Contrato de Apariencias

Capítulo 8

La fiesta terminó cerca de la medianoche.

Y para alivio de Valentina, sobrevivió.

Milagrosamente.

Aunque ahora tenía la certeza absoluta de que jamás volvería a sentir los pies.

El enorme salón comenzaba a vaciarse lentamente mientras los últimos invitados se despedían entre abrazos elegantes y promesas falsas de volver a verse pronto.

Valentina soltó aire apenas quedaron un poco más apartados del resto.

—Bueno… oficialmente sigo viva.

Adrián sonrió apenas mientras aflojaba un poco el nudo de la corbata.

—Lo hiciste bien.

Ella soltó una pequeña risa cansada.

—Mentira. Creo que insulté accidentalmente a un senador.

—Se lo merecía.

Eso la hizo reír otra vez.

Y Dios.

Ahí estaba nuevamente esa sensación.

La de sentirse demasiado cómoda con él.

Demasiado rápido.

Demasiado peligroso.

Valentina tomó la pequeña cartera negra entre sus manos mientras observaba el salón vacío.

Las luces doradas.
La música ya casi inexistente.
El eco suave de algunas conversaciones lejanas.

Todo se sentía extrañamente irreal ahora.

Como si hubiera pasado horas dentro de una película ajena.

—Gracias —murmuró de repente.

Adrián giró apenas hacia ella.

—¿Por qué?

Valentina dudó unos segundos.

Porque había demasiadas razones.

Por no dejarla sentirse sola toda la noche.
Por protegerla sin hacerla sentir débil.
Por mirarla como si realmente importara lo que decía.

Pero terminó respondiendo algo más simple.

—Por no hacer que me sintiera fuera de lugar.

El silencio que siguió fue pequeño.

Pero intenso.

Porque Adrián la estaba mirando otra vez de esa manera peligrosa.

Como si ella acabara de decir algo importante.

—Nunca estuviste fuera de lugar.

La voz salió baja.

Honesta.

Y el corazón de Valentina volvió a perder completamente el control.

Dios.

Necesitaba que ese hombre dejara de hablarle así.

Caminaron juntos hacia la salida del hotel.

Más tranquilos ahora.

Sin cámaras.
Sin periodistas.
Sin ojos observándolos constantemente.

Solo ellos.

Y eso, extrañamente, se sentía muchísimo más íntimo que toda la noche anterior.

Valentina sostenía los tacones en una mano mientras caminaba descalza sobre el mármol brillante del pasillo.

—Esto probablemente arruina la imagen elegante de tu novia falsa.

Adrián miró sus zapatos en la mano y luego sus pies descalzos.

Y sonrió.

De verdad.

—Es la primera cosa real que vi esta noche.

El estómago de Valentina dio un pequeño vuelco.

Otra vez.

Siempre él diciendo cosas que parecían simples… pero no lo eran.

Llegaron finalmente a la entrada principal.

La ciudad seguía iluminada afuera.

La noche tibia.
Las calles húmedas por la lluvia anterior.
El aire tranquilo después del ruido del evento.

El chofer ya esperaba cerca del automóvil.

Pero ninguno se movió inmediatamente.

Y ahí empezó el verdadero problema.

Porque el silencio entre ellos dejó de sentirse incómodo hace rato.

Ahora se sentía peligroso.

Valentina levantó lentamente la mirada hacia Adrián.

Mala decisión.

Gravísima.

Porque él ya la estaba observando.

Con esa intensidad silenciosa que le desordenaba completamente el sistema nervioso.

No había música alrededor ahora.

Ni gente hablando.

Ni distracciones.

Solo esa mirada.

Oscura.
Profunda.
Demasiado fija.

—¿Qué? —preguntó ella apenas en un susurro.

Adrián tardó unos segundos en responder.

Como si estuviera peleando consigo mismo internamente.

—Nada.

Mentira.

Los dos lo sabían.

Valentina tragó saliva lentamente.

Porque el aire había cambiado.

Otra vez.

Y esta vez era peor.

Muchísimo peor.

Algo estaba a punto de pasar.

Podía sentirlo.

En la forma en que Adrián seguía mirándola.
En cómo su respiración parecía más lenta.
En la manera en que ambos dejaron de moverse.

—Creo que deberíamos irnos —murmuró ella.

Pero ni siquiera sonó convencida.

Adrián bajó apenas la mirada hacia sus labios.

Solo un segundo.

Un segundo mínimo.

Y aun así el cuerpo completo de Valentina reaccionó inmediatamente.

Calor subiéndole por el pecho.
Respiración irregular.
El corazón golpeando demasiado fuerte.

Dios mío.

Él también lo notó.

Claro que lo notó.

Y por primera vez en muchísimo tiempo, Adrián Beaumont perdió completamente el control de sí mismo.

Porque llevaba toda la noche intentando ignorarlo.

Ignorando cómo se sentía verla reír.
Cómo buscaba inconscientemente su mirada entre la multitud.
Cómo parecía iluminar cada espacio donde entraba.

Y ahora ella estaba ahí.

Descalza.
Hermosa.
Mirándolo como si también sintiera algo.

Eso fue su ruina.

—Valentina… —su nombre salió diferente esta vez.

Más suave.

Más peligroso.

Ella dejó de respirar apenas un segundo.

Porque nunca la había escuchado decir su nombre así.

Como si tocarlo doliera un poco.

Adrián dio un paso hacia ella.

Pequeño.

Lento.

Pero suficiente para que el aire entre ambos desapareciera casi por completo.

Valentina debería haberse alejado.

De verdad debería haberlo hecho.

Pero no pudo.

Porque algo dentro de ella llevaba horas acercándose lentamente hacia él.

Y finalmente ya no sabía cómo detenerse.

—Esto es una mala idea —susurró.

Adrián sostuvo su mirada.

Oscuro.
Intenso.
Completamente perdido también.

—Sí.

Pero ninguno retrocedió.

Y eso fue lo más peligroso de todo.

El mundo pareció hacerse silencioso alrededor de ellos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.