No sé cuánto tiempo nos quedamos así.
Demasiado cerca.
Demasiado conscientes del otro.
—Esto es una mala idea —dije finalmente.
—Lo sé.
—Entonces deberíamos parar.
Adrián no se movió.
—Sí.
Pero ninguno se apartó.
Su mano seguía en mi cintura.
—Esto no estaba en el contrato —susurré.
—Muchas cosas ya no están en el contrato.
Nuestros rostros estaban a centímetros.
Podía sentir su respiración.
—Adrián…
—Dime que no lo quieres.
—¿Qué?
—Dime que Lucas no te interesa.
—No me interesa.
Adrián cerró los ojos un segundo.
Como si esa respuesta le importara demasiado.
Cuando los abrió de nuevo, su mirada era intensa.
—Bien.
Se inclinó lentamente.
Y justo cuando estaba a punto de besarme…
sonó su teléfono.
Adrián se apartó con frustración.
Contestó.
—¿Qué pasa?
Hubo un silencio.
Su expresión cambió.
—¿Qué?
Lo miré confundida.
—¿Qué ocurrió?
Adrián colgó.
—Lucas.
—¿Qué hizo?
Adrián me miró con una mezcla de rabia y preocupación.
—Acaba de anunciar públicamente que piensa comprar la empresa de mi familia.
Sentí un escalofrío.
—¿Puede hacerlo?
Adrián apretó la mandíbula.
—Si destruye mi reputación primero…
sí.
Entonces entendí algo.
Lucas no solo estaba jugando conmigo.
Estaba comenzando una guerra.
Y yo estaba justo en medio.
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contrato de amor, millonario y chica comun, triángulo amoroso”
Editado: 16.03.2026