Capítulo 10
Bienvenida al escándalo
Valentina jamás imaginó que despertaría un día siendo noticia.
Mucho menos mientras intentaba cepillarse los dientes con una camiseta vieja y el cabello hecho un desastre.
—¡VALENTINA!
La voz de Camila sonó tan fuerte desde el celular que ella casi dejó caer el cepillo en el lavabo.
—¿Qué pasa? ¿Quién murió?
—¡TÚ APARENTEMENTE! ¡PORQUE TODO EL INTERNET ESTÁ HABLANDO DE TI!
Valentina cerró los ojos lentamente.
Perfecto.
Simplemente perfecto.
—Camila…
—NO, ESCÚCHAME. Hay fotos tuyas besándote con Adrián Beaumont afuera del hotel. Fotos profesionales. Dramáticas. Parece el final de una película millonaria.
El corazón le dio un salto completamente innecesario al escuchar eso.
Porque inmediatamente recordó el beso.
El calor de sus manos.
La forma en que él dijo su nombre.
La manera en que ambos parecían haberse olvidado del mundo durante unos segundos.
Error.
Gravísimo error pensar en eso tan temprano.
—Voy a vomitar.
—Vas a hacerte famosa.
—Peor todavía.
Camila soltó una carcajada.
—La cafetería está llena de periodistas desde hace media hora.
Valentina abrió los ojos horrorizada.
—¿QUÉ?
—Literalmente están esperando verte llegar.
Dios santo.
Ella se dejó caer lentamente sobre la cama.
Porque claro.
Claro que eso iba a pasar.
Había besado a uno de los hombres más ricos y conocidos de la ciudad frente a un hotel lleno de fotógrafos.
¿Qué esperaba exactamente?
¿Privacidad?
Ingenua.
Completamente ingenua.
El celular vibró otra vez.
Adrián.
Su estómago reaccionó inmediatamente.
Malísimo.
Muy malísimo.
Abrió el mensaje.
“No vayas sola al trabajo.”
Otro mensaje llegó enseguida.
“El chofer pasará por ti en veinte minutos.”
Valentina frunció el ceño automáticamente.
Y aun así…
una parte pequeña de ella sintió alivio.
Qué desastre emocional.
Veinte minutos después, Valentina seguía sintiéndose completamente fuera de su realidad.
Porque ahora había un hombre elegantemente vestido esperándola afuera del edificio para llevarla al trabajo como si fuera una celebridad.
—Buenos días, señorita Cruz.
Definitivamente jamás iba a acostumbrarse a eso.
—Hola…
Subió al automóvil todavía confundida.
Y el verdadero problema era que una parte absurda de ella esperaba encontrar a Adrián adentro.
No estaba.
Eso le provocó una decepción ridículamente inmediata.
Patético.
Muy patético.
El trayecto fue corto.
Demasiado corto para prepararse emocionalmente para el desastre que encontró afuera de la cafetería.
Cámaras.
Fotógrafos.
Personas literalmente esperando frente a la entrada.
—Ay no…
El chofer abrió la puerta rápidamente.
—El señor Beaumont pidió que no responda preguntas.
Claro.
Porque aparentemente ahora ella necesitaba instrucciones para sobrevivir públicamente.
Valentina respiró profundo antes de bajar.
Y el caos explotó inmediatamente.
—¡Valentina! ¡Aquí!
—¿Desde cuándo sale con Adrián Beaumont?
—¿Cómo se conocieron?
—¿Es verdad que viven juntos?
—¡Míranos por favor!
Ella abrió los ojos horrorizada.
¿Qué demonios?
—No vivimos juntos…
—¡Entonces sí están juntos!
Perfecto.
Acababa de empeorar todo accidentalmente.
Camila apareció desde la puerta de la cafetería como un guardaespaldas emocional desquiciado.
—¡ATRÁS, ANIMALES DEL PERIODISMO!
Valentina casi se ríe en medio del pánico.
Casi.
Camila la agarró rápidamente del brazo y la metió dentro del local.
El ruido quedó afuera inmediatamente.
Silencio.
Bueno… no exactamente silencio.
Porque toda la cafetería estaba mirándola.
Clientes incluidos.
—No quiero vivir más —murmuró Valentina.
Camila la sujetó de ambos hombros.
—Escúchame atentamente.
—No.
—¡ESTÁS HERMOSA EN LAS FOTOS!
Valentina dejó caer la cabeza sobre la barra.
—Camila, me están persiguiendo personas con cámaras.
—Porque te besaste con un hombre que parece salido de una fantasía financiera.
Eso no ayudó en absolutamente nada.
Camila sacó el celular rápidamente.
—Mira esto.
Valentina abrió los ojos apenas vio la pantalla.
Era una fotografía de la noche anterior.
Ella descalza.
Adrián inclinándose hacia ella.
Las luces de la ciudad detrás.
Y la manera en que él la estaba mirando…
Dios.
Parecía enamorado.
Eso le hizo daño.
Porque recordó inmediatamente las palabras dentro del automóvil.
“Esto tiene una fecha límite.”
Sí.
Exacto.
Todo aquello seguía siendo temporal aunque las fotografías parecieran otra cosa.
Camila bajó lentamente el celular al notar cómo cambió su expresión.
—Oh.
Valentina tragó saliva.
—No digas nada.
—¿Te rompió el corazón ya?
—Todavía no. Pero parece organizado para hacerlo pronto.
Eso silenció incluso a Camila.
Mientras tanto, Adrián estaba viviendo su propio desastre.
—Las acciones subieron esta mañana.
Adrián ni siquiera levantó la vista de la tableta.
—Qué emocionante.
Leonardo soltó una risa seca desde el sofá de la oficina.
—Las personas aman la historia.
Claro que sí.
El millonario frío enamorándose de una mujer misteriosa.
Perfecto para los medios.
El problema era que la historia empezaba a sentirse demasiado real.
Y eso era exactamente lo que intentaba evitar.
La puerta de la oficina se abrió sin aviso.
Sofía entró directamente sosteniendo una revista.
—Oh, definitivamente están obsesionados.
Lanzó la revista sobre el escritorio.
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Editado: 30.05.2026