El trayecto de regreso fue silencioso.
Demasiado silencioso.
Valentina iba sentada junto a la ventana del automóvil intentando recordar cómo respirar normalmente después de lo que acababa de pasar.
Spoiler:
No podía.
Porque seguía sintiendo el beso de Adrián.
En los labios.
En el pecho.
En cada pensamiento.
Dios santo.
Había besado hombres antes.
Claro que sí.
Pero jamás algo así.
Jamás un beso que pareciera arrancarle el aire y desordenarle completamente las emociones al mismo tiempo.
Y el problema era que Adrián parecía igual de afectado.
O al menos lo parecía hace diez minutos.
Porque ahora estaba sentado al otro lado del asiento.
Callado.
Serio otra vez.
Mirando hacia adelante como si estuviera reorganizando algo dentro de sí mismo.
Eso empezó a inquietarla lentamente.
La ciudad avanzaba afuera bajo las luces nocturnas mientras el silencio se volvía cada vez más pesado.
Hasta que Adrián habló finalmente.
—Lo de hace un momento no debió pasar.
Y ahí estaba.
El golpe.
Directo al pecho.
Valentina apartó lentamente la vista de la ventana.
Él seguía mirando al frente.
La mandíbula tensa.
La voz completamente controlada otra vez.
Como si el hombre que la besó hace unos minutos hubiera desaparecido ya.
Eso dolió muchísimo más de lo que debería.
—Ah.
Brillante respuesta, Valentina.
Adrián cerró los ojos apenas un segundo.
Porque sí había escuchado cómo cambió su voz.
Y se odió un poco por eso.
Pero necesitaba arreglar aquello inmediatamente.
Antes de que las cosas se complicaran más.
Antes de empezar a querer algo que no podía permitirse.
—No quiero confundirte.
Valentina soltó una pequeña risa nerviosa.
—Tranquilo. Solo fue un beso.
Mentira.
La peor mentira de su vida.
Porque ambos sabían perfectamente que no había sido “solo un beso”.
Y el silencio que siguió lo confirmó todavía más.
Adrián finalmente giró apenas hacia ella.
Y ahí estaba otra vez esa mirada.
Intensa.
Contradictoria.
Peligrosamente honesta.
Como si una parte de él quisiera acercarse otra vez… mientras la otra luchaba desesperadamente por mantener distancia.
—Valentina…
Ella tragó saliva lentamente.
No.
No dijera su nombre así otra vez.
Porque entonces iba a romperse emocionalmente dentro de este automóvil como una idiota.
—No tienes que explicarlo —dijo rápidamente—. Entiendo cómo funciona esto.
La frase le dejó un sabor horrible en la boca.
Porque no estaba segura de entender nada ya.
Adrián la observó unos segundos más.
Y sintió algo incómodo apretándole el pecho.
Porque se suponía que esto sería simple.
Un acuerdo temporal.
Eventos.
Fotos.
Actuación.
No esto.
No besarla y sentir que algo dentro de él se movía de lugar peligrosamente.
Eso era exactamente lo que había intentado evitar toda su vida.
Sentir demasiado.
Necesitar demasiado.
Confiar demasiado.
Las personas siempre terminaban yéndose.
O decepcionándolo.
O queriendo algo.
Y Adrián llevaba años sobreviviendo perfectamente detrás de una distancia segura.
Hasta que apareció una camarera con ojos tristes y una risa capaz de arruinarle el autocontrol.
Mierda.
—Esto tiene una fecha límite —dijo finalmente.
Valentina sintió el pecho tensarse.
Porque entendió perfectamente lo que estaba haciendo.
Poniendo límites.
Volviendo a levantar paredes.
Recordándole que ella era temporal.
—Lo sé.
La respuesta salió más bajita de lo que quería.
Adrián apartó la mirada inmediatamente.
Porque escucharla así le provocó unas ganas absurdas de retractarse.
Y eso era peligrosísimo.
No podía permitirse involucrarse emocionalmente con ella.
No cuando toda su vida era un desastre cuidadosamente organizado.
No cuando Valentina merecía algo muchísimo más estable que él.
No cuando ya estaba empezando a afectarlo demasiado.
—Cuando esto termine —continuó con dificultad— nuestras vidas seguirán caminos distintos.
Cada palabra sonó fría.
Medida.
Controlada.
Y aun así… había algo roto debajo.
Valentina lo notó.
Claro que lo notó.
Porque el verdadero problema de Adrián Beaumont era que incluso cuando intentaba alejarse… parecía dolerle hacerlo.
Ella bajó lentamente la mirada hacia sus manos.
Intentando ignorar el vacío raro que empezaba a instalarse dentro de su pecho.
Qué estúpida había sido.
Por supuesto que esto no era real.
Hombres como Adrián no se enamoraban de mujeres como ella.
Y mucho menos tan rápido.
Aquello solo había sido:
la tensión,
la noche,
la cercanía.
Nada más.
Tenía que repetírselo hasta creerlo.
—Perfecto —murmuró intentando sonar tranquila—. Reglas claras otra vez.
La mandíbula de Adrián se tensó apenas.
Porque escucharla responder así le molestó más de lo que debería.
Como si una parte absurda de él quisiera que ella discutiera.
Que le dijera que el beso sí significó algo.
Ridículo.
Completamente ridículo.
Porque precisamente estaba intentando evitar eso.
El automóvil finalmente se detuvo frente al edificio de Valentina.
Y el aire entre ambos se volvió todavía más pesado.
Ella tomó lentamente los tacones y la pequeña cartera negra.
—Gracias por la noche.
Formal.
Distante.
Eso se sintió peor de lo esperado.
Adrián la observó mientras ella abría la puerta.
Hermosa todavía.
Con el cabello ligeramente despeinado.
Los labios apenas hinchados por el beso.
Su beso.
Mierda.
—Valentina.
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Editado: 30.05.2026