Nunca había usado un vestido que costara más que todo mi guardarropa.
La estilista que trabajaba para Adrián me miraba con atención mientras ajustaba la tela negra que caía perfectamente sobre mis hombros.
—No te muevas —dijo mientras acomodaba un mechón de mi cabello.
—No estoy acostumbrada a que me arreglen así —respondí.
—Pues será mejor que te acostumbres.
Cuando terminó, me llevó frente al espejo.
Durante un segundo no reconocí a la chica que estaba ahí.
El vestido era elegante, largo, con una abertura discreta en la pierna. Mi cabello estaba recogido en un peinado sencillo pero sofisticado.
Parecía… alguien más.
La puerta se abrió detrás de mí.
—¿Ya está lista?
La voz de Adrián hizo que me girara.
Se quedó completamente quieto.
Sus ojos recorrieron mi figura con una expresión que no había visto antes.
—¿Qué? —pregunté incómoda.
—Nada.
Se aclaró la garganta.
—Solo… no esperaba que te vieras así.
—¿Así cómo?
—Como alguien que pertenece a este mundo.
Rodé los ojos.
—No pertenezco a tu mundo.
—Esta noche sí.
Bajamos juntos las escaleras de la mansión.
Afuera esperaba un coche negro brillante.
Cuando llegamos al hotel donde se celebraba la gala, el lugar estaba lleno de luces y periodistas.
—Recuerda algo —dijo Adrián mientras el coche se detenía.
Lo miré.
—Somos una pareja.
—Lo sé.
—Y todos estarán observándonos.
—Entonces más te vale actuar como un buen novio.
Adrián sonrió ligeramente.
El chofer abrió la puerta.
Y en cuanto bajamos, los flashes comenzaron.
—¡Adrián!
—¡Señor Castellanos!
—¿Quién es la chica?
Adrián tomó mi mano.
Su agarre fue firme, pero cálido.
—Mi novia —dijo con naturalidad.
Los periodistas empezaron a murmurar.
—¿Desde cuándo?
—¿Cómo se conocieron?
Yo sonreí, recordando lo que habíamos practicado.
—Hace algunos meses —respondí—.
En una cafetería.
—¿Fue amor a primera vista? —preguntó alguien.
Adrián me miró de reojo.
—Algo así.
Entramos al salón principal.
Era enorme, lleno de mesas elegantes y personas con trajes caros.
Sentí un pequeño nudo en el estómago.
—Estás tensa —murmuró Adrián.
—Nunca había estado en un lugar así.
—Entonces confía en mí.
Apoyé mi mano en su brazo.
—Eso es lo que me preocupa.
Estábamos caminando hacia una mesa cuando una voz nos detuvo.
—Adrián Castellanos.
Ambos nos giramos.
Un hombre alto, de cabello oscuro y sonrisa segura se acercaba.
Había algo en su mirada que me hizo sentir incómoda.
—Lucas Ferrer —dijo Adrián con un tono frío.
—Cuánto tiempo.
Lucas extendió la mano.
—Siempre es un placer verte.
Pero su mirada no estaba en Adrián.
Estaba en mí.
—Y supongo que tú debes ser la famosa novia.
Sentí que me estaba analizando.
—Valeria —respondí.
—Lucas.
Su sonrisa era demasiado segura.
—No sabía que Adrián tenía novia.
—Las sorpresas existen —respondí.
Lucas soltó una pequeña risa.
—Eso parece.
Luego miró a Adrián.
—Aunque contigo siempre hay más de lo que parece.
Por un segundo el ambiente se volvió tenso.
—Disfruta la gala, Lucas —dijo Adrián.
Pero cuando nos alejamos sentí algo extraño.
—¿Quién es ese hombre? —pregunté.
Adrián suspiró.
—Problemas.
—Eso no responde mi pregunta.
—Lucas Ferrer es dueño de la empresa rival.
—¿Rival?
—Le encanta destruir todo lo que toco.
Miré hacia atrás.
Lucas todavía nos estaba observando.
Y sonriendo.
#4890 en Novela romántica
#1297 en Novela contemporánea
contrato de amor, millonario y chica comun, triángulo amoroso”
Editado: 16.03.2026