La mansión de Adrián Castellanos era tan grande que parecía un hotel.
Cuando el coche negro se detuvo frente a la entrada principal, me quedé mirando la enorme fachada durante varios segundos.
—¿Vas a entrar o planeas mudarte al jardín? —preguntó Adrián desde el asiento delantero.
Le lancé una mirada.
—Estoy considerando seriamente el jardín.
Él soltó una pequeña risa.
—Relájate, Valeria. No muerdo.
—Eso todavía no lo sabemos.
Bajé del coche.
Un hombre mayor con traje abrió la puerta principal.
—Bienvenido, señor Castellanos.
Luego me miró con curiosidad.
—Y usted debe ser la señorita Valeria.
Adrián caminó a mi lado.
—A partir de hoy vive aquí.
Casi tropecé.
—¿Cómo que vive aquí?
—Para que la relación sea creíble.
Entramos a la casa.
El interior era aún más impresionante: techos altos, escaleras enormes, ventanas gigantes.
—Esto es ridículo —murmuré.
—Es práctico.
Subimos al segundo piso.
Adrián abrió una puerta.
La habitación era más grande que todo mi departamento.
—Tu habitación.
—¿Mi habitación?
—Exacto.
Me giré hacia él.
—¿No dijiste que fingiríamos ser pareja?
—Sí.
—Entonces, ¿por qué habitaciones separadas?
Adrián levantó una ceja.
—Porque aún no estamos locos.
No pude evitar reír.
Luego él sacó otra carpeta.
—Ahora, las reglas.
—¿Más reglas?
—Varias.
Se sentó en un sillón y empezó a enumerarlas.
—Regla uno: frente a los demás somos una pareja feliz.
—Bien.
—Regla dos: no mentiras fuera del contrato.
—Perfecto.
—Regla tres…
Me miró directamente a los ojos.
—Nada de sentimientos.
Suspiré.
—Ya dijiste eso.
—Y lo repito porque es importante.
Me crucé de brazos.
—No te preocupes. No eres exactamente mi tipo.
Él sonrió.
—Eso lo veremos.
Se levantó y caminó hacia la puerta.
Antes de salir dijo:
—Mañana tenemos nuestra primera prueba.
—¿Prueba?
—Una gala empresarial.
Se detuvo en la puerta.
—Ahí todos van a estar observándonos.
Sentí un pequeño nudo en el estómago.
—¿Y si fallo?
Adrián me miró con calma.
—Entonces todo este acuerdo se derrumba.
Hizo una pausa.
—Pero tengo la sensación de que no fallarás.
Y por primera vez desde que lo conocí…
sonrió de verdad.
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contrato de amor, millonario y chica comun, triángulo amoroso”
Editado: 16.03.2026