Contrato con el heredero

Capítulo 8 - el juego de Lucas

Dos días después estaba caminando por el centro de la ciudad cuando alguien dijo mi nombre.

—Valeria.

Me giré.

Lucas.

Estaba apoyado contra su coche, con esa misma sonrisa segura.

—¿Me seguiste?

—No.

—Entonces esto es mucha coincidencia.

—Tal vez el destino.

Rodé los ojos.

—¿Qué quieres?

—Hablar.

—Ya dijiste eso por teléfono.

—Sí.

Abrió la puerta del coche.

—Sube.

—No.

—Te prometo que no es un secuestro.

—Eso diría un secuestrador.

Lucas rió.

—Eres interesante.

Me crucé de brazos.

—Habla.

Lucas se inclinó ligeramente hacia mí.

—Adrián no es quien crees.

—No creo nada de él.

—¿Ni siquiera que es capaz de manipular a las personas?

Fruncí el ceño.

—¿A qué te refieres?

—A que todo en su vida es un negocio.

Sus ojos se fijaron en los míos.

—Incluso tú.

Sentí una pequeña punzada de enojo.

—No sabes nada de mí.

—Sé más de lo que imaginas.

Lucas sacó algo de su bolsillo.

Una fotografía.

La miré.

Era Adrián.

Con una mujer.

Una mujer muy hermosa.

—Su exnovia —dijo Lucas.

—No me importa.

—Debería.

Guardó la foto.

—Porque ella pensaba exactamente lo mismo que tú.

Mi estómago se tensó.

—¿Qué estás insinuando?

Lucas se acercó un poco más.

—Que Adrián siempre gana.

—¿Y tú qué ganas con decirme esto?

Lucas sonrió.

—Tal vez quiero que abras los ojos.

—O tal vez quieres destruirlo.

—Tal vez ambas cosas.

En ese momento una voz fría habló detrás de nosotros.

—Aléjate de ella.

Me giré.

Adrián estaba caminando hacia nosotros.

Su expresión era dura.

Muy dura.

—Qué sorpresa —dijo Lucas.

Adrián llegó a mi lado.

—Te dije que no lo vieras.

—No lo planeé.

Lucas levantó las manos.

—Tranquilo, Castellanos.

—No me llames así.

—¿Por qué?

Lucas miró entre nosotros.

—¿Te molesta que hable con tu novia?

Adrián dio un paso hacia él.

—Me molesta que respires cerca de ella.

Sentí un pequeño escalofrío.

Lucas sonrió.

—Interesante.

Luego me miró.

—Nos veremos pronto, Valeria.

Se subió a su coche y se fue.

El silencio quedó entre nosotros.

Adrián se giró hacia mí.

—¿Qué te dijo?

—Nada importante.

—Valeria.

Su voz era tensa.

—¿Qué te dijo?

Lo miré.

—Que todo en tu vida es un negocio.

Adrián se quedó completamente quieto.

Y por un segundo…

pareció culpable.




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