes de sentarse.

Porque todos dejaron de hablar cuando entró Mireia con la tablet conectada a la pantalla principal.

Gael ya estaba allí.

Sentado.

Recto.

Sin café.

Sin distracción.

Julián no estaba de pie esta vez.

Estaba sentado también.

Como si la posición física ya no importara frente a lo que venía.




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