Contrato de Apariencias

Capítulo 5

Valentina llevaba exactamente quince minutos mirando fijamente a tres personas desconocidas dentro de su apartamento.

Una mujer elegantísima revisaba brochas de maquillaje sobre la mesa.

Otro hombre acomodaba productos para el cabello frente al espejo.

Y una tercera persona sostenía fundas enormes de ropa como si aquello fuera completamente normal.

Spoiler:
No lo era.

Para nada.

—Creo que me van a secuestrar —susurró Valentina.

Su mamá soltó una carcajada desde el sofá.

—Deja el drama.

—Mamá, literalmente hay gente rica invadiendo nuestra sala.

La maquillista sonrió divertida.

—El señor Beaumont pidió que todo fuera perfecto esta noche.

Ahí estaba otra vez.

Ese apellido.

Y el pequeño desastre emocional que provocaba en ella.

Porque desde la llamada de anoche no había logrado dejar de pensar en Adrián.

En su voz cansada diciendo:
“Quería verte una vez más antes de que dijeras que no.”

Maldito hombre peligroso.

Valentina cruzó los brazos nerviosa.

—No era necesario todo esto.

—Para él sí —respondió la estilista mientras sacaba un vestido cuidadosamente cubierto.

Y entonces Valentina dejó de respirar.

El vestido era… absurdamente hermoso.

Negro satinado.

Elegante.

Con caída suave y delicada.

Ceñido a la cintura.

Escote fino y espalda descubierta sutilmente.

No parecía vulgar.

Parecía caro de esa forma silenciosa que gritaba lujo sin necesidad de exagerar.

Valentina lo tocó apenas con las puntas de los dedos.

—Dios mío…

—Pruébatelo —dijo la estilista sonriendo.

—Me da miedo romperlo.

Eso hizo reír a todos.

Pero ella hablaba completamente en serio.

Una hora después, Valentina ya no se reconocía frente al espejo.

El cabello oscuro caía en ondas suaves sobre uno de sus hombros.

El maquillaje era elegante y natural:
piel luminosa,
ojos ligeramente ahumados,
labios rosados suaves.

Se veía… bonita.

No.

Peor.

Se veía como una mujer que pertenecía a revistas.

Y eso la asustó muchísimo.

Porque ella no era esa clase de mujer.

Nunca lo había sido.

Su mamá apareció lentamente detrás de ella.

Y cuando la vio completamente arreglada… se quedó callada.

Valentina sintió un pequeño nudo en la garganta.

—¿Me veo ridícula?

Su mamá negó enseguida.

Los ojos brillándole apenas.

—Te ves como la mujer que siempre has sido… solo que hoy finalmente puedes verla.

Eso casi la hace llorar.

Y justo cuando estaba intentando no arruinar el maquillaje, el celular vibró.

Adrián:
“El chofer ya llegó.”

El corazón le dio ese salto absurdo otra vez.

Valentina mordió su labio nerviosa antes de responder.

“Todavía puedo escapar.”

Pasaron apenas segundos.

Adrián:
“Lo pensé toda la tarde.”

Ella sonrió sin poder evitarlo.

“Mala señal.”

“Probablemente.”

Dios.

Esto iba a salir terriblemente mal.

El automóvil negro esperaba afuera del edificio.

Elegante.
Impecable.
Intimidante.

Valentina tomó aire profundamente antes de entrar.

Y durante todo el trayecto sintió el estómago completamente desordenado.

Porque la realidad finalmente estaba golpeando fuerte.

Ahora sí era real.

Iba a entrar al mundo de Adrián Beaumont.

Aunque fuera fingiendo.

Y una parte pequeña de ella ya sabía algo peligroso:

No estaba segura de querer salir después.

El hotel parecía salido de otra realidad.

Luces doradas iluminando la entrada.

Ventanas enormes.

Personas elegantemente vestidas entrando y saliendo.

Valentina sintió ganas inmediatas de pedirle al chofer que diera vuelta.

—No pertenezco aquí… —susurró.

La puerta del automóvil se abrió antes de que pudiera seguir entrando en pánico.

Y entonces lo vio.

Adrián Beaumont.

Traje negro perfectamente ajustado.

Cabello oscuro peinado hacia atrás.

Mandíbula tensa.

Reloj elegante brillando apenas bajo las luces.

Y esos ojos oscuros que inmediatamente se clavaron en ella.

El tiempo pareció detenerse.

Porque Adrián dejó completamente de respirar durante un segundo.

Dios.

Valentina era… impresionante.

No de forma exagerada.

No como las mujeres artificiales a las que estaba acostumbrado ver en esos eventos.

Ella parecía elegante sin intentarlo.

Real.
Cálida.
Peligrosamente hermosa.

El vestido abrazaba suavemente su cuerpo mientras las ondas oscuras caían sobre su hombro desnudo.

Y Adrián sintió algo peligrosísimo acomodándose lentamente dentro de su pecho.

Orgullo.

Como si quisiera que toda la maldita ciudad la mirara solo para confirmar que era imposible apartar los ojos de ella.

Valentina bajó lentamente del auto.

Nerviosa.

Y el silencio de Adrián empezó a preocuparla muchísimo.

—¿Qué? —preguntó insegura.

Él seguía mirándola.

Demasiado.

—Te ves…

Valentina sintió el corazón golpeándole fuerte.

—¿Ridícula?

Adrián casi pareció ofendido.

Se acercó lentamente.

Hasta quedar peligrosamente cerca.

—No vuelvas a usar esa palabra contigo.

La voz salió baja.

Intensa.

Y completamente sincera.

El aire dejó de circular correctamente entre ambos.

Valentina tragó saliva apenas.

—Entonces deja de mirarme así.

Eso hizo que algo parecido a una sonrisa apareciera en el rostro de Adrián.

Lenta.
Peligrosa.

—No puedo.

El corazón de Valentina colapsó completamente.

Porque eso no sonó actuado.

Para nada.

Y peor aún…

Él parecía igual de afectado por ella.

Apenas entraron al salón, las miradas comenzaron.

Personas observando.




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