Años después
El sol de la tarde entraba por las enormes ventanas de la casa mientras Valeria caminaba lentamente por la sala, sosteniendo dos pequeñas manos que tiraban de ella en direcciones opuestas.
—¡Mamá, mamá! ¡Mira lo que hice! —gritó una vocecita.
Valeria soltó una pequeña risa mientras observaba el dibujo lleno de colores que uno de los niños sostenía con orgullo.
—Es hermoso, Mateo —dijo inclinándose para verlo mejor.
A su lado, la pequeña Sofía frunció el ceño.
—¡El mío también!
—Claro que sí —respondió Valeria sonriendo—. Los dos son artistas.
Los mellizos salieron corriendo hacia el jardín entre risas, dejando la sala en silencio por un momento.
—Siguen teniendo tu energía —dijo una voz grave detrás de ella.
Valeria giró y encontró a Adrián apoyado en el marco de la puerta, observándola con esa mirada intensa que todavía lograba ponerla nerviosa incluso después de tantos años.
—No, definitivamente la heredaron de ti —respondió ella cruzándose de brazos.
Adrián caminó hacia ella con calma.
Ya no era el hombre frío y distante que había firmado aquel contrato años atrás. Había cambiado. Mucho.
Pero había algo que nunca había cambiado: la forma en que la miraba.
—¿Sabes algo curioso? —dijo él.
—¿Qué?
Adrián tomó suavemente su mano.
—Aquel día que firmamos ese contrato… pensé que estaba resolviendo un problema.
Valeria levantó una ceja.
—¿Y qué pasó?
Él sonrió apenas.
—Que terminé encontrando todo lo que no sabía que necesitaba.
Valeria sintió el mismo calor en el pecho que había sentido la primera vez que lo vio bajar la guardia.
En ese momento, dos pequeños torbellinos entraron corriendo nuevamente a la sala.
—¡Papá! ¡Papá! —gritaron al mismo tiempo.
Adrián suspiró resignado mientras los mellizos se lanzaban sobre él.
—Creo que acabo de perder mi momento romántico —murmuró.
Valeria soltó una carcajada.
—Te acostumbrarás.
Adrián la miró otra vez, con una mezcla de amor y diversión.
—No cambiaría esto por nada.
Valeria observó a su familia: los niños riendo, Adrián intentando defenderse de los ataques de cosquillas, la casa llena de vida.
Y pensó en algo que jamás habría imaginado el día que firmó aquel contrato.
Lo que comenzó como un simple acuerdo…
terminó siendo la mejor historia de amor de su vida.
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contrato de amor, millonario y chica comun, triángulo amoroso”
Editado: 16.03.2026