Tres días después ocurrió algo inesperado.
Estaba caminando hacia mi departamento cuando escuché sirenas.
Muchas sirenas.
Un grupo de personas estaba reunido cerca de la avenida.
—¿Qué pasó? —pregunté a alguien.
—Un accidente.
Sentí un mal presentimiento.
Me acerqué un poco más.
Entonces vi el coche.
Negro.
Elegante.
El mismo modelo que usaba Adrián.
Mi corazón se detuvo.
—¿Quién estaba dentro? —pregunté.
—No sé.
Los paramédicos estaban sacando a alguien.
No podía ver bien su rostro.
Pero reconocí el reloj.
El reloj que Adrián siempre llevaba.
Sentí que el mundo giraba.
—Adrián… —susurré.
En ese momento alguien tomó mi brazo.
Lucas.
—Tranquila.
—¿Qué pasó?
Lucas miró el coche.
—Parece que alguien cortó los frenos.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué?
Lucas me miró.
—Esto ya no es solo negocios.
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Editado: 16.03.2026