El aire dentro del automóvil se sentía extraño después de salir del restaurante.
No incómodo exactamente.
Peor.
Controlado demasiado a la fuerza.
Valentina observaba las luces de la ciudad pasar detrás de la ventana mientras intentaba reorganizar el desastre dentro de su pecho.
Gran error.
Porque cuanto más pensaba en la conversación de la cena…
más entendía algo doloroso:
Adrián realmente estaba intentando alejarse de ella.
No porque no sintiera nada.
Eso habría sido muchísimo más fácil.
El problema era precisamente el contrario.
Él sentía demasiado y estaba aterrorizado por eso.
Y sinceramente…
eso no ayudaba en absolutamente nada.
Porque seguía dándole esperanza.
Maldita esperanza.
Adrián permanecía sentado a su lado revisando aparentemente unos mensajes en el celular.
Aparentemente.
Porque llevaba diez minutos leyendo el mismo correo sin entender una sola palabra.
Todo su cerebro seguía atrapado en la imagen de Valentina sonriendo tristemente mientras decía:
“No voy a enamorarme de ti y arruinarte la vida.”
Mierda.
La forma en que lo dijo le había dejado una presión horrible en el pecho.
Porque sonó como alguien intentando conservar dignidad mientras ya estaba perdiendo la batalla emocional.
Y el verdadero problema…
Era que él también.
El automóvil se detuvo frente al edificio de Valentina.
Demasiado rápido.
Ella tomó lentamente el bolso.
—Gracias por la cena.
Formal otra vez.
Distante.
Adrián levantó la mirada inmediatamente.
Y ahí estaba otra vez esa sensación insoportable.
La de odiar que ella se alejara emocionalmente de él… justo después de haber sido él quien puso distancia primero.
Ridículo.
Completamente ridículo.
—Valentina.
Ella se detuvo antes de abrir la puerta.
—¿Sí?
Adrián abrió la boca.
Y otra vez tuvo el impulso peligrosísimo de decir algo equivocado.
Algo honesto.
Algo como:
“Lo siento.”
o
“No quiero que esto termine.”
Pero el miedo ganó primero.
Como siempre.
—Mañana tenemos otro evento.
Perfecto.
Excelente trabajo emocional, Adrián.
Valentina sintió una pequeña punzada de decepción absurda.
Porque por un segundo creyó que iba a decir algo más.
Algo real.
Qué estúpida.
—Claro —respondió suavemente—. Buenas noches.
Y esta vez sí salió del automóvil.
Adrián observó cómo entraba al edificio sin mirar atrás.
Y algo dentro de él se sintió peligrosamente vacío.
Valentina llegó al apartamento intentando convencerse de que estaba bien.
Spoiler:
no estaba bien.
Para nada.
Se quitó los tacones lentamente mientras caminaba hacia la cocina.
Su mamá levantó la vista desde el sofá apenas la vio entrar.
Y automáticamente supo que algo pasó.
—Oh no.
Valentina soltó una risa pequeña.
Sin humor.
—Exactamente.
Dejó el bolso sobre la mesa antes de dejarse caer en una silla.
Agotada emocionalmente.
—¿Qué hizo ahora?
La pregunta hizo que Valentina guardara silencio unos segundos.
Porque el problema era que Adrián no había hecho nada realmente cruel.
Y eso era peor.
Muchísimo peor.
Porque seguía siendo amable.
Atento.
Protector.
Simplemente no estaba dispuesto a dejarse sentir.
Y ella ya empezaba a enamorarse demasiado para sobrevivir a eso tranquilamente.
—Me explicó otra vez que esto es temporal.
Su mamá suspiró suavemente.
—Pero…
Valentina levantó la mirada inmediatamente.
—¿Cómo sabes que hay un “pero”?
—Porque tienes la misma cara que ponen las mujeres cuando un hombre dice una cosa… y sus ojos dicen otra.
Eso dolió un poquito.
Porque era verdad.
Adrián podía repetir mil veces que aquello era un contrato.
Pero entonces la miraba como si olvidara respirar un segundo.
Y ella no sabía qué hacer con eso.
—No entiendo por qué sigue acercándose si después vuelve a alejarse.
Su mamá la observó en silencio unos segundos.
—Porque probablemente ya empezó a enamorarse también.
Valentina soltó una risa inmediata.
—No.
—¿Tan segura estás?
Sí.
No.
Tal vez.
Dios.
—Los hombres como Adrián no se enamoran de mujeres como yo.
Su mamá literalmente hizo una mueca.
—¿Y cómo exactamente son “mujeres como tú”?
Valentina bajó lentamente la mirada.
Ahí estaba otra vez.
La inseguridad.
La diferencia de mundos.
Porque incluso si Adrián sentía algo…
¿qué futuro real podía existir entre ellos?
Él pertenecía a cenas elegantes y revistas financieras.
Ella todavía se emocionaba porque el supermercado pusiera descuentos en cereal.
—No encajo en su vida.
La voz salió bajita esta vez.
Más vulnerable.
Y eso rompió un poco el corazón de su mamá.
Porque Valentina llevaba años sintiéndose insuficiente para demasiadas cosas.
—Tal vez el problema no es que no encajes —dijo suavemente—. Tal vez el problema es que él todavía no entiende que te necesita ahí.
Silencio.
Peligroso silencio.
Porque una parte pequeñísima de Valentina quiso creerle.
Y eso daba muchísimo miedo.
Adrián Beaumont durmió exactamente dos horas.
Dos.
Porque aparentemente besar a Valentina y luego intentar convencerla de que aquello no significaba nada estaba destruyendo lentamente su estabilidad mental.
Maravilloso.
Se encontraba sentado frente a la ventana de su oficina revisando documentos cuando Leonardo apareció con café.
—Tienes cara de hombre emocionalmente arruinado.
Adrián tomó la taza sin discutir.
Mala señal.
—Eso pensé.
Leonardo se dejó caer en el sofá observándolo.
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Editado: 30.05.2026